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De ‘mula’ al avión

La nueva tendencia de los narcotraficantes es reclutar personas famosas o de estratos altos para burlar los controles de los aeropuertos y sacar la droga del país.

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8 de julio de 2001, 7:00 p. m.

El 17 de mayo de 2001 cientos de colombianos indignados lograron que David Letterman ofreciera disculpas al aire por una injusta broma en la que sugería que la habilidad de la señorita Colombia, Andrea Nocetti, era tragar cápsulas con droga. Los colombianos interpretaron el arrepentimiento del presentador como un triunfo en la lucha por mejorar la imagen del país. Sin embargo la dicha duró poco. Diez días después tuvieron que tragarse su indignación luego de que las autoridades de la Florida capturaran al actor Luis Fernando Montoya con 100 bolsas de heroína en su estómago. Por esa misma fecha los medios tuvieron conocimiento de un hecho similar ocurrido el 8 de mayo y que involucraba al ex magistrado Carlos Alberto Trujillo Moreno. El ex funcionario fue detenido en Cali —antes de abordar un vuelo hacia Miami— con cápsulas que contenían 210 gramos de cocaína. La noticia todavía estaba fresca cuando se supo que el ex ciclista Gustavo Wilches, ganador de la vuelta a Colombia en 1990, fue detenido en el aeropuerto El Dorado cuando pretendía viajar a Ciudad de México con 40 cápsulas de heroína en su organismo.

Estos tres casos trajeron a colación el incidente protagonizado por Andrés Felipe Lafourie, hijo de María Inés Restrepo, directora nacional del Plante, el 22 de noviembre cuando con un amigo intentó introducir en Estados Unidos 15 libras de heroína. Los dos muchachos fueron arrestados en Miami y condenados a 70 meses de cárcel.

El país enteró se consternó con los desafortunados sucesos. La pregunta que quedó flotando es si el tráfico de mulas, que antes se asociaba a las clases menos favorecidas, había logrado infiltrarse en el estrato seis. Después del barullo que se armó en torno al chiste de mal gusto de Letterman la realidad nacional se encargó de ponerles los pies en la tierra a los colombianos.

Según funcionarios de la Dijin el fenómeno de las mulas es más grave de lo que parece pero sólo llama la atención cuando un personaje reconocido resulta involucrado. Las autoridades han encontrado que las redes del narcotráfico, efectivamente, sí están empleando nuevas técnicas para reclutar a sus correos con el fin de pasar los controles y lograr sacar las drogas. Una fuente del DAS reveló que hace 10 años los capos seleccionaban a las ‘mulas’ y les gestionaban sus visas. Pero cuando los controles se hicieron más estrictos y las visas de expedición reciente se tornaron sospechosas decidieron recurrir a jóvenes que de antemano tuvieran estos documentos al día. “La tendencia ahora es convencer a personas preparadas, de familias acomodadas, que tengan visa o residencia en Estados Unidos y que no llamen la atención”, dijo el funcionario.

Para convencerlos de hacer estos trabajos los traficantes se toman todo el tiempo necesario. Les dan regalos, les prometen sumas de dinero en poco tiempo, les aseguran una mejor calidad de vida y les juran que no van a ser capturados. Este trabajo sicológico funciona mejor si la persona atraviesa por una difícil situación económica.

Aunque la plata es un factor decisivo los sicólogos opinan que cada vez más colombianos están en riesgo de caer en estas actividades debido a que la sociedad está inmersa en un modelo consumista que le exige tener éxito y dinero. Otro factor que incide es una creciente tendencia entre los jóvenes a asumir conductas de riesgo para llamar la atención y conseguir reconocimiento a cualquier precio. “Al aceptar estos retos se sienten importantes y estimulados. En estos casos el riesgo que corren o el daño que puedan causar a otros es insignificante frente a la necesidad de sobresalir”, dice el sicoanalista Germán Aguirre. A todo esto se suma una carencia de valores en la que prima más conseguir dinero fácil que con esfuerzo y dedicación. Muchos de estos correos de alto turmequé no necesitan la plata para sobrevivir sino para darse lujos que de otra manera serían inaccesibles. “Esta gente lo hace para comprarse carros deportivos, llevar a la novia a Francia y gastarse el dinero en fiestas”, aseguró un funcionario de la Dijin.

El cambio de perfil de las mulas obedece a que el mercado de drogas ilícitas se está transformando. Aunque la cocaína sigue siendo la principal sustancia ilegal que transportan estas ‘mulas’, las autoridades han observado un repunte en la demanda de heroína. Si bien es cierto que en la década de los 80 el consumo de esta droga estaba limitado a grupos marginales las nuevas técnicas de procesamiento han permitido que en lugar de inyectarla pueda ser inhalada. Gracias a su nueva presentación la heroína subió de estatus, lo cual le ha permitido entrar a los círculos más altos. La oficina de políticas de Control Nacional de Drogas de la Casa Blanca afirma que el uso de heroína en Estados Unidos se ha duplicado en los últimos cinco años mientras que el de cocaína ha bajado un 70 por ciento en la última década.

Al haber aumentado la demanda los precios se han disparado. Los traficantes colombianos han aprovechado esa oportunidad para disputarse el control del mercado con los traficantes asiáticos. Pese a que Suramérica sólo produce el 2 por ciento del total mundial de heroína Colombia abastece el 66 por ciento de la demanda norteamericana. Mientras un kilo de heroína asiática se cotiza a 300.000 dólares en una calle de Nueva York el producto colombiano se consigue por 75.000 dólares. Esta cifra ha hecho que el negocio sea más lucrativo incluso que el de la coca. Según datos de la Dijin, el negocio es tan rentable que con sólo invertir 27 millones en el envío de un kilo de heroína el traficante puede ganar hasta 100 millones, es decir, cuatro veces la inversión.

Esta danza de los millones ha hecho posible que el trabajo del correo humano se cotice mejor. Por cada envío de heroína el traficante le paga al courier entre 5.000 y 15.000 dólares, que en pesos colombianos es equivalente a ganar en un solo día más de 10 millones de pesos. En 2000 las autoridades registraron 483 casos, de los cuales aproximadamente 272 corresponden a correos humanos que llevaban la mercancía en cápsulas ingeridas o camufladas dentro de sus genitales, adheridas a las suelas de los zapatos o escondidas en los senos y glúteos mediante cirugía.

Ambos sexos son susceptibles de caer en la tentación pero los hombres siguen siendo los que más se prestan para convertirse en correos humanos. Aun cuando se han presentado casos de niños de 7 años hasta ancianos de 90, la mayoría de ‘mulas’ están entre 20 y 40 años.

Capturar a las ‘mulas’ ha sido de gran ayuda para desmantelar las bandas pero las autoridades son conscientes de que los traficantes seguirán encontrando personas dispuestas a hacer el trabajo. Por eso sugieren que las campañas preventivas sean mucho más fuertes y revelen los verdaderos riesgos físicos y emocionales que corren los correos. Esta iniciativa debe ir de la mano de una política de rehabilitación para que después de pagar la pena, que en Colombia apenas llega a los cinco años de cárcel, el individuo no reincida en el delito.