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| 10/28/2002 12:00:00 AM

La pareja criminal

La captura de los sospechosos de la serie de crímenes de Washington está llena de misterios. El mayor,por qué John Allen Mohammad quiso que lo atraparan .

Por lo que parece, la terrible pesadilla que vivieron los ciudadanos de la capital de Estados Unidos y sus alrededores terminó el jueves de la semana pasada. Ese día, aproximadamente a las 3:30 de la madrugada, las autoridades les echaron el guante a dos hombres que, según todos los indicios, son los responsables de la serie de atentados que mató a 10 personas, hirió gravemente a tres, aterrorizó a la población y puso en jaque a las autoridades policiales durante más de dos angustiosas semanas.

La noticia de la captura del ex veterano del Golfo John Allen Mohammad, un musulmán converso de 41 años, y el jamaiquino John Lee Malvo, de 17, en una zona de descanso de una autopista en el estado de Maryland, fue recibida con escepticismo. Al fin y al cabo dos días antes fueron apresados en un operativo igualmente espectacular dos hombres que resultaron ser inmigrantes ilegales de México y Guatemala. Lo cierto es que las autoridades habían dado muestras de estar completamente despistadas y el o los autores de las muertes parecían jugar al gato y al ratón con ellas.

Pero los indicios que encontraron las autoridades en el automóvil y en la casa de los sospechosos parecieron disipar todas las dudas. En el carro los policías encontraron un arma equipada con silenciador y mira telescópica y descrita como "el tipo correcto de rifle", lo cual quedó confirmado horas después cuando se anunció que efectivamente los disparos de balas calibre .223 fueron hechos con ese fusil Bushmaster, la versión civil del M-16. Y el automóvil en sí, un Chevrolet Caprice de 1990, se convirtió en otra prueba aparentemente irrefutable: su interior había sido modificado para permitir a una persona acostarse desde el interior hacia el baúl y disparar por un orificio especial. Eso explicaría porqué el asesino podía desaparecer del lugar de los hechos sin permitir que ningún testigo lo señalara.

Una pelea domestica

La captura de los casi seguros responsables fue, sin embargo, un triunfo agridulce para las fuerzas policiales que intervinieron en la carrera contra el asesino y que hoy son objeto de críticas por su supuesto lento desempeño.

En efecto, desde que comenzó el drama los investigadores se encontraron con un adversario que dejaba huellas calculadas pero inconducentes. Pero la primera pista verdadera que tuvieron sólo apareció cuando el propio sospechoso se la proporcionó por teléfono. En la llamada Mohammed, aparentemente exasperado, le dice al operador "Yo soy dios. Si no me creen vayan a ver lo que pasó en Montgomery" El dato condujo a un robo perpetrado el 21 de septiembre en una tienda de licores en Montgomery, Alabama, en el que una empleada murió y otra resultó herida. Pero tal vez no contaba con que la empleada sobreviviente pudo describir los rasgos físicos de uno de sus atacantes.

Los investigadores encontraron en el lugar del atraco un papel con huellas digitales de Malvo, lo que los condujo, a través de la base de datos del FBI, al estado de Washington, donde había sido registrado por una pelea doméstica del 19 de diciembre pasado. Pronto supieron que Malvo había viajado con Mohammad en el área. Unieron cabos, pues ya había una evidencia forense que incriminaba a éste, y compararon la foto de su nuevo sospechoso con el retrato hablado de Montgomery.

Una cosa y otra condujeron a la casa que, según parece, fue habitada al menos en el mes de enero por los sospechosos en Tacoma, Washington, donde aparecieron nuevos indicios. Allí encontraron el muñón de un árbol cortado en el que, según los vecinos, los sospechosos practicaban tiro al blanco. Según parece los dos hombres se conocieron en la localidad de Bellingham, estado de Washington, donde Mohammad había cortejado a la madre de Malvo, por lo cual lo trataba de "hijastro".

De inmediato la persecución que estaba estancada se precipitó. Las

pesquisas electrónicas condujeron al vehículo que Mohammad había comprado a un ex agente encubierto de la policía por 250 dólares en agosto de 2001. Y la captura se produjo cuando un conductor descubrió el Chevrolet en un descanso de autopista. Los hombres dormían en su interior.

Pistas y motivos

Ahora parece claro que Mohammad siguió el patrón clásico del asesino en serie, que según los sicólogos suele estar obsesionado por mantener la atención de las autoridades y de los medios pero quiere que lo atrapen. Esa sería la explicación de las notas dejadas, en la amenaza a los niños, en la exigencia extraña de la entrega de 10 millones de dólares y en las llamadas telefónicas que llevaron a su captura.

Pero en este caso las autoridades describieron al sospechoso principal, Mohammad, como un hombre de una "ira intensa". Aunque las autoridades no se han atrevido a precisar los motivos que pudieron llevar a los sospechosos a los asesinatos algunos señalaron que Mohammad y Malvo podrían haberse motivado en el odio hacia Estados Unidos, aumentado desde los atentados del 11 de septiembre. Varios testigos dijeron que Muhammad, anteriormente Williams, se convirtió al islamismo antes de entrar al ejército y servir en la Guerra del Golfo y solía hacer manifestaciones de simpatía con los terroristas que perpetraron los ataques contra Nueva York y Washington. Sus frases eran del estilo de "Estados Unidos se lo merecía".

Y aunque no se han probado vínculos con organizaciones como Al Qaeda, algunos no pudieron evitar la hipótesis de que podría tratarse de una especie de 'copycat', que actúan sin una vinculación orgánica con el grupo terrorista, motivados por la afinidad con sus ideas. Lo peor de esa teoría es que podría desatar una ola de prevención contra los musulmanes de Estados Unidos y, sobre todo, a los de raza negra, como los integrantes del movimiento Islamic Nation, del líder Louis Farrakah. Pero, por lo pronto, los residentes del área de la capital pueden dormir tranquilos.

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