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| 1/8/2018 9:00:00 PM

Mona Jaller: un nuevo y misterioso capítulo

El Washington Post publicó un reportaje sobre la colombiana que asegura haber sido amante de Hugo Chávez y ha sido acusada de estafar al ejército en Colombia y a millonarios en Estados Unidos. Le ofreció asilo a Martinelli a cambio de miles de dólares.

El nuevo misterioso capítulo de la vida de la Mona Jaller Mona Jaller: un nuevo y misterioso capítulo Foto: Canal 1/Noticiero CM&

Si fuera por lo que Giselle Jaller Jarbour relata de su vida, se podría decir que pocas aventuras de Hollywood lograrían levantar un guión semejante. La mujer asegura haber sido amante de Hugo Chávez y esposa secreta del presidente egipcio. Habla de sus yates y viajes en jet privado y de cómo ha influenciado la vida de poderosos en el mundo. Se describe como la mentora de Ivanka Trump y asegura que tiene las influencias para conseguirle asilo político al ex presidente panameño Ricardo Martinelli.

Esa saga de aventuras, conocidas en Colombia desde la década de los 90, hoy son objeto de una enorme curiosidad en los Estados Unidos. Su historia fue publicada por segunda vez en el diario Washington Post este domingo y fue la más leída del periódico norteamericano. En el reportaje, el prestigioso periodista Manuel Roig-Franzia reconstruye su vida a partir de los rastros que dejó en la capital de los Estados Unidos.

Jaller no es conocida en esa ciudad como la ‘mona‘, sino como Madame Giselle. Sus relatos pasaron de ser anécdoticos y ahora constituyen uno de los casos criminales que más intriga despiertan en Washington. Madame Giselle llegó al acomodado barrio de Chavy Chase en el que rentó un lujoso apartamento. Allí, ella se aprovechaba de la ingenuidad de sus vecinos para pedirles plata prestada y nunca pagarles.  A todos les aseguraba que podía hacerlos ricos con inversiones en países con dificultades como Venezuela. 

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Según el diario, desde su lujoso apartamento presumía su acceso a la alta clase de los poderosos. Pero dos de sus vecinos en medio de la duda y la intriga decidieron esculcar en su vida. Los vecinos aseguran que fueron engañados por Jaller para que le dieran $ 70,000 USD en efectivo para supuestamente invertirlos en un negocio que vendería indumentaria al ejército de Venezuela. Lleno de enfado, uno de los vecinos decidió demandar y asegura que el negocio nunca existió.

Uno de esos vecinos fue Robert Underwood, un hombre recién separado que llevaba una vida de padre soltero. Giselle se presentó como una mujer muy influyente que podría llenar ese vacío de madre que la familia tenía. Sin embargo, las cosas no se dieron así. El Washington Post encontró unos emails en los que ella le pide dinero y le dice que por favor se lo deje debajo de la puerta. La mona comenzó a presionar por más plata hasta que Underwood decidió buscar un abogado y comenzar un pleito ante la justicia de ese país.

"Todo lo que queda de la mujer sombría conocida como Madame Giselle, una encantadora dama con un gusto por la buena vida y un don para extraer grandes sumas de dinero de vecinos sin saberlo, son algunas bolsas de mercado llenas de archivos de su proceso en una corte extranjera y preguntas. Muchas preguntas", señala el reportaje del Washington Post.

A pesar de que el apartamento era el eje de su vida social, Jaller no estaba pagando el alquiler. Roig-Franzia, el periodista del Washington Post, narra que la Mona comenzó una dura batalla por quedarse con sus cosas dado que estas llegaban a valer cerca de 1,5 millones de dólares e incluían un seguro. Pero ninguna compañía de mudanzas llegó a su apartamento. Su edificio estaba siendo desalojado por su enorme deuda de 9.000 USD.

Antes de que el equipo de desalojo llegara se vio actividad y movimiento adentro del apartamento. Roig-Franzia describe a un hombre con pantalón de camuflado contestó que Jaller no se encontraba dentro de la propiedad. No contó mucho sobre lo que tramaba y quedó en silencio cuando se le preguntó sobre el paradero de la Mona. Dijo que las cosas serían donadas a una iglesia episcopal africana en Washington (no dijo el nombre). El hombre de pantalón camuflado dijo que era miembro de la iglesia, pero luego olvidó su discurso y dijo que solamente era un enlace. El apartamento está vacío.

Cuando las cosas de la Mona estaban apiladas en el camión este partió hacia el sur de Washington y se detuvo en una cafetería del noreste de la ciudad. Ahí recogió a un hombre de gorra y le mostró el contenido del camión. Ambos se subieron al camión a dejar las cosas. Pero no las dejaron en una iglesia. Sino en una residencia privada cerca a la Universidad de Howard. Las pinturas y los muebles entraron a la casa y el hombre de camuflado encendió su camión y se fue. El dueño de la casa no quiso dar explicaciones al Post.

La saga de madame Giselle

El reportaje es la segunda entrega de una investigación sobre Madame Giselle. En el primer reportaje, en septiembre del año pasado, el Washington Post publica que Jaller aseguraba haber sido la amante de Hugo Chávez y recientemente asesora de Donald Trump para Latinoamérica. Luego la mona se esfumó cuando la Fiscalía retomó el proceso por el que ya fue condenada a 140 meses de prisión por los delitos de fraude procesal, concurso por falso testimonio y falsa denuncia contra el banco BBVA.

El proceso que tiene en aprietos a la Mona Jaller data de 1995, en ese entonces el apoderado del Banco Ganadero (hoy banco BBVA) William Monroy Victoria denunció a Giselle Jaller por hacerse pasar por su hermana, Rolla Jaller, para representar a la empresa InterTerra y solicitar al Banco Ganadero créditos por 150 y 148.5 millones de pesos.

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Pero ese no es el único episodio que la ha llevado a ser titular de prensa en los últimos años. El expresidente de Panamá Ricardo Martinelli la acusó por hacer una oferta descabellada. La Mona se comunicó con su abogado y le contó que ayudaría a Martinelli y a sus familiares a conseguir asilo político en Estados Unidos a cambio de recibir 36.000 dólares por persona.

En ese momento, la mujer se presentó como una reconocida abogada de Harvard (aunque no hay pruebas de que eso sea cierto) muy cercana al fiscal de los Estados Unidos Jeff Sessions y a Ivanka Trump. Sin embargo, la verificación de periódicos y recortes viejos de prensa permitieron concluir rápidamente de quién se trataba.

Sin embargo la Mona le dijo a El Tiempo que esa versión no era cierta. “Nunca les dije que fuera asesora de Trump, ni que era de Harvard. Soy abogada y sí asesoro expresidentes. Solo les dije que mis hijos estudiaron en el mismo colegio con los hijos de Trump y que ahí podía haber una amistad”, aclaró al diario capitalino.

Cuenta el Washington Post que a medida que sus líos con la justicia fueron aumentando y ganando notoriedad decidió alejarse de la defensa a cargo de Jaime Lombana y se apoyó en un abogado del Estado. Sus 11 años de prisión están en proceso de apelación. Y su protección en los Estados Unidos se ha ido desmoronando.

La mona que tumbó al ejército

Rolla Jaller Jabbour, una hermosa mujer de larga cabellera rubia y grandes ojos negros, que vestía elegantemente, casi siempre de minifalda, y llegaba al Ministerio de Defensa a bordo de un Mercedes Benz negro último modelo, escoltada por cinco hombres armados, fue el centro de admiración de varios de los más importantes miembros del Ejército colombiano”, así describía a la Mona un artículo de SEMANA publicado en 1995.

Gracias a sus atributos y su cercanía con altos mandos del Ejército, ganó un contrato por 800 millones de pesos para vender equipamiento de campaña. Cobró el dinero y nunca entregó los equipos. Y con mucha astucia casi se lleva dos estafas más gordas con otros dos contratos de 400 y 1700 millones de pesos, que nunca se celebraron dado que el entonces ministro de defensa Juan Carlos Esguerra lo impidió. Todo eso lo hizo bajo una identidad falsa que hasta la salvó de ir a prisión.

Pero esta habilidad para engañar la tiene desde pequeña. Cuando la joven Jaller cumplió 18 años se convirtió en una ejecutiva que se codeaba entre los bacarios más adinerados. Y aunque trajo clientes en donde trabajó, también trajo problemas.

Aprovechando su puesto de gerente, ya más adulta, abrió 10 cuentas corrientes con nombres ficticios en las cuales consignó cerca de 60 millones de pesos, plata que salió de cuentahabientes. Con la plata, Jaller tapó una deuda que dejó pendiente cuando fue gerente de la sucursal del Banco de Caldas en la Avenida Pepe Sierra, tan solo unos días antes de haber llegado a la gerencia del BCC en El Chicó. Quien sabe cuantos capítulos faltan en la vida de la Mona Jaller, y quien sabe cuanto falta para que algún guionista reescriba su historia.

EDICIÓN 1888

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