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El presidente brasileño y candidato a la reelección, Jair Bolsonaro, aparece en una caravana en vísperas de las elecciones presidenciales.
El presidente brasileño y candidato a la reelección, Jair Bolsonaro, aparece en una caravana en vísperas de las elecciones presidenciales. (Foto por ERNESTO BENAVIDES / AFP) - Foto: AFP

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Jair Bolsonaro, el exmilitar que aspira impedir el retorno de la izquierda a Brasil y gobernar por otros cuatro años más

Bolsonaro ha prometido que seguirá con las mismas políticas que ha desarrollado durante su mandato.

Jair Bolsonaro aspira este domingo a permanecer otros cuatro años al frente de Brasil tras una primera legislatura marcada por su gestión negacionista de la pandemia. Bolsonaro acude a la cita del 2 de octubre con las expectativas de forzar una segunda vuelta que le enfrente cara a cara con el principal favorito, el expresidente Lula, el candidato del Partido de los Trabajadores (PT), que lidera las encuestas antes incluso de que anunciara de manera oficial que se postularía para volver al cargo.

Bolsonaro, de 67 años, ha prometido que seguirá con las mismas políticas de los últimos cuatro años, en especial aquellas relacionadas con la privatización de empresas estatales estratégicas, como la energética Petrobras, con la que espera hacer posible una de sus promesas de campaña: tener el combustible más barato del mundo.

Representante de los sectores más conservadores de Brasil, no ha escondido nunca su admiración por la dictadura militar brasileña (1964-1985) y ha ido pasando por una decena de fuerzas políticas hasta que a finales del año pasado se unió a las filas del Partido Liberal para poder lanzar su candidatura.

A lo largo de estos cuatro años, Bolsonaro ha hecho de la lucha contra la corrupción su principal bandera política y se ha presentado en campaña como el autor de que el país haya logrado reducir la pobreza gracias a los programas de ayudas sociales que garantizan apoyo financiero a las familias pobres, aunque estas apenas duraron unos meses en plena pandemia.

Su gestión de la crisis sanitaria ha sido ampliamente criticada tanto fuera como dentro del país, tanto que ocasionó una investigación parlamentaria que concluyó que habría cometido hasta nueve delitos. No solo minimizó el alcance del virus, llegó a calificar la enfermedad de “gripecita”, sino que además recomendó el uso de remedios ineficaces por delante de la vacuna, cuya compra retrasó.

El presidente brasileño encara sus aspiraciones de reelección con al menos seis causas pendientes en el Tribunal Supremo y el Tribunal Superior Electoral (TSE), organismos contra los que ha intensificado en los últimos meses sus ataques, coincidiendo con la recuperación de los derechos políticos del expresidente Lula.

¿Cómo ha sido el gobierno de Bolsonaro?

Su triunfo en los comicios de 2018 se produjo en un contexto repleto de arbitrariedades judiciales, entre ellas la detención del propio Lula, que, como ahora, partía con ventaja en las preferencias de los brasileños. El Tribunal Supremo concluyó en 2021 que el proceso contra el expresidente, instruido por el que luego fue ministro de Justicia de Bolsonaro, Sergio Moro.

Durante su mandato, el presidente Bolsonaro se mantuvo fiel a su promesa de “deconstruir” el legado de gobiernos anteriores, a la vez que desafió a las instituciones de un país que se ha visto sometido a cuatro años de tensiones constantes.

Este excapitán del Ejército mantiene un apoyo popular entre el electorado más conservador, que antepone valores en torno a la familia y Dios, y repudia a la izquierda brasileña, a la que asocia a la corrupción y al comunismo.

A menos de un mes de las elecciones, Bolsonaro tiene el 32 % de las intenciones de voto, detrás del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva (45 %), según la última encuesta del Instituto Datafolha.

Los grupos que más rechazan a Bolsonaro son los desempleados, los afro, los estudiantes, los jóvenes y las mujeres, un sector, este último, que su equipo de campaña ha intentado seducir sin éxito a través de la figura de la primera dama, Michelle Bolsonaro, el perfil de mujer –cristiana evangélica conservadora que rechaza la agenda feminista– en el que todavía puede rascar a algunos votos.

La cuestión indígena es otro de los asuntos que se le han reprochado, si bien es cierto que estas comunidades han venido denunciando el abandono de gobiernos anteriores. No obstante, las políticas de demarcación de tierras fueron olvidadas bajo su mandato, en cuyos primeros dos años se produjo un fuerte aumento de las invasiones, asesinatos, así como de la explotación ilegal de recursos.

Deshacer legados

Primero, “tenemos que deconstruir, deshacer muchas cosas”, advirtió Bolsonaro tras llegar al poder en enero de 2019 con un discurso contra la corrupción que había sacudido los anteriores gobiernos de izquierda.

El Ministerio de Cultura fue abolido y la educación fue una de las áreas con mayores sobresaltos, con recortes presupuestarios y cuatro ministros.

Este nostálgico de la dictadura militar (1964-1985) dijo que durante los gobiernos anteriores de izquierda la educación se había convertido en una “fábrica de militantes”.

Junto a las iglesias evangélicas, cuyo peso se ha reforzado en las esferas de poder bajo su mandato, Bolsonaro llevó a cabo una cruzada contra la enseñanza de la diversidad sexual y de género en las escuelas.

En uno de los países más violentos del mundo, flexibilizó además el porte de armas de fuego y los permisos de posesión se dispararon 474 % entre 2018 y 2022.

Críticas internacionales

Las tierras indígenas sufrieron 305 invasiones en 2021 –180 % más que en 2018– y la deforestación de la Amazonia se disparó, en promedio anual, un 75 % en comparación con la década anterior, alentada por el debilitamiento de los organismos de vigilancia medioambiental.

Sin embargo, Bolsonaro ha repudiado las críticas de la comunidad internacional, defendiendo la soberanía de Brasil sobre la Amazonia.

La deforestación y su desentendimiento de los esfuerzos globales contra el cambio climático lo fueron apartando de la escena internacional. Su aislamiento se agudizó cuando Donald Trump, un aliado ideológico, perdió la reelección en 2020 en Estados Unidos.

¿De dónde proviene Jair Bolsonaro?

Jair Messias Bolsonaro nació en 1955 en Glicério, un pequeño pueblo en el interior de São Paulo, en una familia de origen italiano.

Aprendió a pescar y con su padre, Percy Geraldo Bolsonaro, ‘garimpeiro’ en la selva de Pará durante los años 1980, también a buscar oro.

Fue a la academia militar en Río de Janeiro y entró a la vida castrense, salpicada de episodios de insubordinación.

En 27 años como diputado en Brasilia, fue autor de solo dos proyectos de ley que resultaron aprobados.

Este defensor de la familia, que se define católico, ha tenido cinco hijos de tres matrimonios.

Su esposa actual, Michelle, es una ferviente evangélica que ganó protagonismo en la campaña, en la que Bolsonaro ha vuelto a esgrimir su lema “Brasil por encima de todo. Dios por encima de todos”.

Bolsonaro está muy unido a sus tres hijos mayores, todos funcionarios electos, actualmente investigados por sospechas de corrupción o difusión de informaciones falsas.

Después de sufrir un ataque con arma blanca en plena campaña electoral en 2018, Bolsonaro sufre problemas intestinales, posiblemente crónicos, que lo han llevado al hospital en varias ocasiones.

*Con información de Europa Press y la AFP.