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| 3/3/2003 12:00:00 AM

Gringos, al rescate

Para unos la llegada de las fuerzas especiales para liberar a los secuestrados es el comienzo de un Vietnam. Para otros, la varita mágica contra las Farc. Ninguno tiene la razón.

La semana pasada hubo gran revuelo por la llegada de soldados de Estados Unidos para rescatar a los tres estadounidenses secuestrados por las Farc. Mientras algunos políticos alertaban sobre una inminente 'vietnamización' del conflicto y otros juristas insistían en que debía existir previamente una autorización del Congreso, la mayoría de colombianos aplaudía efusivamente que los gringos finalmente vinieran a ayudarles a los soldados colombianos a ganar la guerra.

Lo cierto es que no hay razón para tanta paranoia pero tampoco para tanta dicha.

El portavoz del Comando Sur del ejército de Estados Unidos explicó a SEMANA que 49 soldados, agentes del FBI y especialistas forenses llegaron al país para asistir a las tropas colombianas en las operaciones de rescate de los tres estadounidenses. Estos permanecen secuestrados por las Farc desde el 13 de febrero cuando la avioneta Cessna en la que viajaban tuvo una falla mecánica y luego fue baleada por los guerrilleros en el Bajo Caguán, a unos kilómetros de Florencia, Caquetá.

Los extranjeros expertos en rescate de secuestrados se quedarán en Colombia hasta que logren su misión. Su labor -según los gobiernos de Alvaro Uribe y George W. Bush- se limitará a asesorar con inteligencia electrónica, planeación táctica y apoyo logístico y de reconocimiento aéreo a los casi 3.000 soldados colombianos que participan en su búsqueda.

Con estas fuerzas especiales, sumadas a los otros 100 soldados que llegaron en los últimos días como parte del paquete normal del Plan Colombia, el número de militares estadounidenses en el país asciende a 411, casi el doble de los que reportó el presidente Bush a comienzos de enero y 11 por encima del tope que le fijó el Congreso de su país hace dos años cuando aprobó el plan de asistencia a Colombia.

Sin embargo la ley le autoriza al Presidente superar el límite de los 400 militares cuando necesite "adelantar evacuaciones de emergencia de ciudadanos de Estados Unidos o cualquier operación de búsqueda y rescate de militares o ciudadanos estadounidenses".

Por otro lado, un acuerdo bilateral de cooperación suscrito el 23 de julio de 1962 permite a los militares de Estados Unidos permanecer en Colombia para "brindar ayuda logística, entrenamiento de combate y asesoría e inteligencia", lo que le pone punto final a la discusión de si la llegada de estas fuerzas especiales viola la ley colombiana.

La pregunta de fondo es ¿qué cambia, máxime cuando desde comienzos de enero otros 70 soldados de las mismas fuerzas especiales de Estados Unidos apoyan las labores de contrainsurgencia en Arauca?

La diferencia esencial es que esos soldados, que entrenan a los colombianos en Arauca y Saravena, que los asesoran en planeamiento de operaciones contra el ELN y las Farc y que proveen inteligencia para cuidar el oleoducto, lo hacen como parte de una estrategia de largo aliento. En cambio los últimos que llegaron al Caquetá vienen para reaccionar a una crisis. Y aunque actúen desde la barrera, el riesgo que entren en combate directo con la guerrilla es mayor.

Así los gobiernos de Estados Unidos y de Colombia lo nieguen, por la naturaleza de un operativo de rescate y por la zona donde lo adelantan, están más expuestos a chocar con la guerrilla que los de Arauca o Tres Esquinas, que para salir de las instalaciones del batallón necesitan autorización de la embajada en Bogotá.

"Nosotros evitaremos ponerlos en una situación de peligro pero si los atacan tienen permiso de defenderse", dijo a esta revista el portavoz del Comando Sur, del cual dependen las fuerzas especiales que llegaron la semana pasada.

Es precisamente la posibilidad de que las Farc maten a uno de estos soldados lo que preocupa a algunos analistas. "Si esto sucede no veremos una reducción de las tropas gringas en Colombia", afirma Adam Isaackson, del Center for International Policy, un centro de investigaciones con sede en Washington D.C., que ha seguido en detalle el Plan Colombia. "Habrá una presión política para responder, sobre todo con el ambiente actual de luchar contra cualquier grupo que utiliza el terrorismo".

En esta misma línea, los que alertan sobre una 'vietnamización' del conflicto colombiano recuerdan que a ese país del sureste asiático también llegaron en un principio un puñado de 'asesores técnicos' como los que están en Colombia. Pero que muy pronto escalaron su participación con las nefastas consecuencias que todo el mundo conoce.

Señalan que en menos de seis meses el número de efectivos militares de Estados Unidos en Colombia se ha duplicado. También que con la eliminación de las restricciones para el uso de los recursos contra la guerrilla es previsible una progresiva injerencia de los norteamericanos en el conflicto interno, lo que alejaría aún más la perspectiva de una negociación con la guerrilla.

Pero lo cierto es que la situación en Colombia dista mucho de parecerse a la de Vietnam. En medio de la Guerra Fría, Estados Unidos se involucró a ese nivel en el sureste asiático porque sentía que allí se jugaba la suerte del mundo occidental.

Desde entonces, y sobre todo desde su contundente fracaso en Somalia, donde murieron 18 soldados estadounidenses, la potencia del norte prefiere asesorar los combates, vigilar las comunicaciones y suministrar inteligencia pero no se pone en la línea de fuego. "Son las tropas del país anfitrión las que ponen los muertos", explica Isaackson.

También, por más que a veces los medios transmitan una percepción diferente, Colombia no es una prioridad para Estados Unidos. Washington tiene en este momento su atención puesta en Irak y Corea del Norte y no va a distraerse con grandes operativos aquí. "No hay apoyo en la opinión pública norteamericana para eso. Bush no lo quiere, Uribe no lo quiere y creo que tampoco lo quieren las Farc", afirma Michael Shifter, del Interamerican Dialogue, otro think tank estadounidense.

Aunque la participación de Estados Unidos en Colombia podría asemejarse más a la que ha tenido recientemente en Filipinas, también existen diferencias. Allí, a raíz del secuestro de unos norteamericanos, Bush envió hace un año unos soldados de las fuerzas especiales para entrenar a los filipinos contra el grupo musulmán Abu Sayyaf y a comienzos de febrero envió 1.700 soldados para combatirlos directamente.

Sin embargo la guerrilla filipina tiene vínculos con Al Qaeda, es 20 veces más pequeña que las Farc y ambos países carecen de una relación larga de cooperación, lo que hace pensar a algunos que la participación de Estados Unidos en ese país será de naturaleza más 'quirúrgica' que su presencia en Colombia.

El envío de estas tropas más bien se asemeja a la participación que tuvo en Medellín hace 10 años, por solicitud del gobierno de César Gaviria y con el consentimiento de Bush padre, la unidad antiterrorista ultrasecreta Delta Force del ejército de Estados Unidos, que concluyó con la cacería y muerte de Pablo Escobar.

No todo es dicha

Estados Unidos tiene que conservar su credibilidad en la región apoyando a sus aliados cuando están en peligro pero, por otro lado, debe evitar poner nervioso al vecindario. Ni Hugo Chávez, en Venezuela, ni Lula, en Brasil, verían con buenos ojos un gran contingente de soldados gringos a la otra orilla del Amazonas o del Orinoco.

Tampoco es probable que Bush sea tan torpe de ofrecerles a los incipientes movimientos revolucionarios de América Latina un argumento para unirse en contra de 'la invasión imperialista'.

Más aún cuando Uribe logró en poco tiempo convencer a la mayoría de los países de la región de que la guerrilla es una amenaza que supera las fronteras criollas, como quedó claro en la reciente condena que hicieron en la OEA.

"Lo que sí tiene Uribe es un argumento más fuerte para pedir más recursos a Estados Unidos y más atención a Colombia, y creo que lo va a obtener debido a que los ciudadanos estadounidenses están en esas circunstancias", dice Shifter.

Es un hecho que el secuestro de los tres empleados de Northrop Grumman Corp., compañía norteamericana que se especializa en la fabricación de aviones de intercepción para el gobierno de Estados Unidos, ha atrapado la atención de congresistas de Estados Unidos y puesto un foco de luz sobre Colombia.

Uribe, con seguridad, aprovechará este incidente para avanzar en su propósito de crear una fuerza multinacional que combata a las Farc o que por lo menos frene el tráfico de drogas.

Pero permanece la duda sobre las probabilidades de la operación de rescate de los secuestrados. Porque una cosa es un rescate en Hollywood tipo Prueba de Vida, en la que Meg Ryan, con ayuda del profesional en secuestros Russel Crowe, recupera a su marido en las selvas de Colombia, y otra muy diferente un rescate en la vida real con la difícil topografía colombiana, el mal clima y la posibilidad de que los guerrilleros ya se hayan internado en la inexpugnable selva que se conocen de memoria.

No hay que sobredimensionar la capacidad del ejército de Estados Unidos, que pese a estarse jugando toda su reputación no logró capturar a Ben Laden en Afganistán, con una geografía menos compleja que la colombiana.

Pero tampoco hay que subestimar a la gran potencia cuando se ve atacada. Basta recordar que cuando 'Grannobles', el hermano del 'Mono Jojoy', mató a los tres indigenistas, Estados Unidos abortó los contactos con las Farc en Costa Rica. Algunos analistas creen que ese día las negociaciones quedaron heridas de muerte. Y hasta las Farc lo resintieron pues es la única vez que han pedido disculpas públicamente por una de sus acciones.

Ahora, Estados Unidos por primera vez asume una posición activa y beligerante contra las Farc. Es de esperarse que así no logren rescatar a su gente, por lo menos tratarán de propinarle un golpe militar con suficiente carga simbólica como para dejar claro que el que se mete con ellos lo paga caro. Las Farc, a juzgar por la cantidad de comunicados que han sacado desde que secuestraron a los estadounidenses, están nerviosas. Pero esto no quiere decir que alguien se pueda hacer ilusiones de que soldados estadounidenses vayan a pelear esta guerra. Este conflicto nació en Colombia y sólo lo podrán solucionar los colombianos.

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