Cansado de leer los marcos del canon y cosas serias, el editor Diego Cepeda creó hace más de un año Ediciones Vestigio, una editorial que quiere darles lugar a espectros narrativos poco frecuentes en el panorama literario colombiano, como la ciencia ficción, el bizarro, la literatura experimental y relatos hechos de otras sustancias. A Vestigio se sumaría —como no podría ser de otra manera— la visión retrofuturista de Rodrigo Bastidas, escritor e investigador en el campo de la ciencia ficción latinoamericana. Desde entonces, ambos le han dado forma a un proyecto editorial extraño y lleno de contenidos que pocos en Colombia publicarían.
En un lapso corto, Ediciones Vestigio ha logrado crear unos rasgos de identidad poco habituales en los proyectos editoriales en Colombia. La curaduría, las ideas circundantes y la selección de autores que hacen parte de su catálogo están en contacto con las obsesiones de sus editores: el cine B, el terror corporal popularizado por Cronenberg, los futuros perdidos de Mark Fisher, David Bowie, el aceleracionismo de Nick Land y una amalgama de materias insertas en los futuros próximos. Vestigio no es una editorial independiente que vierte en su catálogo todo aquello que los grupos editoriales gigantes descartan. Tampoco opera como un centro de oportunidades literarias para nuevos escritores. Sus intenciones, más bien, bordean la recuperación e instalación de una literatura periférica y transgresora que extienda los géneros especulativos, algo que se percibe en el diálogo que establecen sus colecciones: Nigredo, la colección intrincada en el bizarro; Albedo, un híbrido monstruoso bautizado como el “new weird latinoamericano”; Rubedo, el espacio periférico de narraciones colombianas, y Teratoma, una variante y homenaje al pulp.

Ilustración de Luis Carlos Barragán para ‘El gusano‘.
No hay una tradición visible de ciencia ficción, de la literatura extraña, bizarra o experimental en Colombia. ¿Cómo entra a dialogar la editorial en ese espacio narrativo tan conservador? Es precisamente esa falta de tradición la que nos motivó a comenzar la editorial. Queríamos poder darles un espacio a narradores distintos en el panorama colombiano. El diálogo que proponemos, entonces, no es con la tradición editorial colombiana, sino con los lectores que no forman parte de un mercado conservador, que buscan alternativas a lo que siempre se encuentra en una librería. Incluso dentro de la ciencia ficción siempre se encuentran las mismas voces, legitimadas por un éxito comercial que no necesariamente implica una calidad proporcional a este. El diálogo con los lectores ha sido fructífero, pues si bien nos enfrentamos ante la creación de un nuevo público, quienes ya nos conocen saben el tipo de literatura que encuentran dentro de nuestro catálogo. Hasta ahora han publicado a autores colombianos como Hank T. Cohen, autor de El pornógrafo y Luis Carlos Barragán, con El gusano. ¿Ha sido fácil encontrar autores y narrativas en Colombia que se integren al proyecto? No, no lo ha sido. Precisamente por la falta de tradición, pocos autores se arriesgan a crear mundos distintos. Parte de la tarea que tenemos es no solo crear un público, sino también demostrar que hay espacio para estas narrativas y alentar el desarrollo de las voces disidentes. Hemos recibido manuscritos que se autodenominan como ciencia ficción, pero siguen inscritos dentro de un marco estético que pertenece a la Edad de Oro del género: no buscamos solo textos especulativos, sino nuevas maneras de entenderlos y una escritura que se salga del común. ¿Cuáles son los rasgos y los síntomas de una escritura “que se sale de lo común”? Es difícil establecer el límite que separa una literatura del común de una que no lo es. Quisiéramos pensar mejor en la literatura que queremos publicar o no. Claramente, la que no queremos publicar es la que recurre a las herramientas del realismo clásico (el cual vemos como otro subgénero tan válido como la literatura de extrapolación) y que está cercana a las formas de la novela canónica: tiempos lineales, narradores omniscientes, temas urbanos. La que queremos publicar presenta temáticamente mundos rarificados que se insertan de manera compleja en la realidad, juegos narrativos que planteen una desconfiguración en la enunciación y que estructuralmente representan un reto para el lector. Si piensan en nuestro catálogo, todos los libros que hemos publicado tienen una o más de esas características.

Ilustración de Manuela Guzmán (Nai McMuffin) para ‘El detective que tenía mariposas en el estómago‘, de Alfredo Álamo.
Además de la edición, hay un diálogo con la ilustración y el dibujo en cada una de sus publicaciones. ¿Cómo debe ser el trabajo de un ilustrador para que sea publicado por Vestigio? Todos nuestros ilustradores, hasta el momento, son jóvenes colombianos que muestran un gran trabajo en línea y una estética propia y contundente. Por esa razón es que trabajamos con personas tan distintas como lo son Zursoif (Miguel Bustos), Nai McMuffin (Manuela Guzmán), Isabella Londoño y Chvlo, un tatuador, grafitero e ilustrador colombiano de la escena punk bogotana. Nos parece interesante el hecho de que, teniendo en cuenta próximos proyectos, hemos encontrado en los tatuadores un espacio fructífero para la ilustración editorial. Creemos que, al igual que sucede con nuestros textos, la actividad del tatuaje es vestigial dentro del panorama del arte colombiano, por lo que buscamos resaltarla. Hace un tiempo ustedes mencionaban que querían editar Necrophilia Variations, de Supervert. ¿Creen que podrían ser censurados por editar este u otro de sus libros en Colombia? Efectivamente, vamos a publicar Variaciones Necrofilia este año. A decir verdad, consideramos el espacio de la independencia editorial como una dinámica que nos permite cierta libertad en nuestras publicaciones. Justamente por esto queremos seguir publicando textos como El Pornógrafo y Variaciones Necrofilia, que retan las normas de lo que se puede y no se puede hablar, leer o escribir. Si uno de nuestros libros llegara a tener censura sería la confirmación de que vamos por buen camino; sabemos que nuestros lectores nos apoyarían.
Ilustración de Zursoif para ‘El pornógrafo‘, de Hank T. Cohen (AKA Camilo Ortega), publicado por Vestigio.
En Vestigio hay cuatro colecciones: Nigredo, Albedo, Rubedo y Teratoma. ¿De qué se trata cada una?
El planteamiento de nuestras colecciones gira en torno a los géneros que cada una maneja, si bien pueden intersecarse. Los nombres de cada uno (excepto Teratoma) hacen referencia al opus nigrum de la tradición alquímica. Nigredo es nuestra colección de bizarro, un género estadounidense que nació hace menos de treinta años con un grupo de escritores outsider en Portland, el equivalente literario a la sección de culto en una tienda de videos. Generalmente manejamos traducciones en esta colección, aunque acabamos de publicar en coedición con Orciny Press, El detective que tenía mariposas en el estómago, una novela de bizarro española. Albedo es nuestra colección que hace énfasis en el new weird latinoamericano, un género heredero de Lovecraft que mezcla fantasía, ciencia ficción y terror, y que está en auge en América Latina gracias a escritores como Alberto Chimal, Ramiro Sanchiz y Mike Wilson. Rubedo es nuestra apuesta por la ficción colombiana, cuya producción de género normalmente ha sido olvidada o menospreciada. Esperamos que esta sea una de nuestras colecciones más grandes con el pasar del tiempo: si esto ocurre, confirmaría nuestra meta de insertar esta literatura dentro del panorama nacional. Por último, Teratoma es nuestra colección que le hace honor a literatura y al género pulp con el que crecimos y conocimos la ciencia ficción y la novela negra: son obras contundentes de menor extensión que siguen el formato y la estética de estos pequeños libros de bolsillo.
Puro Pássaro es un sello alterno en Vestigio. Háblanos de este proyecto paralelo.
Puro Pássaro es un sello editorial que hacemos en conjunto con Jerónimo Pizarro y Pedro Rapoula, quienes se han dedicado a la difusión de la literatura portuguesa en el país. En este sello, publicamos libros de poesía contemporánea portuguesa en edición bilingüe de pequeño formato, manejando el mismo cuidado en las ilustraciones de nuestra línea narrativa, orientado hacia algo más preciosista. Entre los autores que hemos publicado se encuentran Raquel Nobre Guerra, Inês Fonseca Santos, José Luiz Tavares y Maria do Rosário Pedreira.
¿Qué proyectos vienen? ¿Habrá Vestigio hasta cuándo?
Dentro de nuestras próximas publicaciones se encuentran tres libros de bizarro, entre los que está Me pudriré sin ti, de Danger Slater, una tierna historia de amor y desamor llena de cucarachas y hongos que fue ganadora del premio Wonderland en el 2017. También está Variaciones Necrofilia, como dijimos antes, y se vienen varias sorpresas tanto para nuestra línea narrativa como de poesía. Habrá Vestigio mientras haya literatura marginal de buena calidad en Colombia, y conociendo la literatura colombiana, tenemos para rato.

Ilustración de Zursoif para ‘El pornógrafo‘, de Hank T. Cohen (AKA Camilo Ortega), publicado por Vestigio.
- “Vivimos en una realidad que se puede desbaratar en un segundo”: Cristián Romero
