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| 5/2/1983 12:00:00 AM

PATRIARCA TROPICAL

Ríos Montt: ¿loco osimulador, religioso o fanático? he aquí un balance de su polémica actuación

PATRIARCA TROPICAL PATRIARCA TROPICAL
Su militancia en la "Iglesia del Verbo" parece un chiste fácil, dada su notoria afición a los excesos orales. Una pasión que lo llevó a combinar las prácticas de contrainsurgencia en Fort Gullick y Fort Bragg, con los cursos de oratoria en la universidad Dale Carnegie. Y que, en la actualidad, lo impulsa a sermonear a sus compatriotas todos los domingos por la noche, exhortándolos a que renuncien a sus "malos hábitos delpasado".
Tras sólo un año terrible de permanencia en el poder, el general Efraín Ríos Montt (67 años de edad y 39 en el Ejército) se destaca con rasgos peculiares y extravagantes en la inacabable lista de dictadores latinoamericanos.
"Patriarca" tropical, frente al cual el modelo de García Márquez resulta discreto y mesurado, es asi mismo el primer pastor de una secta fundamentalista norteamericana, también conocida como los "Cristianos Renacidos", originarIa de Eureka, California, una tierra pródiga en fanáticos y charlatanes religiosos que combinan los Evangelios con la CIA y el "Big business".
Pero Ríos Montt no siempre fue protestante. Cuando la Democracia Cristiana lo llevó como candidato presidencial en las anuladas elecciones de 1974, era un ferviente católico romano. Tal vez la decisión del dictador de turno de impedir su acceso a la presidencia, en benficio del general Laugerud García, tuvo que ver con su conversión al evangelio fundamentalista. En esa ocasión, no sólo debió renunciar a sus aspiraciones de poder: casi pierde la vida y pudo darse por muy satisfecho cuando le cambiaron el sillón presidencial por la Agregaduria Militar en España.
Algunos biógrafos aseveran que se convirtió al fundamentalismo al regresar de Europa, al observar el creciente esplendor de la "Iglesia del Verbo", que adquirió gran predicamento a partir del auxilio material que brindó a las víctimas del terremoto de 1976.
A pesar de sus declaradas pláticas cotidianas y familiares con Dios, a quien atribuye su ascenso al poder, alguna gente que lo conoce de cerca pone en duda la índole de su religiosidad. Se atribuye a su hermano --obispo católico de Escuintla-- la siguiente frase: "Efraín no es religioso; Efraín es loco simplemente".
"Elegido de Dios"... ¿O de Reagan?
Religioso o no, loco o simulador, lo cierto es que era el hombre ideal en 1982, para un "cambio de fachada" en el régimen tenebroso que Guatemala viene sufriendo desde 1954, cuando fuerzas dirigidas por la CIA derribaron al régimen democrático de Jacobo Arbenz.
En marzo de 1982, el general Romeo Lucas García, ampliamente desprestigiado a nivel nacional e internacional por su régimen represivo y corrupto, convoco a elecciones, designando como candidato al general Aníbal Guevara. El abstencionismo trepó al 80% y el fraude fue escandaloso, incluso para un país que ya había superado en esta materia todos los niveles de asombro.
En esas condiciones, resultaba poco propicio para la administración Reagan restablecer la ayuda militar suspendida por el gobierno de James Carter en 1977. Se hacía indispensable encontrar un "gato pardo" y Ríos Montt era la pieza indicada. Por un lado, era efectivamente un hombre del régimen, comprometido en la matanza de campesinos de Sansiray (a comienzos de los 70); por otro, había adquirido apariencia democrática, merced a su frustrada intervención electoral en 1974.
La "mano de Dios", o mejor, la del diablo, fue en este caso la del embajador estadounidense, Frederick Chapin, un "experto" de la CIA devasta actuación en la AID y en la diplomacia "caliente" de El Salvador. El 23 de marzo se dio el golpe y asumió el poder una junta militar, presidida por Ríos Montt. Tres meses después, en un "minigolpe", Ríos Montt disolvió la junta y concentró el poder ejecutivo en sus manos.
Las palabras y los hechos
En sus comienzos, el flamante dictador hizo hincapié en el "combate contra la corrupción y la represión ilegal", anunciando el desmantelamiento de los grupos paramilitares y el castigo de sus integrantes, mientras prometía una amnistía para las fuerzas insurgentes, por entonces ya fusionadas en la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG).
A los funcionarios públicos les hizo jurar: "Yo no robo, yo no miento, yo no abuso", pero no se condenó a los personajes principales del régimen de Lucas García, "por falta de pruebas".
Algunos cuerpos represivos, como el de detectives de la Policía Nacional, fueron disueltos por utilizar "procedimientos empíricos e inadecuados"... pero prontamente fueron reemplazados por otros.
Por un lado, las palabras, como los reiterados anuncios de una "reconciliación de la familia guatemalteca".
Por otro lado, los hechos: la implementación del estado de sitio, que el dictador definió como "interesante y necesario como un embarazo"; el asesinato de 15 mil personas en un año; la huída a México de 100 mil campesinos en el mismo lapso; la política de tierra arrasada con pueblos enteros borrados del mapa y la creación de "aldeas estratégicas" como en Vietnam, donde se reubica a los campesinos cerca de las guarniciones militares, en un cruel pero ineficaz intento por aislar a la guerrilla. Por último, la creación de tribunales del fuero especial, secretos y carentes de abogados defensores, que ya fusilaron a 15 acusados y que tienen encausados a otros 200.
La ONU condena, Washington aplaude
Los "métodos bestiales del Ejército", como los definió Pax Christi, así como los de los grupos civiles armados por el gobierno, han sido registrados en incontables testimonios que hablan de mujeres violadas y degolladas, de hombres ahorcados, de niños estrellados contra las piedras, de casas saqueadas y cosechas incendiadas.
El régimen recibió la condena de por lo menos veinte organismos internacionales, incluyendo a la propia Asamblea de las Naciones Unidas.
A despecho de esta condenación generalizada, Ronald Reagan se encontró con Ríos Montt en Tegucigalpa y reinició la ayuda militar a Guatemala, a espaldas del Congreso. Llegó a sostener que "Ríos Montt está totalmente dedicado a la democracia". Una opinión que pocos comparten a nivel internacional, salvo Israel, Chile y Argentina, que envían "asesores" y naturalmente, la Iglesia Fundamentalista de EE.UU. que colabora con su "pastor" en el establecimiento de "aldeas modelo".
El tema de los refugiados es fuente, por otra parte, de permanentes roces con México. Y, aunque Ríos Montt le dijo al periódico azteca "Excelsior" que "ama a los mexicanos", éstos no olvidan las frecuentes incursiones del Ejército guatemalteco, que suele cruzar la frontera persiguiendo refugiados.
Por si fuera poco, este predicador del genocidio ha llevado las relaciones con el Vaticano a un punto incandescente. Horas antes de la visita de Juan Pablo II a Guatemala, cometió la siniestra torpeza de fusilar a seis condenados a muerte para los cuales Roma había solicitado clemencia. Esto le valió la censura de un Papa que ya estaba preocupado de antemano por los insólitos progresos del protestantismo en Guatemala.
Vientos de fronda
A la censura internacional se suma el descontento interno, que va en aumento. Las recientes propuestas de "apertura política", formuladas al cumplirse el primer aniversario del golpe, no conformaron a nadie. Hubo agrias críticas de los partidos socialdemócratas proscritos (Frente Unido de la Revolución y Partido Socialista Democrático) de la propia Democracia Cristiana --que había apoyado hasta ahora al nuevo gobierno-- y hasta del ultraderechista Movimiento de Liberación Nacional (MLN), que gravita sobre el Ejército.
La repulsa de los partidos políticos, vino a sumarse a las críticas de un episcopado, que hasta hace muy poco había sido bastante complaciente, y al malestar de ciertas fracciones de la clase dominante.
Pero los mayores dolores de cabeza se los sigue proporcionando una guerrilla, que, a fines de 1982, Ríos Montt daba por aniquilada. Hay un promedio mensual de 60 operaciones y las bajas del ejército en ese lapso oscilan entre 100 y 150. Se habla ya de fisuras en las Fuerzas Armadas y no sería de extrañar que, tanto los altos mandos como el propio Departamento de Estado norteamericano estén pensando en reemplazar a Ríos Montt.
El "pastor" dijo el 23 de marzo pasado, "día de la dignidad nacional", que fusilaría a los que intenten un golpe. Pero el cálculo de probabilidades juega en su contra: entre 1954 y 1982 hubo once presidentes un promedio inferior a los tres años para cada uno. Porque en Guatemala los personeros del terror no se eternizan en el poder.
Lo único estable allí es el terror mismo.--
Miguel Bonasso, Corresponsal de SEMANA en México.

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