Yenny Muruy Andoque [Yiche]
Yiche, también conocida como Yenny Muruy Andoque, es andoke-uitoto. Nació en Puerto Santander, Amazonas, en el año de 1970. Pertenece al resguardo indígena del Aduche, río Guacamayas, afluente del río Caquetá. Sus padres son Abraham Muruy, de la etnia uitoto, clan aménani —árbol—, y Raquel Andoque —Ninka—, de la etnia andoke —poosioho—, clan de venado gris. Su hermano es Tonfy —Willinton Muruy Andoque—, cantor e investigador de las tradiciones culturales de su pueblo.
Yiche conoce los dialectos minika y nipode de la lengua uitoto y también tiene conocimientos de la lengua andoke. Posee conocimientos tradicionales como la cerámica, la cestería y el trabajo en la chagra. Realizó sus estudios en el Internado Indígena Fray Javier de Barcelona en Araracuara, Caquetá, y cursó una parte de la secundaria en el colegio nocturno INEM, José Eustasio Rivera, en Leticia, Amazonas. Comenzó a escribir inspirada en las historias que se contaban durante las reuniones tradicionales nocturnas en la casa de Óscar Román, 30 Miguel Rocha Vivas padre de su fallecido esposo. Ella recuerda que Óscar decía: «No es sólo la palabra, es lo que se hace a diario».
Versos de sal consiste en una serie de textos rafue —palabra de poder— que fueron resultado de plasmar creativamente las sabias enseñanzas de Óscar Román, sabedor uitoto del clan enókayi. En el proceso de escuchar, preguntar, escribir y traducir participaron Óscar Román, Juan Álvaro Echeverri, Simón Román y Yenny Muruy Andoque —Yiche—. El trabajo comenzó en el año 1997 en la Quebrada Aguasal —resguardo andoke—, ubicada al lado del río Yari, afluente del río Caquetá. Cuenta Yiche que en 1998 les llegó una convocatoria regional del Ministerio de Cultura. Entonces decidieron enviar los textos colectivos en nombre de una de sus autoras, Yenny Muruy Andoque —Yiche—, quien ganó con Versos de sal el Premio Departamental de Poesía, Amazonas, 1998.
El libro completo de Versos de sal aún no ha sido publicado, y reposa en forma de manuscrito, según Yiche: escrito en uitoto minika con su respectiva traducción al español. En síntesis: todos los textos de Versos de sal son formas de elaboración poética de las palabras de consejo del abuelo Óscar Román. En tal sentido, Yenny o Yiche es una de las principales participantes, mas no la única autora de los textos que aquí se presentan. De los diez poemas enviados en 1998 al concurso nacional, sólo cinco habían sido publicados por el Ministerio de Cultura en el libro Por los verdes, por los bellos países, antología de poesía (2002).
Versos de sal
Mi voz no es sólo mía. De mi gente, la palabra que viene renaciendo, yo soy la portavoz. Aunque joven, mujer, madre, en mí resuena una voz que viene desde antiguo, palabra que no muere, versos de sal, poemas que se dicen.
I. Ombligo
Igai
Antes,
al dueño de este mundo
no
le cortaron el ombligo.
Pero a nosotros,
generación humana,
ese cordón de luz,
cordón de sabiduría,
pues nos lo cortaron
y quedamos vacíos.
Ya ahora
vivimos de este mundo,
comemos del fruto de este suelo.
Antes nos formamos
con aquel otro alimento,
de aquel tuvimos vida,
con él vimos la luz.
De eso estoy hablando.
Por eso
en estas hojas
estoy abriendo
el libro que es el pecho de mi madre,
me siento, estoy hablando,
ya mi voz está naciendo,
mi palabra ya dialoga en este suelo
con los nombres de la tierra.
Es mi trabajo.
V. El canasto de mi abuelo
Mooma buinaima kirigai
Todo lo que hay en este mundo
ya mi abuelo
a todos
nos lo dio.
Es su poder,
es su canasto.
Allí está el plumaje,
está el collar de dientes,
allí está el brazalete de cumare,
allí el silbato de magia de los brujos.
Allí está la piedra de poder,
el estuche de veneno.
¿Qué es lo que no hay?
Está el adorno blanco de algodón,
la piedra amarilla.
En su canasto están
el maquillaje extraído de los árboles del monte,
la balaca que usaban los abuelos,
la corona de plumas de colores,
la corona de loro de los hombres.
Todo lo que existe
allí está,
es nuestra herencia.
¿Qué reclamamos?
¿Qué esperamos?
Todo eso está
para cuidar
nuestro retoño.
VII. El hambre del hombre
Júbie
Yo no soy de ahora.
Por millones de años
he venido
siguiendo
el rastro de mi padre.
¿Dónde me voy a extraviar?
Este mundo
no es grande,
es como la espalda del cucarroncito,
da un paso,
luego da otro paso.
El conocimiento no es grande,
no hay que buscarlo lejos,
no hay por qué cansarse,
es un pedacito,
es como la uña de la mano,
es como la uña del pie.
La conjuración de nuestras ansias no es tan larga,
no es gran cosa,
es como el hambre,
cuando le damos de comer
ahí termina.
Hugo Jamioy Juagibioy
Hugo Jamioy Juagibioy, oralitor e investigador camëntsá, nació en 1971 en el pueblo de Sibundoy. El padre de Hugo es médico tradicional y su madre es una experta tejedora. Alberto Juajibioy Chindoy, uno de los escritores indígenas pioneros en Colombia, fue primo segundo de su madre —y él le decía «tío abuelo» en señal de respeto—. Ati, su esposa, pertenece a la comunidad iku —arhuaca/ bintukua—. Así que se han establecido en la Sierra Nevada de Santa Marta, aunque Hugo visita con frecuencia el valle de Sibundoy, su territorio ancestral: bengbe tabanóc —nuestro sagrado lugar de origen—.
Hugo Jamioy estudió Agronomía en la Universidad de Caldas. Su primer libro de poesía es Mi fuego y mi humo, mi tierra y mi sol (1999). Hasta el momento su libro más destacado es Bínÿbe oboyejuayëng/Danzantes del viento, el cual publicó en 2005. Una nueva edición de Danzantes del viento (2010), enriquecida con nuevos textos poéticos, forma parte de la Biblioteca Indígena del Ministerio de Cultura.
Hugo Jamioy Juagibioy es un nuevo tipo de botamán biyá, es decir, portador intercultural de la palabra bonita. Las palabras bonitas traducen todo un género sapiencial de enseñanzas transmitidas por los mayores, por los médicos tradicionales, y también por los padres y abuelos que interactúan con sus hijos y nietos mediante las sabias preguntas y relatos que van hilando el sentido de la vida. A través de sus textos poéticos, Hugo también nos habla a quienes no somos indígenas, confesándonos cómo nos ven, y también aclarándonos cómo son ellos. Otro tipo de textos son expresión de su experiencia urbana o del estar «lejos» de la comunidad. Algunos de los nuevos textos traducen la sensibilidad del escritor ante las luchas de otros pueblos indígenas. Y son numerosos los textos en que Hugo recrea poéticamente las palabras de los mayores, y las pintas —visiones-enseñanzas— recibidas y aprendidas durante las tradicionales tomas de yajé —ayahuasca—, el bejuco y remedio cuyo uso medicinal ha hecho célebres a tantos taitas y tatsëtbëng —médicos tradicionales— del valle de Sibundoy.
En 2006 el autor de Danzantes del viento ganó la Beca Nacional de Investigación en Literatura del Ministerio de Cultura con su proyecto Oralitura indígena de Colombia. En 2009 ganó la Beca Nacional de Creación en Oralitura del Ministerio de Cultura con Hablando junto al fogón. Fue publicado en Ahani: Indigenous American Poetry —Ahani, poesía indígena americana—, antología editada por Allison Hedge Coke, escritora de origen cherokee.
Los textos poéticos de este escritor camëntsá «han sido publicados en Canadá, Alemania, España, México; en revistas universitarias de cultura y en antologías de escritores en lenguas indígenas de América». Además de sus labores como oralitor, líder y tejedor, Hugo Jamioy Juagibioy se ha destacado como uno de los principales impulsores de la actual generación de escritores indígenas en Colombia.
Escarba las cenizas
Hijo, abandonado está el fogón de donde desprendiste tu nombre
mientras con frío buscas abrigo fuera de tu propia energía;
regresa,
siéntate en el círculo donde las palabras del abuelo giran
pregúntale a las tres piedras, ellas guardan silenciosas el eco de antiguos cantos
escarba en las cenizas, calientita encontrarás la placenta con que te arropó tu madre.
Los pies en la cabeza
Siempre es bueno
tener los pies en la cabeza,
dice mi taita,
para que tus pasos nunca sean ciegos.
Vasija ferviente
Taita,
esta pócima que invade mi alma
me hace ver tu cuerpo emplumado
en cada pluma veo el rostro de muchos ancianos
unos danzan, otros cantan, otros soplan, otros curan,
otros chupan,
otros ahuyentan siluetas negras que rondan sus pasos;
más allá en el fondo
veo hombres, mujeres y niños
con sus manos me llaman;
veo a mi padre con su wayra,
veo a mi madre con su cascabel,
su pelo blanco hablando de un largo camino;
en una vasija ferviente
veo a mis hermanos
veo a mis hijos;
taita, busco, busco y no me veo;
siento mi cuerpo temblando de frío
y no entiendo,
si sentado junto al fogón escucho tu canto…
Analfabetas
A quién llaman analfabetas
a los que no saben leer
los libros o la naturaleza;
unos y otros
algo y mucho saben;
durante el día
a mi abuelo le entregaron
un libro
le dijeron que no sabía nada;
por las noches
se sentaba junto al fogón
en sus manos
giraba una hoja de coca
y sus labios iban diciendo
lo que en ella miraba.
Anastasia Candre Yamacuri
Anastasia Candre es uitoto-okaina. Nació en 1962 en Adofiki (Cordillera), corregimiento de La Chorrera, departamento de Amazonas, y falleció en 2014 en Leticia. Por descendencia paterna era okaina del clan jikofo kinéreni —Tigre de cananguchal— y por descendencia materna: uitoto murui. Hablaba los dialectos bue, minika y ni´pode de la lengua uitoto, además del español y el portugués.
Anastasia se educó al lado de sus padres, Lorenzo Candre y Ofelia Yamakuri. Lorenzo fue uno de los últimos sabedores tradicionales que nació antes del conflicto colombo-peruano, durante el tiempo del genocidio de las caucherías. Ofelia Yamakuri fue una mujer uitoto muy tradicional, quien no aprendió a hablar en español. Según Anastasia, son numerosos los saberes que le legaron sus padres, y otros familiares; pueden destacarse algunos como el yetárafue —los consejos de vida: la base principal de la educación propia—, la pintura en yanchama con colores naturales, las conjuraciones —para maternidad, para cuidar niños pequeños, para no abortar, para los cuidados de 132 Miguel Rocha Vivas mujer— y los cantos rituales de todos los géneros: yuaki, zikii, marai, menizai, yadiko, ziyiriya rua, erai.
En 2005, Anastasia fue invitada al Foro Social Mundial, en Porto Alegre (Brasil), y en 2006 participó en la versión XVII del Simposio Internacional de LAILA —Latin American Indigenous Languages Association—, que tuvo como sede a Colombus, Ohio (Estados Unidos).
Anastasia estudió Lingüística en la Sede Amazonía de la Universidad Nacional de Colombia, Leticia. En 2007 terminó su trabajo de grado, Yuaki Muina-Murui: Cantos del ritual de frutas de los uitoto, el cual fue Beca Nacional de Creación en Oralitura del Ministerio de Cultura. Ese mismo año grabó cantos tradicionales para Murui iemo muina rua, libro/cd editado por la Fundación Terra Nova.
Anastasia ha colaborado en múltiples investigaciones, y es reconocida traductora del uitoto, lengua que también ha enseñado en la Universidad Nacional, sede Leticia. Aunque aún no publicó un libro completo con sus textos poéticos, cinco de sus poemas en lengua uitoto fueron traducidos al italiano por Emanuele Betini, para formar parte de la Antología de lírica indígena. En 2013 recibió el Premio “Dedicación al enriquecimiento del la cultura ancestral indígena –rituales ancestrales” del Ministerio de Cultura de Colombia. En 2014 La revista Mundo Amazónico vol. 5 le dedicó un número especial con la coordinación editorial de Juan Álvaro Echeverri.
La poesía de Anastasia Candre es comprensible en el universo de los cantos ceremoniales uitoto. Sus poemas aúnan algunas características rituales de los cantos tradicionales con una expresión más íntima y personal de imágenes y sentimientos de gran fuerza simbólica. No es casual. Sus pueblos de origen se caracterizan por el ejercicio de una palabra ritual muy elaborada; una palabra que es consejo, semilla, poder, y en el caso de Anastasia Candre: erotismo y memoria.
Coca y tabaco
Jibina-diona
Coca, coca
Tabaco, tabaco
Palabra de la coca
Palabra del tabaco
Coca, palabra de crecimiento
Palabra de abundancia
Coca, palabra agradable de consejo
Tabaco, palabra suave y de fertilidad
Ustedes dos, tabaco y coca
Un solo corazón
Un solo cuerpo
Mutua estimación
Amor inseparable
Picante como el ají
Izirede-jifiji izoi
Sabroso y picante
Su aroma delicioso
Así como el corazón de la mujer uitota
Furiosa y sus labios ardientes
Mujer uitota su cuerpo oloroso
Como el perfume de la flor del ají
Su voz fuerte y picante
Sola se calma de su ira, pero su corazón ardiente
Y comienza a reírse ji, ji, ji
El ají, corazón de la mujer
El ají, la fuerza femenina
El ají, planta medicinal de la mujer uitota
Es la verdadera enseñanza y conocimiento
El verdadero fuego de amor que no se apaga
Y vive alegremente en su dulce hogar
El yagé
Unao
Yo, soy el yagé, no puede decirme quién eres
Soy, tu abuelo
Boa, así me presento
Mi presencia es miedosa
Yo, soy el yagé
Soy como el jaguar, que me siento, con mi piel pintada
No te asustes de mi presencia, ¡abrázame!
Sólo es tu imaginación
No me diga, ¿quién eres? Soy el abuelo yagé
Soy el espíritu que permanece de pie.
Yo soy la sanación
El dios que hace embriagar de los sueños maravillosos
Cuántas enfermedades he quitado con mi soplo
Mi palabra es de vida y de saberes
Maldigo aquellas personas burlonas
Si me piden perdón, perdono
He existido desde un principio y ningún ser se burla de mí
Yo soy el bejuco de la ciencia de los saberes
De mí, mi gente tuvo conocimiento
Soy el dios, yagé
La chagra
Juzie
Abuela de la abundancia
Abuela dueña del baile de frutas
Ella, siembra las semillas
Y las cuida con amor maternal
Palo de yuca, yuca brava, yuca dulce, yuca para la bebida
¡Abuela!, quiero ir a la chagra
A sembrar tubérculos, ñame, plátano, maíz, piña
Remplazo de muchos árboles que se tumbaron
Bejucos que lo cortaron y sangran
La tierra que quemaron
Llega mi hermano
Y llega la abundancia
En la chagra se enseña los consejos
En la chagra fue donde me enseñaron
En la chagra la abuela enseña sus saberes
A sus hijos e hijas, nietos y nietas
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