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| 10/29/1984 12:00:00 AM

REAGAN SE HACE EL LOCO

La adhesión de Nicaragua al acuerdo centroamericano produce desconfianza en Washington, donde no se reconoce la labor de Contadora

REAGAN SE HACE EL LOCO REAGAN SE HACE EL LOCO
Nuevamente sorprende la actitud del gobierno de Ronald Reagan hacia las gestiones que adelanta el Grupo de Contadora para lograr la paz en Centroamérica. Esta semana, después de que Nicaragua ofreció finalmente adherir su firma al Acta para la Paz y la Cooperación en Centroamérica--lograda tras 21 meses de difícil trabajo por parte de los representantes de los países del Grupo--, el Departamento de Estado en Washington acusó a los nicaraguences de "hipócritas" al declarar que su decisión era puramente "propagandística", a la vez que le restaba valor a las gestiones adelantadas por Colombia, México, Panamá y Venezuela.
El Secretario de Estado--George Shultz-afirmó que el tratado de Contadora "no contempla aspectos sustanciales", y el presidente Reagan --en su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas--, omitió cualquier mención de los avances hacia un acuerdo final para la paz en la región, y esto a pesar de que uno de los principales temas en la agenda para la Asamblea de la ONU son precisamente las gestiones de Contadora.
Para gran sorpresa de la Casa Blanca, Nicaragua anunció que estaba dispuesta a adherir sin reservas su firma a un proyecto de tratado regional de paz ya aprobado en principio por El Salvador, Honduras y Costa Rica, y que el gobierno de los Estados Unidos parece estar resuelto a combatir aunque desde un principio manifestó que apoyaba las negociaciones de Contadora. El acuerdo contempla el compromiso por parte de todas las naciones centroamericanas de cesar el apoyo a los insurgentes de países vecinos, reducir y supervisar las importaciones de armas a la región, retirar en su totalidad a los asesores militares extranjeros, y garantizar elecciones periódicas en cada país.
Según han expresado analistas políticos en Washington, la reciente actitud de la administración Reagan --que contradice insinuaciones anteriores de suspender su "guerra secreta" si esos objetivos del acuerdo eran acogidos regionalmente--, responde a su política de oposición al gobierno sandinista y a su empeño, según algunos de sus críticos, "de no conformarse hasta no ver derrocado al gobierno nicaraguense". Según declaraciones de un funcionario de la Casa Blanca citadas en el New York Times, "todo el asunto consistía en lograr que los nicaraguences aceptaran la propuesta de Contadora, y ahora que lo hacen nosotros decimos que no estamos satisfechos". Analistas de la política norteamericana coinciden al explicar que en realidad a la actual administración no le interesa el éxito de las gestiones por la paz que desde enero de 1983 adelanta Contadora, y que igualmente le conviene quitarle legitimidad a las elecciones nicaraguences respaldando a Arturo Cruz para que no participe en ellas.
Por otra parte, según declaraciones hechas a esta revista por la Embaiada de Nicaragua en Washington, las negociaciones entre el gobierno sandinista y el candidato opositor Arturo Cruz--efectuadas con la mediación de Presidente colombiano Belisario Betancur--, "siguen llevándose a cabo y el resultado dependerá también de la acogida que tengan las propuesta que ante la ONU están llevando los países del Grupo de Contadora a través de sus respectivos cancilleres mandatarios". Sin embargo, aunque las inscripciones de candidatos volvieron a prorrogarse hasta el 1° de octubre dándole una oportunidad más los tres partidos de la Coordinadora Democrática que encabeza Arturo Cruz, para apuntar a su candidato, el vocero de la embajada manifestó SEMANA que temen que Cruz, si decide inscribirse y después se le concede un aplazamiento de las elecciones, opte a último momento por no participar, arguyendo nuevamente que aún no existen las condiciones favorables. Una de las condiciones que exige Cruz para participar de los comicios, es que se levante el estado de emergencia en todo el país. Los nicaraguenses han contestado que su país no vive en condiciones favorables de tiempos de paz, sino que "vive en estado de emergencia" porque es un país en guerra que constantemente se defiende de las agresiones de grupos armados de oposición apoyados por Washington.
Desde que Arturo Cruz, quien ha residido en los Estados Unidos desde hace más de treinta años, fue nombrado candidato del grupo denominado Coordinadora Democrática Nicaraguense que representa a tres partidos, Washington lo ha respaldado presentándolo como la principal figura de oposición aunque otros partidos, como el Liberal Independencia, han movilizado mayor apoyo social. De esa manera la administración Reagan presenta la decisión de Cruz de no participar en los comicios como evidencia, según afirmó Shultz el mes pasado, de que "los sandinistas pretenden hacer un simulacro de elecciones según el modelo soviético".
Si Cruz acepta participar en las elecciones presidenciales del próximo 4 de noviembre, despojando así a la Casa Blanca de su justificación para calificar esos comicios de "ilegítimos", resultaria más dificil obtener en el Congreso el apoyo que solicita para continuar su "guerra secreta" contra el gobierno de Nicaragua.
En consideración al anterior argumento, algunos politicos estadinenses proponen, según informes del Washington Post, que Nicaragua conceda aplazar las elecciones generales para alguna fecha a principios de 1985, antes de que finalice en Washington el periodo de sesiones del Congreso en donde se pide más dinero destinado a ayudar militarmente a los grupos antisandinistas.
De la misma manera, si los objetivos de Contadora tienen éxito al ser acogido el nuevo proyecto de tratado para la paz en la región por todos los paises participantes, ello se convertirá de inmediato en otro factor en contra de extender la ayuda congresional a los grupos contrainsurgentes que ha venido apoyando la administración de Reagan. Y como Contadora planea invitar al gobierno de los Estados Unidos a que se acoja a los compromisos contenidos en el acta para lograr la paz en la región, y una vez hayan adherido su firma los cinco paises centroamericanos, a la administración de Reagan se le agotarían definitivamente todos los canales le gales de apoyo a los "contras" que tienen como meta desestabilizar y finalmente derrocar al gobierno nicaraguense. -

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