EL VIERNES PASADO LA CASA de Nariño expidió el comunicado que esperaba el presidente Hugo Chávez como punto de partida para normalizar las relaciones entre los dos países. El día anterior los cancilleres Carolina Barco y Alí Rodríguez, con la mediación del canciller peruano, se habían comprometido en Lima a superar la crisis sin que hubiera "vencedores ni vencidos". El gobierno colombiano hizo un reconocimiento tácito de su error al decir que tiene "la mayor disponibilidad para revisar los hechos que son de conocimiento público a fin de que si han resultado inconvenientes ante el examen de la República Bolivariana de Venezuela, no se repitan". Una declaración suficiente para que Chávez bajara la guardia y se diera vía libre a una reunión entre los dos presidentes. En este aspecto Uribe también cedió. Será él quien viaje a Venezuela para hablar sólo con Chávez, y no en una cumbre multilateral como había propuesto al principio. Chávez también tuvo que poner de su parte y aceptar explícitamente que va a colaborar en la persecución y captura de terroristas.
La crisis deja muchas lecciones. La primera es que en el plano económico las dos naciones se necesitan como hermanos siameses. Tanto es así que mientras la pugna política ardía, el comercio se mantuvo. Los empresarios hicieron un cabildeo silencioso pero efectivo a favor de una rápida salida diplomática, temerosos de que la intemperancia de los gobernantes echara por la borda los 2.500 millones de dólares que mueven los negocios entre los dos países.
En el plano político, tanto Chávez como Uribe salieron fortalecidos en su país cuando se vislumbran sus respectivas campañas reeleccionistas. Uribe logró trasladar el debate sobre cómo se hizo la captura de Granda al terreno de la complacencia de Chávez con la guerrilla colombiana. Incluso convenció a muchos de que en su cruzada contra el terrorismo, y en particular contra las Farc, se necesitan medidas extremas.
Por su parte, el Presidente venezolano pudo persuadir a la opinión pública de su país de que se había violado la soberanía y que existía una conspiración desde Estados Unidos para desestabilizar su gobierno. Exacerbó los sentimientos nacionalistas y recibió el respaldo de casi un millón de personas que lo aclamaron en las calles. ¿Qué más puede pedir un caudillo?
En el terreno diplomático, los dos países mostraron sus deficiencias. Durante 15 días manejaron la crisis a través de los micrófonos con frases altisonantes y vocablos intemperantes. La tardía pero cerebral actuación de los cancilleres, que era el canal de comunicación natural, salvó la relación del naufragio y la llevó a un puerto seguro. También quedó claro que los buenos oficios de los países amigos son efectivos cuando se hacen con discreción, como ocurrió con Perú, Brasil, Chile y Cuba. En cambio, los pronunciamientos del embajador de Estados Unidos en Colombia, William Wood, y de la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, si bien fueron un espaldarazo para el presidente Uribe, tuvieron un doble efecto en Venezuela. Enardecieron los ánimos de algunos en el gobierno que enfilaron baterías contra Bush, y convencieron a otros de que era mejor no persistir en la bronca.
Al final se impuso la vía diplomática para resolver el incidente Granda. Pero esta es apenas la punta del iceberg. El próximo jueves, después de que los dos presidentes se estrechen las manos y sonrían ante los fotógrafos, tendrán mucho más de qué hablar. Uribe busca que se baraje de nuevo y se aclaren las reglas del juego de la cooperación de los dos países en materia de seguridad. Un tema que ha sido tabú entre los dos países, cuya relación es fluida en materia económica, pero desconfiada en lo político y policial. El Presidente colombiano aspira a que Venezuela coopere efectivamente en una estrategia binacional para combatir el terrorismo, el narcotráfico, el contrabando y el secuestro, y el jueves Chávez tendrá que demostrarlo, sin retórica ni vacilaciones. Un consenso que no se logrará con facilidad. Uribe y Chávez tienen diferencias abismales. Pero están inexorablemente unidos.
POLÍTICA
Inevitablemente unidos
El episodio Granda quedó superado. Pero el encuentro entre los presidentes Uribe y Chávez será definitivo para saber en qué tono será la relación futura.
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29 de enero de 2005, 7:00 p. m.