Óbolo
Ni solo, ni huérfano, ni desamparado,
puedo sentirme.
No puedo decir que algo me falta
o me sume en la derrota.
Tampoco llamar a la tristeza
para que haga los oficios de la casa.
Ni puedo alegar razones
porque el mundo no es como lo creo.
No, no puedo, con tanta queja,
convertirme en el ciego
que palpa y maldice
la moneda de oro que se le entrega.
Lugar común
Si les dijeran
que todo aquello es amor,
lo negarían.
Viven un hechizo y no se dan cuenta.
Pero él se desespera si no la ve,
y ella acude en su busca
si no lo encuentra.
Sentados en el bar,
podrían pasar la vida entera.
Dos que no sabenque son uno,
y que para reunirlos
se movió de su sitio
el universo mismo.
Y hablan y hablan
(de todo y nada en apariencia),
sin saber
que es del amor que hablan.
El don
Ningún lugar mejor
que la ciudad
para pensar en ciervos
y bosques,
para hacer del momento
una pura ensoñación,
la vida que queremos
y no existe,
o existe en otra parte.
Venados, osos, perros,
montes y lagos,
y en el camino que traza
el candil
de una luna de hielo,
un hombre
con la pieza de caza
a cuestas.
Por un instante
soy aquél
que, primitivo,
se libra al destino
de un mundo naciente y áureo.
Y pacta acuerdos
con la ruda Ley
que le ofrece por sueño
la vida.
La vida salvaje y bella,
donde copular, cazar, pescar,
cambiar con el tiempo nómade,
es suficiente,
y donde no cabe
ilusión distinta
a la labor de cada día,
y el sueño es el simple
descanso,
el dios que vela tus fatigas.
Y vivir, el don.
