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| 2/3/2007 12:00:00 AM

Habla Fernando Botero

“El que se gane el cuadro va a tener un problema muy grave”.

Habla Fernando Botero Ellos pueden hacer con su cuadro lo que quieran y lo único que exijo es que se sepa que esa obra ha sido por muchos años propiedad de Bavaria y que no me la compraron para hacer esa rifa
Por primera vez una institución pública de Estados Unidos exhibe la obra de Fernando Botero sobre la cárcel de Abu Ghraib. La Universidad de California, Berkeley, rompió un veto no declarado para exponer en ese país 43 obras sobre las torturas a las que fueron sometidos prisioneros iraquíes por militares norteamericanos. El maestro Botero habló con Daniel Coronell sobre esa exposición, sobre Colombia y sobre la rifa de un cuadro suyo. Aquí están algunos apartes de la conversación.

Daniel Coronell: Maestro, ¿interpreta usted esta invitación de Berkeley como una respuesta a los museos norteamericanos que se negaron a exhibir su serie sobre Abu Ghraib?
Fernando Botero: La verdad es que en Europa esta exposición tuvo una repercusión muy grande. Pero, en cambio, cuando una entidad artística norteamericana la ofreció en Estados Unidos, me comunicaron que no habían tenido una respuesta positiva de los museos y que por eso no se podía exhibir. Sólo pudo ser presentada de manera parcial en la galería Marlborough de Nueva York, pero no en un museo. Por eso la invitación de Berkeley resulta perfecta. Me siento muy orgulloso de estar aquí. Primero, porque esta es una de las grandes universidades mundiales, con una enorme reputación intelectual vinculada a los derechos civiles y a la libertad de expresión, en donde esta exposición de protesta encaja por completo. Y segundo, porque es una respuesta a esa línea que ha ido tomando el arte, de divorcio completo de los problemas de la sociedad. Con esta invitación, Berkeley está diciendo: “El arte no es solamente decoración, sino que puede llegar a ser mucho más”.

D.C.: ¿Por qué decidió pintar las torturas de Abu Ghraib?
F.B.: A mí me conmovió esta revelación por la hipocresía. Porque un país que se ha presentado al mundo como el modelo de la compasión y como el mayor defensor de los derechos humanos, terminó torturando gente en la misma prisión en la que torturaba Saddam Hussein. Ese shock que sentí yo, como ser humano y como artista, me impuso la obligación de dejar un testimonio contra el horror.

D.C.: Usted ha pintado también la violencia en Colombia. Ha representado masacres como la de ‘La mejor esquina’, con un propósito similar al de su trabajo sobre Abu Ghraib. ¿Qué piensa ahora, cuando los autores de esas masacres van a recibir condenas muy bajas?
F.B.: Ese es un problema muy delicado. En realidad, hay una grave injusticia en que las personas que han cometido esas masacres vayan a salir ahora con condenas menores. Pero el problema es muy complejo en Colombia porque hay crímenes de parte y parte y la única manera en la que se podía alentar a esta gente a entregarse era admitir cierta inmunidad. Es como en el caso de la guerrilla. Toda esta gente está pedida en extradición y uno no puede decirles que se entreguen para que los manden al otro día a Estados Unidos a pasar en una cárcel el resto de su vida. Es decir, hay ciertas contradicciones y, pues sí, hay una injusticia. Debo decir que el gobierno se jugó una carta muy peligrosa e injusta, pero que es una situación muy compleja y quizá la única forma de alentar a esta gente a que pare la matanza es cierto ofrecimiento de amnistía.

D.C.: ¿Cómo está viendo a Colombia hoy?
F.B.: Bueno, no tengo una visión muy precisa del país porque no vivo en Colombia. Yo paso muy poco tiempo en Colombia por razones de seguridad. Pero veo que el Presidente ganó una elección democrática con un porcentaje alto, veo que la gente en Colombia aprueba y está contenta con el gobierno de Álvaro Uribe. Por otra parte, dicen que se ha mejorado la situación económica, que la inseguridad es menor, que hay más libertad para moverse, que hay menos secuestros, menos asesinatos. Todo eso me parece positivo y hay que abonárselo al gobierno.

D.C.: Hace unos días, el empresario Julio Mario Santo Domingo insinuó que el presidente Uribe debería presentarse para un tercer mandato presidencial. ¿Cómo le parece esa iniciativa?
F.B.: A mí la reelección por una sola vez me parece bien, como existe en Estados Unidos. El Presidente tiene que hacer un buen primer gobierno para ser reelegido. Sin embargo, después de dos gobiernos, me parece que ya es suficiente porque nadie tiene el monopolio del talento o de la capacidad de gobernar.
En Colombia hay personas muy calificadas que están en capacidad de ser Presidentes y también deben tener su oportunidad.

D.C.: Maestro, usted ha sido muy generoso con Colombia, ha donado no sólo gran parte de su obra, sino también su colección privada para que esté al alcance de la gente. ¿Ha sentido bien correspondida esa generosidad?
F.B.: Sí, he tenido una gran satisfacción de ver la acogida de tanta gente que visita el museo. Me han dicho que el Museo Botero de Bogotá es el más visitado de Colombia. Tengo que decir que también he tenido algunos problemas. Hubo problemas con el museo de Medellín que afortunadamente se acaban de solucionar. El tema se solucionó, pero después de mucho dinero, mucho tiempo, muchas rabias… Bueno, pero ya se solucionó.

D.C.: En ese episodio, ¿usted sintió que habían abusado de su generosidad?
F.B.: Bueno… pues sí. Para decirlo claramente, yo di la mano y me tomaron el brazo. El museo no tenía por qué empezar a hacer contactos internacionales para industrializar mi nombre. El copyright que yo le di al Museo de Antioquia, como se lo he dado otras veces a muchos museos del mundo, incluidos el Museo Botero de Bogotá y el Museo Nacional, lo concedí para ayudar al museo. Eso se hace para ayudar con lo que se venda en la tienda del museo, pero no para usar mi nombre internacionalmente como una industria. Eso fue un abuso, un exceso que jamás se debió presentar.

D.C.: ¿A qué atribuye la afinidad que sienten los espectadores con su obra, incluso los niños?
F.B.: Las obras mías les gustan a los niños y a los grandes por una razón muy clara que es que yo soy de la idea de que el arte es para dar placer y debe ser claro. Que no debe haber necesidad de tener un profesor al lado explicando por qué el cuadro es importante. Si uno se para delante de un cuadro de Monet o de un cuadro de Van Gogh, nadie tiene que estar ahí explicándole. Uno siente de inmediato la emoción de la belleza, el colorido. El arte tiene que hablar directamente y de una forma clara. Es que el arte siempre fue para dar placer.
En cambio el arte hoy en día se hace, primero que todo, para humillar al hombre. Porque le está diciendo “usted no entiende, usted es un ignorante. Aquí hay una cosa que yo estoy tratando de decir y que usted no entiende”. Por eso se creó ese divorcio entre el hombre y el arte.

D.C.: Pero si el arte es para dar placer, ¿cómo puede nacer de episodios tan dolorosos como Abu Ghraib o como las masacres?
F.B.: Lo que pasa es que el arte tiene un componente estético que da placer. Como en el teatro, por ejemplo, está el drama y hay música dramática que también da placer.

Así mismo, hay pintores en la historia que hicieron arte exclusivamente dramático. Grunewald, el gran pintor alemán, pintó las crucifixiones, que tal vez son las escenas más desgarradoras en toda la historia del arte. Pero hay tal belleza estética, que uno siente placer.

Claro, cuando uno ve una Venus de Tiziano, hay un placer del tema y un placer estético, y otras veces, cuando el tema es dramático, hay un placer estético. Uno resiste el tema, o se lo traga, por el contenido estético que hay en el cuadro. Aunque el motivo sea doloroso.

D.C.: ¿Un motivo doloroso, como el de la trágica muerte de su hijo Pedro, que marcó una etapa de su pintura?
F.B.: Bueno… sí, aunque nunca pinté a Pedrito en una actitud dramática. Yo siempre quise pintarlo como si estuviera vivo. En este caso, el tema final nunca fue triste. Nunca lo pinté como si estuviera muerto. Pero la pérdida de un hijo es algo que no se olvida nunca. Es irreparable y deja una huella imborrable.

D.C.: Maestro, permítame hablar de sus otros hijos. ¿Cómo están ellos?
F.B.: Mire, usted sabe perfectamente como están. De manera que no entremos en eso porque es un tema que no quiero tocar… Mejor, hablemos de otra cosa.

D.C.: Lo entiendo. El tema de su hijo Fernando es algo que le causa dolor…
F.B.: No quiero hacer ningún comentario… Por favor, hablemos de otra cosa.

D.C.: ¿Está al tanto de que hay una gran campaña publicitaria alrededor de la rifa de un cuadro suyo?
F.B.: Sí, he sabido de eso. (sonríe)… Pero la verdad es que esa obra la adquirió Bavaria hace como 25 años. La compró a la Galería El Museo de Bogotá, eso es propiedad de ellos. Cuando me contaron a mí la cosa, pues dije están en su derecho. Ellos pueden hacer con su cuadro lo que quieran y lo único que exijo es que se sepa que esta obra ha sido por muchos años propiedad de Bavaria y que no es que me la hayan comprado para hacer esta rifa. Por ahí sí he visto que se han presentado problemas.

D.C.: Los problemas empezaron cuando la gente, que se imaginaba que la rifa era totalmente abierta, descubrió que por lo menos una parte de las tapas premiadas se distribuyó en sitios predeterminados, como en el restaurante Andrés Carne de Res, cuyos clientes son en su mayoría personas de buenos ingresos.
F.B.: Sí, por ahí vi que hablaban de sembrar una tapa o algo así. Creo que ‘sembrar’ es la palabra correcta y que incluso hubo una multa de una entidad estatal porque las reglas no estaban resultando como muy claras.

D.C.: La columnista María Isabel Rueda comentó que, en ciertas circunstancias, el cuadro podría terminar encartando al ganador. Si usted pudiera escoger, ¿qué tipo de persona quisiera que se ganara esa obra?
F.B.: Francamente, el que se la gane va a tener un problema muy grave. Si se la gana alguien en un pueblito de Chocó, ¿qué va a hacer con el cuadro? Alguien va a tener que ayudarle antes de que se lo quiten, porque ese cuadro se lo roban inmediatamente o tiene que pagar un seguro muy grande o tiene que encontrar un sitio muy costoso para guardarlo o tiene que venderlo.

Si se lo gana una persona muy humilde, que es muy posible si eso realmente lo ponen en todo el país, si se lo gana un jugador de tejo, ¿qué va a hacer con ese cuadro? Bavaria va a tener que ayudarle para que lo venda o haga algo con eso. (Risas). No sé, pero eso va a ser muy complicado. Yo me lavo las manos, la idea no es mía, ese cuadro lo vendí hace años y tampoco puedo oponerme a lo que sus dueños están haciendo.

D.C.: Está claro que usted no tiene que ver con esta promoción, ¿pero le gusta la idea?
F.B.: La idea de la rifa a mí no me gusta. Personalmente no me gusta ese tipo de promoción, por lo que hablamos, el que se lo gane va a tener un problema. Va a tener un problema grave. 

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