A pesar de que la elección de Donald Trump supuso un duro golpe para la política tradicional de los Estados Unidos, en términos generales el cambio no sería tan radical como muchos pudieran suponer para la región latinoamericana, asegura el internacionalista Stanley Malinowitz, de la Universidad Nacional de Colombia.
Como lo dio a conocer Malinowitz a través de la agencia de noticias de la Universidad Nacional, de acuerdo a la posición internacional que asumiría Trump para América Latina, en términos generales no habría mayores cambios debido a que históricamente los gobiernos tanto demócratas como republicanos han estado alineados frente a los intereses económicos y políticos que tienen en la región:
- Estar atentos al mantenimiento de las democracias.
“Como ya se ha podido ver, su discurso de presidente electo comienza a ser diferente al de candidato, pero esto no significa que deje de existir incertidumbre frente a lo que será su gestión”, señala el experto.
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Malinowitz destaca que si bien Barack Obama marcó su sello personal en algunos asuntos internos (como el Obamacare en el sistema de salud) y externos (como la apertura de las relaciones con Cuba), también siguió las mismas políticas de sus antecesores: apertura económica e intervencionismo militar.
Ahora, en la era Trump, Malinowitz expresó que la dinámica hacia América Latina no se alteraría en mayor medida, por los siguientes factores:
- En cuanto a la posición que asumirá frente a Cuba, el experto afirma que el nuevo presidente tendría que ceder ante la enorme presión empresarial, la cual quiere llegar a la isla para desarrollar sus negocios.
- En el caso de países como Venezuela y Colombia, se continuaría con los mismos lineamientos: un apoyo indirecto a la oposición del Gobierno de Nicolás Maduro y en la continuidad del apoyo a la paz en Colombia.
En contraste, “una de las promesas del nuevo presidente estadounidense más viables de cumplir en el corto o mediano plazo es el de las deportaciones masivas de inmigrantes ilegales”, señala Malinowitz, y de concretarse, el país más afectado sería México, puesto que la llegada masiva de compatriotas significaría una presión enorme para su sistema laboral.
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