•Si viajas a países que exijan la visa Schengen estarás cubierto para gastos médicos por enfermedad o accidente y puedes obtener una certificación médica por este seguro, documento útil para la expedición de la visa.
•Para más información llama a los teléfonos 6446152 y 01800919394
 

Es prácticamente imposible visitar Londres y no quedar deslumbrado. Muchos también habrán quedado arruinados luego de conocerla. Y es que además de ser una de las cinco ciudades más costosas del mundo, la cosmopolita urbe inglesa es un excitante centro financiero y cultural, cuyo pasado como capital del Reino Unido, principal emporio mundial durante varios siglos, la convierten en ejemplo excepcional de una gran metrópoli.
La desbordante mezcla de razas, credos y nacionalidades que componen su base social, así como una singular amalgama de épocas y vestigios culturales han ido marcando una particular fisonomía, que hoy en día es símbolo del Viejo Continente.
 
Es muy probable que la idea que tenga un colombiano promedio sobre Londres no vaya más allá de los enredos de Lady Di, los triunfos del fútbol inglés y los desvaríos de la reina madre y su flemático hijo, o tal vez incluso alcancen las ya lejanas remembranzas de Sherlock Holmes, los emblemáticos buses de dos pisos y cabinas de
teléfonos rojos, la torre del Big Ben, los campeonatos de tenis en Wimbledon, y por qué no, la muy de moda cantante de soul Amy Winehouse. Sin embargo, lo cierto es que en Londres convergen no sólo más de ocho millones de habitantes de distintas nacionalidades, sino una multiplicidad de contrastes que sobrepasan cualquier idea que se tenga de ella.
 
Lo que sí es casi un designio es que Londres despierta amor a primera vista. No solo por el interés histórico y cultural que encierra, sino por su arquitectura, mezcla de edificios georgianos y victorianos con villas neoclásicas y construcciones góticas; por sus muchos y descomunales parques; por sus importantes museos; sus mercados callejeros y, en general, por un ambiente que bulle frenéticamente y del cual es difícil no contagiarse.
Esta ciudad del sureste de Inglaterra, fundada por los romanos en el siglo I D.C., está dividida en la City, el corazón financiero, comercial y cultural de la ciudad, y 32 distritos que componen el Gran Londres. En la City, así como en los distritos vecinos de Southwark, Westmister, West End, Regent’s Park, Bloomsbury, South Kensington y Hyde Park es donde se concentra la mayor parte de sus atractivos turísticos. Es arriesgado aventurarse a decir cuál es la ruta más adecuada para que un visitante emprenda la travesía por ellos, pero tal vez lo más común es seguirles el rastro a sus íconos más famosos, mientras se descubren paso a paso otros tesoros menos conocidos.
 
No cabe duda que un colombiano se maravillará, por ejemplo, con el Edificio del Parlamento y su famosa Torre del reloj donde está el Big-Ben. Este palacio se ubica a orillas del también célebre río Támesis, el cual atraviesa buena parte de la ciudad y es un punto de esparcimiento con sus muelles y depósitos convertidos en bares y restaurantes. También lo hará con edificios como la Torre de Londres, una fortaleza normanda que en algún tiempo fue una temida prisión; el Palacio de Buckingham, sede la monarquía inglesa; la Abadía de Westminster y la Catedral de San Pablo, construida a finales del siglo XVII; así como con los más importantes museos de la ciudad, dentro de los que se destacan el Británico, la National Gallery, el Victoria and Albert y la Tate Modern, en los cuales es posible apreciar buena parte de las pinturas y objetos artísticos más reconocidos del mundo.
Al norte del río Támesis el turista se encuentra con otra serie de encantadores recodos como las plazas de Trafalgar y Leicester. Para un nostálgico colombiano en búsqueda de sones latinos, esta última plaza es lugar obligado de visita, ya que alberga algunos de los cines y ‘rumbeaderos’ más cotizados de la ciudad.
 
Muy cerca de allí, y rodeando a la famosa esquina de Picadilly Circus, están los vecindarios de Soho, célebre por su ambiente bohemio y porque en él tuvieron su morada personajes como Mozart y Karl Marx, y Covent Garden donde se concentran los teatros de la ciudad, como el Royal Opera House o muchos otros que durante todo el año presentan obras de fama internacional, muchas inspiradas en el mítico William Shakespeare.
Una exploración por esta zona llevará al turista por calles ondulantes y pintorescas, como Oxford Street, por donde a diario transitan ríos de personas cargadas de paquetes con las compras hechas en alguna de las cientos de tiendas instaladas allí. Esta avenida serpentea desde Charing Cross Road (en el número 96 de esta calle está el bar Salsa!, uno de los más recomendados para aprender a bailar este ritmo) hasta el Hyde Park, conocido como el pulmón de Londres y equiparado con el Central Park de Nueva York. Es casi que obligado recorrerse Oxford Street, montado en uno de los famosos buses de dos pisos, que debido a su parsimonia son perfectos para apreciar la ciudad al detalle. Ahora, si el propósito es ir rápidamente de un punto a otro, el turista tendrá que enfrentar el reto mayor de sumergirse en la intrincada red del metro londinense, el más antiguo del mundo. El tube, como allí se le llama, tiene también su encanto, sobre todo si no hay que tomarlo en las horas pico cuando hordas de trabajadores van de regreso a sus casas.
 
Aunque un colombiano tenga la sorpresa de toparse con un restaurante latino o, incluso, uno criollo donde sirvan bandeja paisa o mondongo (lo cual es más probable si se encuentra en barrios como Elephant and Castle y Brixton, donde se congrega buena parte de la comunidad hispanohablante), la oferta de restaurantes con comida internacional es ilimitada. La cocina local, sin ser la más variada, es también uno de los atractivos para los turistas. Es imperdonable pasar por Londres y no comer un plato de fish and chips (pescado con papas fritas) o un shepherd’s pie hecho con cordero picado y servido con puré de papas, o el típico y copioso desayuno inglés, o el afamado té de media tarde con un sabroso postre, estilo sherry trifle.
Pero lo que definitivamente no se puede perder ningún visitante, son los conocidos pubs o bares. Allí siempre encontrará una amplia oferta de licores, encabezados por una pinta de cerveza, ya sea bitter, lager, guinnes o mild, las tradicionales británicas. Con unas cuantas en la cabeza, los londinenses dejan a un lado su carácter frío y distante, y hasta se atreven a intercambiar un par de palabras con los turistas. Es probable que uno colombiano, despojado de todo pudor, ponga a prueba su inglés y les cuente a los locales que en su tierra tomar cerveza también es un símbolo nacional.