Nadie niega que el sistema multilateral, mundial y regional, está en crisis: La ONU, con su sistema poco democrático de veto producto de resultados bélicos superados y, en la región, la poca efectividad de la OEA, son los ejemplos más visibles; sin embargo, en el mundo global e interconectado la interdependencia es innegable y no está sujeta a discusión la necesidad de buscar fórmulas institucionales que aseguren la convivencia y el desarrollo.
Para ello, la comunicación entre los gobernantes es indispensable: Río ha probado en sus dos últimos encuentros ser un vehículo útil para América Latina. La Cumbre de Río de Santo Domingo, en el 2008, tuvo a cuatro protagonistas: Leonel Fernández, anfitrión, Hugo Chávez, Rafael Correa y Álvaro Uribe. En ella, Fernández logró cierto entendimiento y distensión por un año entre Venezuela y Colombia. No así, en lo relativo a Ecuador. La foto agria de los presidentes Correa y Uribe recorrió el mundo, pero el rumor de guerra regional desapareció.
En la reciente Cumbre de México el mundo vio a los mismos protagonistas, pero al revés: Correa distendido dialogando con Uribe, Chávez enviando “al carajo” al Presidente de un país hermano, y éste respondiendo educada, pero firmemente, como cualquier caballero de antaño: “sea varón”. Al final, la gota de sangre no llegó al río y los mandatarios presentes, amainadas las aguas, designaron una comisión que buscara entendimiento entre los dos gobernantes: Leonel Fernández la encabeza.
El Presidente dominicano, cordial y activo, se ganó que Uribe en Estoril le solicitara que interviniera en la situación con Venezuela, petición que hubo de esperar por la crisis de Honduras, ausente en el encuentro regional de México y de Haití: dos países azotados por las crisis, política y fenómenos naturales, en cuyas vidas el mandatario quisqueyano ha jugado un importante papel este año.
Presente estaba la gran ausente, la Organización de Estados Americanos, a cuya secretaría general parece que ya ni siquiera hay aspirantes para democráticamente disputarla, y a la cual el único pretendiente es el señor José Miguel Insulza, actual secretario.
En la Cumbre de Santo Domingo, en medio del caldeado ambiente regional, estuvo Insulza, pero nadie se enteró; de hecho, se marchó minutos antes de la espectacular solución. En la de México, la prensa ni le reseña; peor, los presidentes aprobaron un nuevo organismo, como la OEA, pero sin Estados Unidos y sin Canadá: algo que ya no sería de América sino solamente de una parte, ni siquiera sabemos si será bueno. Pero lo que todos sí sabemos es que la OEA no rinde un papel útil.
Desde luego que lo ideal sería reformar la OEA, para que sea positiva en sus decisiones, en las políticas de sus órganos de crédito y en la agilidad y eficacia de sus decisiones jurisdiccionales en materia de justicia y preservación de los derechos humanos, pero parece que los líderes políticos del continente perdieron su ilusión por ella. Lo que no deja de ser una pena.
América tiene nuevos actores políticos, estos, ni siquiera necesitan ser antinorteamericanos: simplemente, después de la Tercera Ola, con la democracia en la región de 1978 a 1990, Estados Unidos abandonó su papel de referente en política y cooperación y trasladó sus intereses a Oriente: simplemente está pagando el precio político de su abandono.
Guerrilleros, antiguos anatemas políticos de izquierda e indígenas, en su mayoría, dirigen hoy a los países de América, algunos con buenos resultados: algo impensable hace treinta años, lo que indica que el sistema político ha garantizado el derecho de los ciudadanos de elegir y de los países de ser capitaneados por aquellos a quienes quiere. Pero hay vuelcos, Chile es un ejemplo: un Gobierno exitoso y una gobernante popular, cuya coalición pierde de un conservador, lo que indica que las oligarquías políticas también reciben su castigo.
Esta semana, en que República Dominicana celebra su fecha aniversario, encuentra al país con un presidente popular, que desarrolla su tercer mandato y, tras lograr la aceptación de sus pares, juega un papel regional en que las instituciones multilaterales de la zona han fallado. El Presidente de un país pequeño que no es nobel ni tiene petróleo, propuesto como árbitro en el consenso, eso también constituye un cambio positivo.
Es una era nueva, en que las cuestiones de las naciones se discuten, bien o mal, más horizontalmente y, por eso, cuando se producen coyunturas se resuelven los problemas más rápidamente. En ese ámbito, la mediación entre Venezuela y Colombia está llamada a dar resultados a corto plazo, porque la situación no beneficia a ninguno de los dos países ni a sus gobiernos. Suerte al Presidente Fernández y a los demás comisionados, pues Río, que hace dos años no era nada, ha suplido sin presupuesto, sin personal y sin estructura de financiamiento, como el BID o de Justicia como la Corte Interamericana, a la OEA, a un costo menor.
AMÉRICA LATINA
Dos 'Cumbre de Río': Fernández, entre los presidentes Uribe y Chávez
Ángel Lockward, el embajador de República Dominicana en Colombia, analiza cómo el Grupo de Río ha superado en la solución de problemas regionales a organismos como la ONU y la OEA.
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Por Ángel Lockward, embajador de República Dominicana en Colombia
24 de febrero de 2010 a las 7:00 p. m.
