A María Roa Borja aún se le quiebra la voz cuando habla de la situación que enfrentan muchas de las mujeres que trabajan como empleadas del servicio doméstico en las casas y apartamentos de Colombia: “una chica me contaba que todavía se tiene que arrodillar para limpiar todas las paredes y los pisos. ¿Cómo te parece? ¡Todavía!, cuando hoy existen implementos que permiten hacerlo sin arrodillarse”.
Esa pasión por dignificar a las mujeres que como ella se ganan la vida haciendo aseo y cocinando en casas ajenas le ha servido para sacar adelante un proyecto que a muchos les parecía una utopía: la Unión de Trabajadoras del Servicio Doméstico, un sindicato que desde 2013 lucha por garantizarles seguridad laboral y garantías ante la ley a 128 mujeres de Antioquia. Y que por ese camino ha logrado beneficiar a cerca de 750.000 colombianas.
María, quien actualmente vive en la Comuna 8 de Medellín, estará dando una charla este domingo a las 3 de la tarde en la Feria del Libro de Bogotá (salón literario Ecopetrol 7) sobre las nuevas formas de esclavitud que enfrentan las mujeres que ejercen como trabajadoras domésticas.
Y es que sólo en Medellín, según la Escuela Nacional Sindical, el 91 por ciento de las empleadas del servicio que viven internas en las casas trabajan entre 10 y 18 horas diarias, y la mayoría lo hace mediante un contrato verbal, sin garantías de seguridad social. Eso sin contar a las que trabajan por días, a quienes casi nunca les pagan horas extras.
Además casi todas son víctimas del conflicto armado que llegan desplazadas a las grandes ciudades del país y que viven en los barrios más pobres y de invasión. Esas condiciones las llevan a aceptar trabajos mal pagados y algunas veces incluso malos tratos.
“La mayoría desconocen sus derechos y muchos empleadores dicen desconocer la ley, o camuflan su incumplimiento con el pretexto de compensar a las trabajadoras con intangibles como el cariño y el buen trato, o con bienes y servicios supervalorados por ellos como el albergue o la alimentación”, dice María.
Pero con el sindicato, creado en 2013 en conjunto con otras 27 compañeras, han logrado que a las empleadas del servicio doméstico que tienen afiliadas –y a muchas otras– les paguen al menos el salario mínimo y les garanticen todas las prestaciones sociales. También que sólo trabajen las ocho horas laborales que especifica la ley y que tengan la posibilidad de reclamar cuando no es así.
El último logro fue llevar hasta el Congreso de la República un proyecto de ley para garantizar que a todas las trabajadoras domésticas les paguen las primas como a cualquier persona con un contrato laboral. Actualmente el proyecto cursa el trámite legislativo.
Gracias a todo ese trabajo, María fue invitada en mayo del año pasado a hablar de su experiencia en la Universidad de Harvard en el mismo salón que el filósofo Noam Chomsky, y allí fue ovacionada por un nutrido grupo de estudiantes. En diciembre, además, fue seleccionada como una de las 20 líderes más importantes del país por la Revista Semana y la Fundación Liderazgo y Democracia.
Logros remarcables para alguien que salió desplazada de una finca bananera de Apartadó (Antioquia) a los 18 años y que empezó a trabajar como empleada doméstica porque no tenía otra forma de ganarse la vida cuando llego a Medellín.
Su historia ya ha empoderado a otras mujeres que ahora quieren abrir sucursales del sindicato en ciudades como Cartagena y Bucaramanga y ha logrado que muchos, al escuchar su historia de viva voz, entiendan mejor a las mujeres que trabajan en sus propias casas, a quienes muchas veces han tratado injustamente sin ni siquiera darse cuenta.
"Yo quiero que se conozcan por lo que han pasado y pasan algunas de las mujeres trabajadoras de Colombia, pero también que entiendan que las mujeres del servicio doméstico ya no somos invisibles”.
