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| 9/10/1984 12:00:00 AM

¿BALA POR ACCIDENTE?

Entre dos fuegos se encontró la Comisión Diálogo en el Cauca.

¿BALA POR ACCIDENTE? ¿BALA POR ACCIDENTE?
Era la primera vez que la Comisión de Negociación y Diálogo se iba a reunir con los comandartes del M-19 en la zona de operación de este movimiento guerrillero. No era una zona cualquiera. Era la más beligerante, era aquélla donde se habían librado los combates más recientes, bajo el mando de Carlos Pizarro. San Francisco de Toribio, una aldea de indígenas paeces, recuperadores de tierra y dueños de un cabildo autónomo, era el sitio señalado.
En un avión de la FAC salieron de Bogotá ese domingo 5 de agosto por la mañana, el ex ministro Bernardo Ramírez, el parlamentario Horacio Serpa Uribe y la periodista Laura Restrepo. En Pereira recogieron al obispo del lugar, monseñor Darío Castrillón y en Cali al comisionado del M-19, Andrés Almarales. Aquella mañana dominguera los transeúntes del aeropuerto de Palmaseca se miraron nerviosos, cuando los altoparlantes llamaron insistentemente: "Señor Andrés Almarales, es solicitado en las oficinas... ". La idea había sido del ex ministro Ramírez, ante la tardanza del ex guerrillero amnistiado.
En helicóptero la comisión completa llegó a la plaza del caserío indígena, donde gentes uniformadas y calzadas con botas pantaneras de caucho los rodearon. No eran guerrilleros, como se podía inferir por las botas, sino tropa antiguerrillera. Un capitán, de apellido Echeverría, comandante de la tropa quien no sabía de la reunión que se iba a celebrar preguntó: "¿Ustedes quiénes son y qué cargos tienen?". Al revisar las cédulas de los comisionados, reconoció solamente a Almarales: "Ajá, usted es el amnistiado". Los demás tuvieron que explicar: "Yo soy ex ministro", "Yo obispo"...
Los soldados, en número de 120 habían llegado desde el viernes anterior a efectuar "operaciones de control". Y curiosamente, a pesar de que en el caserío la población estaba enterada de que se iba a celebrar la reunión de paz, los militares la ignoraban. No sabían que la comisión nombrada por el gobierno y la guerrilla del M-19 y del EPL, habían pactado que antes del próximo acuerdo definitivo de paz se realizarán amplios intercambios con los guerrilleros en sus propias bases de operación. Mucho menos conocían que ese día y en ese sitio se iria a llevar a cabo uno de esos intercambios.
El comandante militar se comunicó por radio con sus superiores y volvió más amable donde los comisionados, quienes en un afán por aclarar rápidamente las cosas, se devolvieron a Cali, desde donde Bernardo Ramírez habló por teléfono con Bogotá y obtuvo la garantía del retiro de las tropas. De regreso a San Francisco, el capitán Echeverría ya había recibido órdenes de retirarse, pero curiosamente, en lugar de enrumbar a sus hombres por el camino a Toribio, que era su lugar de origen y por lo tanto de destino, lo hizo en sentido contrario, por un camino hacia el interior, que no conduce a ninguna parte. Era el camino, donde dos columnas de guerrilleros, comandados por Iván Marino Ospina y Antonio Navarro Wolf esperaban que se despejara de tropas el escenario del encuentro.
Cuando la tropa abandonó el caserío, un correo campesino avisó a la guerrilla que el Ejército se había retirado. Todos creyeron que hacia Toribio. De repente, en el sitio llamado Barandillo, y como a diez minutos de marcha desde el caserío Paez, comenzó a sonar un tiroteo tremendo. Mujeres indígenas bajaron azoradas por el camino gritando: "¡Se están matando, se están matando!".
Los comisionados, que estaban a la espera en la plaza de San Francisco, resolvieron remontarse nuevamente en el helicóptero, para buscar el sitio de combate y tratar de impedir el fuego. Tras media hora de vuelo, en el que el sonido ritmico de la hélice se mezclaba con la melodía siniestra y espasmódica de los tiros, se divisó una columna de guerrilleros que hacia señas con pañuelos blancos. El aparato bajó sobre un claro, que resultó ser el patio de la escuela La Primicia, y allí comenzaron a llegar los guerrilleros agitados y sudorosos, con sus armas en posición de combate. Mezcladas en la barahúnda, aparecieron los periodistas Olga Behar del Noticiero 24 Horas y Ana Cristina Navarro de la televisión española, cuyos camarógrafos habian grabado por primera vez un combate en vivo. Luego, montado en una mula, apareció el líder Iván Marino Ospina, cuya voz quedó grabada en la cámara: "Hay que suspender y paralizar ese fuego. Traigan una bandera blanca. Ustedes -dirigiéndose a los miembros de la Comisión- se colocan en la mitad con la bandera y nosotros suspendemos nuestros fuegos".
Mientras el parlamentario Serpa Uribe se quedó con los guerrilleros, que seguían llegando a la escuela, el resto de la Comisión se aventuró por un camino abajo, en busca de la tropa, sin más defensa que la camisa blanca del piloto del helicóptero, quien en un arranque de lucidez, de ésos que sólo se producen en la guerra y en el juego, resolvió acompañar al ex ministro, al obispo y a la periodista en medio de las balas, porque "eso es hacer patria". La misión era avisarle a la tropa que los guerrilleros estaban dispuestos a cesar el fuego para que ellos hicieran lo propio.
El camino entre dos fuegos duró media hora. Tiempo en que los comisionados no veían ni guerrilleros ni soldados, solamente oían el ruido de la muerte. Su instinto los guiaba hacia donde creían encontrar a los soldados. Ellos eran blanco fácil, pero estaban seguros de que desde ningún bando les disparaban. Las balas silbaban, pero no buscaban sus carnes. Buscaban uniformes verde oliva agazapados tras la maleza, a distancia prudente de sus propias cabezas. Para mayor seguridad, los comisionados y el piloto resolvieron gritar en coro lentamente, como lo hacen los manifestantes por las calles de las ciudades: "Sooomos la Comisióooon de Paaaaz". Entonces, en ese momento, cuando la muerte estaba tan cerca, apareció el humor como prueba pertinaz de la vida. El ex ministro Ramirez dijo: "Nunca me imaginé que terminaríamos gritando consignas como los de Fecode".
Cuando una ráfaga cercana levantó polvo a los pies de los comisionados, todos saltaron a una zanja y se atrincheraron hasta que un soldado gritó: "manos en alto y troten". Así tuvieron que arrastrar su dignidad hasta un camión militar blindado, detrás del cual se guarecían algunos soldados que trataban de animar a un sargento herido en un hombro. El charco de sangre estaba todavía fresco en el camino. Bernardo Ramírez se puso al comando del radio en el camión y por 15 minutos regateó con un militar superior el alto al fuego: "Hay que parar el fuego, que la guerrilla ya está dispuesta" era su argumento. Finalmente el capitán Echeverria ordenó cesar los disparos y poco a poco el ruido general se redujo a escasos tiros aislados.
El combate, iniciado hacia el medio día, duró dos horas, al final de las cuales los soldados caminaron hacia el pueblo, en ruta hacia Toribío, y los comisionados regresaron arriba, a la escuela donde permanecían los guerrilleros. Comenzó a caer una lluvia suave que pareció temperar la belicosidad del ambiente. Todos esperaron a que anocheciera y a eso de las 8 p.m., los comisionados y los guerrilleros -que eran unos 150- concurrieron a San Francisco, ya desocupado de militares, y celebraron finalmente la reunión de paz hasta la media noche.

¿QUIEN DISPARO PRIMERO?
Las periodistas de televisión, que venían con los guerrilleros afirmaron luego que estos no iban en plan de combatir, que llevaban morrales, que sus armas iban aseguradas, que las habían mandado a ellas adelante para filmar el encuentro con la Comisión de Negociación y Diálogo, y que cuando los insurgentes vieron la tropa se agazaparon para protegerse. Dirigentes guerrilleros, al calor del combate, acusaron al Ejército en declaraciones para la radio, por haberles tendido una emboscada. "Fue un combate de encuentro", afirmaron expertos en estrategia, que dudaron de la posibilidad de determinar quién disparó el primer tiro.
Aunque los términos de la conversación entre los comisionados y los comandantes Ivan Marino Ospina, Antonio Navarro Wolf y Gerardo Ardila, no trascendieron a la prensa, se supo que todos estaban eufóricos porque la reunión, a pesar de todos los pesares, se había podido hacer y las últimas aristas del acuerdo de paz se habían podido limar, en un ambiente de discusión amplia entre la Comisión del gobierno y las bases guerrilleras en su propio terreno de operaciones.

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