Hay una frase que se repite en foros, paneles y libros de negocios: “lidera con propósito”. Se dice con tanta ligereza y entusiasmo que uno termina creyendo que el propósito es una especie de combustible mágico: todo fluye, las dudas desaparecen, las decisiones se toman solas, las personas te siguen y los resultados llegan casi como consecuencia natural de ser una buena persona.
Mentira. O, al menos, una verdad incompleta.
Llevo más de diez años construyendo Mompreneurs Colombia, una comunidad que hoy reúne a más de 19.000 mujeres emprendedoras en Latinoamérica. En ese camino hemos creado el Club Mompreneurs, un espacio semanal donde empresarias y emprendedoras trabajan juntas para crecer sin parar, y el Mompreneurs FEST, que ha convocado a más de 8.000 personas —de manera presencial y virtual— en sus ediciones de 2024 y 2025. He participado en escenarios internacionales y he sido reconocida como Mujer Icónica en el Foro Económico Mundial.
Sí: todo eso nació de un propósito claro, auténtico, profundo.
Pero nadie me contó que liderar desde el propósito también implicaría las noches más largas de mi vida. Decisiones que rompieron relaciones. Momentos en los que dudé de todo lo que había construido —y en los que, todavía hoy, sigo dudando sin saber siempre por dónde continuar—.
El propósito no te protege del dolor. Te da una razón para seguir a pesar de él. Esa es la diferencia que casi nadie explica. Así como la fe no te exime de los momentos más difíciles, pero sí te da la forma de atravesarlos y crecer en el proceso.
El liderazgo con propósito que yo conozco no se parece al de las diapositivas ni al de los libros de autoayuda. El mío se vio así: apostarle a un sueño con mis hijos en brazos, explicar una y otra vez por qué estaba construyendo algo para otras mujeres en lugar de “buscar un trabajo estable”, sostener una comunidad entera en meses en los que yo misma tambaleaba, tomar decisiones estratégicas con el corazón roto y salir a sonreír porque otros necesitaban verme bien.
Y entender eso no me hace incoherente. Me hace real.
Nos exigimos estar bien todo el tiempo, ser fuertes todos los días, no fallar. Pero la verdad es otra: liderar también implica romperse, dudar, cansarse. Y aun así, seguir.
¿Saben qué sostiene a una líder en esos momentos? No la motivación, porque es efímera. Tampoco la disciplina, aunque sea necesaria. Lo que realmente sostiene es tener claridad sobre el para qué.
No el qué. No el cómo. El para qué.
Yo empecé Mompreneurs Colombia porque viví en carne propia un sistema que parecía obligar a las mujeres a elegir entre ser madres o ser empresarias. Me negué a aceptar esa idea. Ese inconformismo —esa incomodidad— fue el punto de partida.
Eso es el propósito real: no una frase bonita en una página web, sino una convicción que incomoda, que cuestiona, que te pone en lugares donde no siempre encajas.
Y aquí viene lo que menos se dice: liderar con propósito cuesta. Cuesta relaciones, cuesta popularidad, cuesta certezas. Porque el propósito auténtico no busca agradar; desafía.
Habrá momentos en los que no veas nada claro, en los que dudes de lo que quieres, en los que sostenerte sea más difícil que rendirte. El propósito te exige mantenerte firme cuando sería mucho más fácil ceder.
Pero también —y esto sí lo puedo asegurar— te da algo que ningún KPI puede medir: la certeza de que lo que haces importa.
No como idea abstracta, sino en las personas que impactas, en las historias que cambian, en las comunidades que crecen. Ya sea desde una empresa, un emprendimiento o cualquier espacio de liderazgo, lo que realmente queda es el impacto en quienes te rodean. Empezando por tu familia, esa que crece contigo y a la que no puedes dejar de lado.
Por eso, si estás pensando en liderar con propósito, la pregunta no es cuál es tu misión.
Es otra: ¿Qué es eso que no puedes ignorar? ¿Qué injusticia te incomoda lo suficiente como para actuar? ¿Qué cambio estás dispuesta a perseguir, incluso cuando duela?
Cuando tengas esa respuesta —clara, honesta, incómoda—, ahí empieza todo.
Liderar con propósito no es una estética de liderazgo.
Es una forma de vida que, a veces, puede destrozarte.
Y aun así, no la cambiaría.
María Paula Cárdenas, directora de Mompreneurs Colombia.
