Cuenta la leyenda que una recua de mulas cayó en la ‘Laguna Encantada’ con todos sus arrieros, luego de pasar por los caminos que comunican a los municipios antioqueños de La Estrella y Angelópolis. Los animales transitaban con un cargamento de oro, extraído de la mina el Zancudo y se dirigían a Medellín por aquella ruta, usual a inicios del siglo XIX en la zona del Alto Romeral.
Otros relatos aseguran que los indígenas de la región guardaban sus reservas auríferas en una cueva rocosa llamada la Piedra del Oro, ubicada en la vereda el Morrón, en la loma por donde se llega al Alto del Silencio. Ahí las mantenían lejos de los conquistadores españoles y, enterraban a sus muertos junto con estas riquezas, para impedir que cayeran en malas manos.
Estas historias, ciertas o no, se convirtieron en el motor de búsqueda de muchos cazadores de tesoros. Pero los visitantes pronto entenderían que la verdadera recompensa eran los asombrosos paisajes que rodean los sitios mencionados y que hoy seducen a entusiastas turistas y caminantes que acuden a la zona cada fin se semana. El viaje suele comenzar a las siete de la mañana en el parque principal de La Estrella. El destino final está en la cima de la montaña del Romeral (es un recorrido de cinco kilómetros). “La gente realiza esta ruta ecoturística por atractivos como la laguna, la Piedra del Oro y la Quebrada Grande”, explica el alcalde del municipio, Jhonny Alexánder García Yepes.
Además de una vista completa del Valle de Aburrá, la tranquilidad que transmite la ‘Laguna Encantada’, ubicada en la vereda El Guayabo, es el mayor incentivo para que los caminantes asciendan, por cerca de tres horas, a través de áreas boscosas, quebradas, riachuelos y vías empinadas, para culminar a 2.960 metros sobre el nivel del mar.
La cuchilla El Romeral, en la ladera occidental del Valle de Aburrá, tiene montañas boscosas y desfiladeros. Ahí nacen 26 quebradas que alimentan los acueductos municipales y veredales de Armenia, Mantequilla, Caldas, La Estrella, Titiribí y Angelópolis. En las partes altas de su relieve la vegetación nativa permanece en buen estado. Por eso es el pulmón verde del territorio antioqueño que depura el aire y regula el clima local y la hidrología.
“Este es un ecosistema estratégico que, debido a la cercanía con un centro urbano, se convierte en un espacio natural que suple las necesidades de los entornos para el ocio que requiere la ciudad”, dice la subdirectora de Ecosistemas de la Corporación Autónoma Regional del Centro de Antioquia (Corantioquia), Luz Adriana Molina López.
En algunos sectores de su área protegida crecen 645 especies de plantas, la mayor diversidad de flora del departamento. Por los senderos y caminos aparecen orquídeas, aráceas, asteráceas (comúnmente conocidas como compuestas), rubiáceas y helechos. La fauna también es diversa, con 161 especies de animales registradas: aves (126), mamíferos pequeños (16) y mamíferos medianos y grandes (19). Esta zona alberga roedores, marsupiales, zorros y venados que comparten su hábitat con tres especies de aves en peligro de extinción: el habia copetona, el saltarín dorado y el toche enjalmado.
Este ecosistema forma parte del llamado Distrito de Manejo Integrado Divisoria Valle de Aburra-río Cauca y cuenta con una superficie de 28.015 hectáreas. Está repartido entre 11 municipios y conformado por un sistema cordillerano donde predominan las cuchillas de las Baldías, Romeral y el Cerro del Padre Amaya. De este total, el Romeral cuenta con una extensión de 5.171 hectáreas, de las cuales 2.034 pertenecen a Angelópolis, y 1.600 a La Estrella.
Con el ánimo de preservar dicho territorio, Corantioquia, en asocio con los diferentes municipios, ha contratado desde 2010 a varios guardabosques que velan por el buen estado de los ecosistemas. “Así garantizamos la inclusión, tanto de la administración municipal como de la ciudadanía, en los procesos de cuidado y protección de los recursos naturales”, concluye Luz Adriana Molina López.
