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Gilberto y Miguel Rodríguez

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La historia detrás de la explosiva carta de los hermanos Rodríguez Orejuela desde Estados Unidos

Aunque se encuentran recluidos en penales de Estados Unidos, bajo estrictas medidas de seguridad, Miguel y Gilberto hicieron seguimiento a las declaraciones del expresidente Andrés Pastrana y por un sistema de computación para presos enviaron su respuesta.

Más de 15 años llevan en cárceles de los Estados Unidos los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela desde que fueron enviados en extradición. Los otrora jefes del Cartel de Cali se encuentran detenidos bajo fuertes medidas de seguridad y el acceso a lo que sucede fuera de los penales es limitado. Pese a estas restricciones, estuvieron pendientes de las declaraciones del expresidente Andrés Pastrana en la Comisión de la Verdad y, al conocer lo dicho, enviaron la explosiva respuesta que publicó en primicia SEMANA. Esta es la historia detrás de la misiva.

Algunos de los señalados en la carta han incluso cuestionado la veracidad por la pronta respuesta, que se dio solo ocho días después de la participación de Pastrana en la Comisión de la Verdad. SEMANA habló con una persona cercana a las hermanos Rodríguez Orejuela, quien contó, paso a paso, cómo se dio esta respuesta que ahora tiene al país con el espejo retrovisor en escándalos de corrupción como Dragacol y Chambacú, que se dieron durante el mandato de Pastrana y hasta dicen que la otra carta, en la que acusaban al también expresidente Ernesto Samper de recibir dinero para su campaña, fue producto de un chantaje.

Desde su sitio de reclusión en Estados Unidos, Gilberto Rodríguez Orejuela tiene acceso a internet a través de un sistema que es autorizado, vigilado y supervisado por el bureau de prisiones que le permite tener contacto con 20 personas, que deben estar registradas, entre su equipo de abogados y personas cercanas. Gilberto tiene derecho a conectarse 30 minutos por día.

Así, uno de sus familiares empezó a informarle, día a día, lo que venía pasando en Colombia y el capítulo principal que fue la entrega de la carta, firmada por los entonces jefes del Cartel de Cali, en la que con su puño y letra afirmaban haber financiado la campaña a la Presidencia de Ernesto Samper, y la polémica que se desencadenó en el país.

De esta manera, a más de 3.500 kilómetros, donde se encuentra detenido en la Federal Correccional Institución Butner Low, en Carolina del Norte, y consciente de que la carta de la que hacía gala Pastrana era fruto de un chantaje, Gilberto Rodríguez tomó, el 4 de septiembre, la decisión de enviar una respuesta a Colombia.

Pero todas las decisiones de este tipo las toman en conjunto con su hermano Miguel, así que a través del sistema de computación para presos, denominado Trust Fund Limited, le envió la decisión de emitir una respuesta y un primer borrador, que también fue compartido por algunos allegados en Colombia.

El lunes 6 de septiembre estaba listo el segundo borrador y Gilberto se lo envía a Miguel a las 3:50 de la tarde a través de un tercero, para que haga las observaciones necesarias antes de enviarlo. Con algunos cambios, la explosiva carta estaba lista para ser enviada.

Ayer, 7 de septiembre, todo estaba listo y, al finalizar la tarde, los hermanos Rodríguez Orejuela dieron la orden de darla a conocer. En ese momento SEMANA la hizo publica y vino el escándalo. Pastrana, el embajador de Colombia en Argentina, Álvaro Pava, y los demás nombrados en la carta salieron a defenderse, pero el lío está prendido, y el país tiene los ojos puestos en los escándalos de corrupción en el gobierno Pastrana, en el proceso 8.000 en el gobierno Samper y en la pelea de estos dos expresidentes que ya tiene más de 25 años.

- Esta es la carta de la discordia -

“Señor expresidente Pastrana: No nos extraña, pero nos sorprende cómo, con la entrega de la carta enviada a usted con nuestro común amigo el doctor Santiago Rojas hace más de 20 años y sus declaraciones ante la Comisión de la Verdad usted señala y al mismo tiempo pretende posar de víctima de la corrupción sin incluirse usted mismo en dicha corrupción. Tenemos entendido que dicho escenario funciona para que los personajes se acerquen para hacer una catarsis espiritual confesando sus delitos y claro, señalando a sus cómplices y los delitos que ellos mismos hayan cometido. Señor expresidente, se le olvidó contarle a la Comisión de la Verdad su participación criminal en los tan sonados contratos de Dragacol y Chambacú donde usted fue el jefe de esa conspiración delincuencial para defraudar al Estado en varios millones de dólares. Hacemos este señalamiento porque de este se desprende la carta producto de su chantaje, origen de este escándalo que usted presentó en la Comisión de la Verdad.

Le refresco la memoria señor expresidente: pasaba el año 1999 o 2000, Miguel y yo estábamos presos en la Cárcel la Picota. Eran las seis de la mañana cuando llegó el doctor Santiago Rojas, su médico en presidencia y también directivo de alguna Junta del Inpec, directamente a mi celda y me invitó a una celda en el mismo pabellón donde, después de un corto saludo me dijo: Gilberto, vengo de presidencia y lamento traerle malas noticias, el presidente está muy enojado y dispuesto a extraditarlos a usted y a su hermano a Estados Unidos, así sea por vía administrativa. Esperé unos segundos a que el doctor Rojas se tranquilizara y le dije: Doctor, ¿qué hemos hecho para merecernos el enojo del señor presidente y la extradición?; ¿Usted no sabe? me respondió el doctor Rojas. No, le contesté, no tengo ni idea. Ah, pues le explico, ya Miguel estaba en la reunión, el presidente dice, que tanto usted como su hermano están en una conspiración en compañía con Samper y Serpa para desacreditarlo ante la opinión pública por la corrupción que hubo en los contratos de Dragacol y Chambacú, y en represalia por haber sido él, el que denunció el proceso 8000, y eso él no se lo perdona a ustedes, que no duden por un segundo, que él antes de irse de la Presidencia los pondrá en Estados Unidos. Mi reacción fue temperamental, fue agresiva y hasta grosera con el doctor Rojas que solo, estaba haciendo un favor.

Dígale al señor presidente que no sea mentiroso, que no busque disculpas para zanjar odios entre él y el doctor Samper, que hace muchos años no hablamos con el doctor Samper, que no estamos interesados en ningún escándalo, ni en tener problemas con nadie, ni menos con el presidente de Colombia. Que SÍ conocemos los hechos más importantes y los nombres de los corruptos de Dragacol y Chambacú, pero que no tenemos la culpa que él y tres de sus hombres más cercanos estén involucrados en ese escándalo de corrupción, que ni mi hermano ni yo estamos interesados en develar nada de lo que sabemos. Pero que no se equivoque, que no nos amenace porque podemos cambiar de opinión sin tener en cuenta que sea el presidente o no el que nos quiera chantajear. Nosotros no tenemos nada que ver en ese bochinche, le confirmé. Él está muy seguro de eso y está decidido a hacerlo si ustedes no buscan una solución, dijo el doctor Rojas. No tenemos solución porque no somos el origen del problema. Podemos responder por lo que hacemos, no por lo que no hacemos. Ahora bien, si él tiene una solución en la que nosotros podamos colaborar que la mande a decir y nosotros resolveremos. Nos despedimos del doctor Rojas y se fue, quedando de regresar en unas horas con alguna razón de Presidencia.

Así fue, a las dos de la tarde estaba el doctor Rojas nuevamente en la Picota reunido con Miguel y conmigo. El presidente dice que la única solución que él ve posible es que ustedes escriban una carta contando cómo fue el apoyo de ustedes a la campaña de Samper involucrando también a Serpa. Nos miramos Miguel y yo y casi le contestamos al mismo tiempo al doctor Rojas, no podemos hacer eso, al doctor Serpa nunca le hemos dado un peso. No, no lo vamos a hacer dijimos Miguel y yo porque no es cierto. Gilberto, piénselo bien, este hombre puede extraditarlos y lo va a hacer, piensen en sus familias, además, él me comentó que la carta es para llamar a Samper y Serpa y mostrársela para que ellos desistan de hacer declaraciones públicas sobre Dragacol y Chambacú y ahí termina todo, no saldrá a la luz publica. Doctor Rojas esto es un chantaje, le dijimos Miguel y yo. Tómelo como quiera, pero de lo que se trata es que todos queden bien que nadie sufra consecuencias, especialmente ustedes que son los más vulnerables en este momento, dijo el doctor Rojas. Nos convenció, me puse a elaborar la carta, a las seis pm estaba terminada y a las siete pm llegó el doctor Rojas por ella. Antes de entregarle la carta al doctor Rojas lo concretamos: Doctor Rojas, usted nos tiene que garantizar que el presidente Pastrana va a cumplir la palabra que le está dando a usted. Se lo prometo, nos contestó. En pocas palabras, esa es la historia de la carta que usted entrego a la Comisión de la Verdad sin esta explicación.

Como usted bien sabe doctor Pastrana usted entrega una carta, que prometió no entregar bajo palabra (Claro, no contábamos que para la ética que usted maneja la palabra no es un compromiso sino un instrumento para conseguir sus fines), ante una Comisión seria y respetable producto de un vulgar chantaje, para acusar a otro menos corrupto que usted, sin decir toda la verdad.

Finalmente, señor Expresidente Pastrana, queremos hacerle el último comentario para que usted refresque su memoria selectiva: Fuimos amigos por muchos años de los ilustres conservadores Álvaro Pava padre, Humberto Pava hijo y Álvaro Pava hijo. Resulta que a finales del siglo pasado (1990-2000) tuvimos varios acercamientos con el doctor Álvaro Pava hijo a través de Alberto Giraldo, a raíz de las campañas presidenciales de 1994 y 1998 en las cuales usted participó y de la cual él (Álvaro Pava) era un alto directivo de su campaña. Como usted y las personas que nos conocen saben, somos liberales de hueso colorado, pero antes que todo somos demócratas. Por esta última razón ayudamos en los últimos 50 años del siglo pasado tanto a Liberales como a Conservadores. Su campaña no podría ser una excepción y de eso un testigo de excepción podría ser el doctor Álvaro Pava hijo. La única manera en que usted podría decir que no lo sabe es que también haya sido a sus espaldas como en el caso hipotético del doctor Ernesto Samper. Doctor Pastrana, si usted cree que esto último es falso, y se siente agredido lo invitamos a que nos denuncie ante la autoridad que usted, en su conocimiento, crea que es la competente”.