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| 11/3/2002 12:00:00 AM

Eje atómico

Corea del Norte produjo conmoción al confesar que posee un programa bélico nuclear. Pero esa puede ser su carta para negociar su inserción en el mercado libre.

ás generar un efecto dominó en el que Corea del Sur (que nunca firmó un tratado de paz con su vecina), seguida de Japón, China y Taiwan también terminarían armándose. Esto podría tener consecuencias devastadoras. Según dijo el secretario de Defensa estadounidense, Donald Rumsfeld, Corea del Norte ya tiene dos bombas nucleares y hasta 500 toneladas de armas químicas y biológicas. "La peor opción para Estados Unidos es iniciar un ataque quirúrgico que podría generar una segunda guerra en Corea", dijo a SEMANA el profesor To Hai Liou, de la Universidad de Chengchi, en Taiwan. Para Liou, Corea del Sur tiene una desventaja militar con respecto al norte y por ello está expuesta a una guerra relámpago por parte de su vecina.

En parte esto explica que en el trato con Corea, a diferencia de Irak, Bush le dé prioridad a los mecanismos diplomáticos. Washington sabe que Corea del Norte desea usar su confesión para negociar. El país asiático necesita apoyo internacional para llevar a cabo reformas económicas urgentes para desestalinizar su economía y abrirla al mundo, como hizo China en los últimos años. Pero para ello requiere acabar con su condición de paria internacional. Por eso quiere dejar las cuentas claras, razón por la cual también le había confesado recientemente a Japón que secuestró ciudadanos de este país de 1970 a 1980 en desarrollo de una macabra estrategia para enseñarles a los agentes norcoreanos a fingir ser japoneses.

Pero no todo el mundo ve la confesión como una oportunidad para el diálogo. Según dijo a SEMANA Victor Cha, director del proyecto de Asia en la Universidad de Georgetown, antes de aceptar la confesión de Corea del Norte como un grito de ayuda, Bush debe convencer a la comunidad internacional para que vea las acciones de Pyongyang como lo que son, es decir, una grave violación de un acuerdo internacional. "Si Pyongyang busca convertir limones en limonada haciendo de su violación una ficha para regatear, entonces está muy equivocado", dijo.

En todo caso, mientras Estados Unidos y los demás países implicados tratan de encontrar la forma de enfrentar la amenaza nuclear norcoreana, el gobierno de Pyongyang no da su brazo a torcer. Así, aunque los líderes del área del Pacífico (Apec) reunidos en Cabo Verde, México, el 27 de octubre pidieron a Kim Jong Il que abandonara su programa nuclear, éste se negó. Corea del Norte no parece dispuesta a liberar al mundo del temor si no obtiene algo a cambio.

ás generar un efecto dominó en el que Corea del Sur (que nunca firmó un tratado de paz con su vecina), seguida de Japón, China y Taiwan también terminarían armándose. Esto podría tener consecuencias devastadoras. Según dijo el secretario de Defensa estadounidense, Donald Rumsfeld, Corea del Norte ya tiene dos bombas nucleares y hasta 500 toneladas de armas químicas y biológicas. "La peor opción para Estados Unidos es iniciar un ataque quirúrgico que podría generar una segunda guerra en Corea", dijo a SEMANA el profesor To Hai Liou, de la Universidad de Chengchi, en Taiwan. Para Liou, Corea del Sur tiene una desventaja militar con respecto al norte y por ello está expuesta a una guerra relámpago por parte de su vecina.

En parte esto explica que en el trato con Corea, a diferencia de Irak, Bush le dé prioridad a los mecanismos diplomáticos. Washington sabe que Corea del Norte desea usar su confesión para negociar. El país asiático necesita apoyo internacional para llevar a cabo reformas económicas urgentes para desestalinizar su economía y abrirla al mundo, como hizo China en los últimos años. Pero para ello requiere acabar con su condición de paria internacional. Por eso quiere dejar las cuentas claras, razón por la cual también le había confesado recientemente a Japón que secuestró ciudadanos de este país de 1970 a 1980 en desarrollo de una macabra estrategia para enseñarles a los agentes norcoreanos a fingir ser japoneses.

Pero no todo el mundo ve la confesión como una oportunidad para el diálogo. Según dijo a SEMANA Victor Cha, director del proyecto de Asia en la Universidad de Georgetown, antes de aceptar la confesión de Corea del Norte como un grito de ayuda, Bush debe convencer a la comunidad internacional para que vea las acciones de Pyongyang como lo que son, es decir, una grave violación de un acuerdo internacional. "Si Pyongyang busca convertir limones en limonada haciendo de su violación una ficha para regatear, entonces está muy equivocado", dijo.

En todo caso, mientras Estados Unidos y los demás países implicados tratan de encontrar la forma de enfrentar la amenaza nuclear norcoreana, el gobierno de Pyongyang no da su brazo a torcer. Así, aunque los líderes del área del Pacífico (Apec) reunidos en Cabo Verde, México, el 27 de octubre pidieron a Kim Jong Il que abandonara su programa nuclear, éste se negó. Corea del Norte no parece dispuesta a liberar al mundo del temor si no obtiene algo a cambio.

Declaración del vocero de la casa Blanca sobre el programa nuclear norcoreano

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“La gran bandera del gobierno es la equidad”

El presidente explica sus prioridades, qué problemas encontró, cómo quiere cambiar la política y cómo va a manejar su gobernabilidad.

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