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| 12/23/2002 12:00:00 AM

Israel y Palestina, partida en tablas

La situación de Oriente Medio se encuentra en una especie de empate que, frente a la irracionalidad de los líderes para encontrar soluciones, han llevado a los dos pueblos a pagarla con su sangre.

Israel y Palestina, partida en tablas Israel y Palestina, partida en tablas
En 2003 las escenas que nos llegaron del Cercano Oriente fueron recurrentes y sangrientas: protestas masivas de la población árabe palestina de los 'Territorios Ocupados' por el Estado de Israel, los resultados macabros de los atentados suicidas contra la población judía de Israel, las retaliaciones de las fuerzas armadas israelíes que afectan particularmente la población civil y los llamados de los líderes de los principales Estados del mundo a un cese de hostilidades y a la reanudación de las negociaciones entre el gobierno de Israel y la Autoridad Palestina.

En este bombardeo de imágenes aparecen una y otra vez nombres que a fuerza de ser oídos ya no nos hacen interrogarnos sobre su significado ni a qué corresponden en el espectro político, social, cultural, religioso, militar y económico, ni la relación que tienen con su entorno regional ni mundial: Estado de Israel, Palestina, Territorios Ocupados, Autoridad Palestina, Asentamientos judíos, Acuerdos de Oslo, Jihad Islámico, Grupo Hamas, etc.

Antes de entrar a mirar el conflicto en su dimensión histórica, única que nos permite entender dónde se origina y única que nos puede proporcionar los parámetros que dan sentido a los actores enfrentados y a los procesos que se viven en esta región, veamos cuál es la situación.

El actual gobierno de Israel dirigido por Ariel Sharon ha buscado desde sus inicios, hace cerca de dos años, marginar a Yasser Arafat y volverlo irrelevante como interlocutor en las negociaciones que en un futuro se abrirían entre el gobierno israelí y la entidad representativa de la población palestina. Arafat, por su parte, busca crear un ambiente de presión internacional que al tiempo que lo mantenga en el poder obligue al gobierno israelí a aceptar las exigencias de la Autoridad Palestina.

A un lado de Arafat están los grupos fundamentalistas islámicos, que con sus atentados -suicidas y otros- buscan incrementar las represalias de los israelíes contra la población palestina para radicalizar aún más a esta última, deslegitimizar a la Autoridad Palestina y a través de ella a la OLP como su representante; el gobierno actual de Estados Unidos apoya al Estado de Israel, pero teme que las acciones que su gobierno realiza contra la población palestina radicalice a las poblaciones árabes de los otros Estados del Medio Oriente y a los musulmanes del mundo, poniendo en cuestionamiento las alianzas que tiene con ellos y su estrategia para esta región del mundo; los gobiernos de los Estados árabes (incluyendo a Egipto y Jordania, los que han firmado acuerdos de paz con el Estado judío) apoyan la causa palestina, pero temen la creación de un Estado Palestino y las repercusiones que las luchas de este pueblo y sus representantes puedan tener sobre sus estructuras políticas.

En resumen, las posiciones de las fichas en el tablero político del Medio Oriente están bloqueadas. Los actores directos, carentes de opciones, recurren a la violencia indiscriminada -convirtiendo a ésta en la única opción- amparándose ya en la legitimidad estatal y en la persecución milenaria al pueblo judío, ya en la opresión, la marginación, el exilio, la ocupación, la humillación cotidiana de los palestinos por parte del gobierno y las fuerzas armadas y los colonos armados a una población desarmada e indefensa. En un juego de ajedrez diríamos tablas, lo que conduciría a un nuevo juego, el problema en el Medio Oriente es que las tablas se han convertido en el juego y la cuota de sangre es pagada por los dos pueblos.



Pasado con sentido

¿Cómo se llegó a esta situación? En 1947, la recién creada Organización de la Naciones Unidas (ONU) aprobó una resolución por la cual se creaban en los territorios de Palestina, porción del territorio del antiguo Imperio Otomano, administrado desde el fin de la Primera Guerra Mundial por los británicos y habitado desde siglos atrás por poblaciones árabes, practicantes en su mayoría de la religión musulmana, dos Estados, uno judío y otro árabe. La base humana para la creación del Estado de Israel eran los inmigrantes judíos que habían llegado motivados por el movimiento Sionista (nacionalismo judío) desde finales del siglo XIX a Palestina y los judíos que habían escapado a la política de exterminio del régimen hitleriano antes y durante la Segunda Guerra Mundial.

Los árabes y sus dirigentes rechazaron la resolución de la ONU, mientras que la dirigencia sionista declaraba unilateralmente la creación del Estado de Israel en 1948, al terminarse antes de lo previsto por decisión, igualmente unilateral, el mandato británico sobre estos territorios. Esta situación significó el estallido de hostilidades entre el nuevo Estado y los Estados árabes, que en el plano humano, significó el desplazamiento -forzado en muchos casos- de aproximadamente 800.000 árabes, lo que constituyó el primer contingente de refugiados palestinos que se instaló en los países vecinos y que paradójicamente va a ser la base de la diáspora palestina y uno de los elementos de mayor discordia en las 'negociaciones de Oslo', ya que la Autoridad Palestina exige el derecho del retorno de quienes fueron expulsados o huyeron 'voluntariamente' (motivados por el desarrollo de la guerra).

Esta primera guerra árabe-israelí no sólo tuvo como consecuencia un desplazamiento masivo, sino la apropiación por parte de Israel de territorios que no le habían sido otorgados por la resolución de la ONU.

Los Estados árabes se niegan a reconocer la existencia del Estado de Israel y lo que se vive desde entonces en el Medio Oriente es un estado de guerra permanente, puntuado por acciones bélicas concretas cada cierto tiempo. De las guerras entre árabes y judíos de Israel, (1948, 1956 por el acceso al Canal del Suez, 1967, 1973 o del Yom Kippur, 1982 invasión al Líbano y la actual Intifada, que puede ser asimilada a una guerra) es necesario destacar la de 1967, ya que como consecuencia de su desarrollo, las fuerzas armadas israelies ocuparon Jerusalén Este, Cisjordania, Gaza, los Altos del Golán y la península del Sinaí. La devolución del Sinaí sirvió de base para las negociaciones entre Egipto e Israel y significó el primer reconocimiento por parte de un Estado árabe de la existencia del Estado judío. La devolución de los Altos del Golán, sería la base de una futura negociación con Siria.

Quedan Cisjordania, Gaza y Jerusalén Este. Gaza, pequeña franja de territorio adosado al mar Mediterráneo, al sur del Estado de Israel no representa ninguna importancia real para éste último. Los problemas se centran en Jerusalén, que los judíos consideran parte integral del Estado judío y debe constituir su capital, ya que allí estaba construido el Templo. Los palestinos, igualmente, consideran que allí debe estar la capital de un futuro Estado Palestino, pero a esto se añade que para los musulmanes esta ciudad constituye el tercer lugar más sagrado de su religión después de la Meca y Medina. Es necesario anotar aquí que en la resolución de la ONU esta ciudad gozaría de un estatuto especial y no estaría bajo la soberanía de ninguno de los dos Estados.



Piedra en el zapato

Cisjordania ocupa un territorio que históricamente correspondió en los tiempos de origen del cristianismo a Samaria y Judea y, por lo tanto, para una parte significativa de los judíos israelíes debe formar parte de Estado de Israel. Pero, es allí donde vive la mayoría del pueblo palestino. Anexar a Cisjordania significaría romper el equilibrio demográfico entre judíos y árabes en el interior del Estado de Israel y expulsarlos significaría un crimen contra la humanidad que cuestionaría ante los ojos del mundo la existencia misma del Estado judío.

Los sucesivos gobiernos en Israel, después de la guerra de 1967 resolvieron apoyar la creación de asentamientos judíos en medio de población palestina, despojando a la población local de sus propiedades, es decir generando más refugiados y fraccionando la contigüidad territorial de los territorios palestinos. Aquí tenemos el otro gran obstáculo a un acuerdo definitivo entre el gobierno Israelí y la Autoridad Palestina. El mantenimiento de los asentamientos cuestiona la base territorial de un futuro Estado Palestino y, por lo tanto, es inaceptable, para cualquier representante, actual o futuro, del pueblo palestino.

Esta última afirmación nos conduce al otro obstáculo mayor en cualquier negociación futura y es acerca de la representación del pueblo palestino, la OLP (Organización para la Liberación de Palestina) y la existencia de los movimientos fundamentalistas islámicos en Palestina, el Jihad y Hamas.

La OLP es una federación de movimientos políticos que busca recuperar los territorios perdidos a manos de las autoridades sionistas. Son el resultado del nacionalismo árabe y se cristalizan y unen a mediados de la década de los años 60. Logran, primero el reconocimiento de los Estados árabes, luego de la comunidad internacional y por último de Israel. Es este último reconocimiento, tácito inicialmente, que conduce a las negociaciones de Oslo que desembocan en la creación de la Autoridad Palestina y en un proceso gradual de transferencia de competencias administrativas del gobierno israelí y que terminarían con la creación de un Estado palestino con base territorial en la Franja de Gaza y en Cisjordania.

El proceso de descarriló y llevó a la situación de enfrentamiento actual, pero no constituye el mayor obstáculo que se mencionó en el párrafo anterior. En el interior de la población palestina, en los años 80, le apareció competencia política a la OLP. Como consecuencia del triunfo de la revolución dirigida por los religiosos musulmanes shiítas en Irán, la guerra contra la presencia del ejército soviético en Afganistán, la guerra comunitaria en el Líbano, los grupos fundamentalistas se desarrollaron en todo el mundo musulmán y en los 'Territorios Ocupados' aprovecharon la relativa ausencia de poder provocada por el desplazamiento de la OLP del Líbano a Túnez. Los fundamentalistas islámicos no sólo rechazan tajantemente la existencia de Israel sino que aspiran a crear una entidad política donde la religión y sus preceptos sean el marco de funcionamiento de las sociedades.

Para ellos, la lucha contra Israel constituye solamente una fase de una lucha de más largo plazo. En otras palabras, la competencia política de la OLP en el interior de la población palestina no solamente desea recuperar los territorios perdidos sino que propende por la destrucción del Estado de Israel.

En definitiva, mientras las partes sigan enfrentadas en esta partida, los colombianos y el mundo entero seguirán viendo las sangrientas imágenes que llegan desde Oriente Medio.

* Jefe del Area de relaciones internacionales de la facultad de economía de la Universidad Central.

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