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La ‘madame’ del pueblo

Desde el Alcalde hasta un sacerdote de un municipio del Valle del Cauca, están unidos en una campaña de solidaridad en torno a la dueña del prostíbulo más famoso del lugar.

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2 de junio de 2006 a las 7:00 p. m.
Además de haber sido buena consejera en temas sexuales, Ligia Ruiz Salcedo es recordada y adorada en Roldanillo por su natural belleza, escultural cuerpo y decencia. Durante el homenaje más multitudinario que se le hizo, estuvieron presentes el alcalde, Ómar Tirado; el sacerdote Eleázar Escobar, y varios artistas locales
Además de haber sido buena consejera en temas sexuales, Ligia Ruiz Salcedo es recordada y adorada en Roldanillo por su natural belleza, escultural cuerpo y decencia. Durante el homenaje más multitudinario que se le hizo, estuvieron presentes el alcalde, Ómar Tirado; el sacerdote Eleázar Escobar, y varios artistas locales

Por muchos años, Roldanillo, un pueblo de 45.000 habitantes en el norte del Valle del Cauca, no sólo era reconocido en su región como la cuna del maestro Ómar Rayo y la sede de su prestigioso museo. También era famoso por el bar Cúper, el prostíbulo más concurrido de la comarca. Fue tanta su influencia entre los lugareños de entonces, y tantos los afectos que cosechó Ligia Ruiz Salcedo, su propietaria, que hoy ese pueblo recatado la ha convertido en motivo de homenajes, colectas y tertulias.

Esas manifestaciones de cariño no resultan extrañas para nadie en el pueblo, pues gran parte de una generación local de varones se inició en las artes amatorias en las cinco habitaciones de su casa de citas. Y es que Ligia iba mucho más allá de una fría transacción de comercio carnal. Sus cálidos y prácticos consejos acompañaban a los muchachos. "Los mismos padres me dejaban a sus hijos en la puerta del negocio y me los recomendaban, yo les daba una charla de orientación y proseguía a asignarles una de las 20 jovencitas que trabajaban en el bar", recuerda la mujer que, a sus 76 años, aún goza del prestigio de haber sido la más hermosa y con mejor cuerpo en el municipio.

Ahora, con la piel cruzada por las arrugas y las cicatrices de un oficio en el que se mantuvo durante 25 años, no puede evadir cierto pudor. "Con esas ganancias crié a mi única hija y logré salir adelante con mi mamá y mi padre Cupertino, de allí el nombre del negocio, pero luego de que nacieron mis nietas pensé que este no era un buen camino". Dice que el vacío que sentía la llevó a buscar una mejor razón de vida en Dios, y hoy asiste a una congregación cristiana.

Sus antiguos clientes aún la admiran. "Era una 'maestra' muy hermosa y adorada por su delicadeza para orientarnos. No vistió nunca de forma vulgar y siempre actuó a la altura de las señoras de su época. Era tal la confianza que le tenían, que se daba el lujo de llamar a las casas de sus clientes para avisar que amanecerían en su negocio", dijo a SEMANA el ex docente Daniel Rojas, cliente del bar y quien hoy integra el 'comité de solidaridad' que se propuso mantener intacta su historia como parte del legado del pueblo.

El afecto por doña Ligia ha llegado incluso a las familias más conservadoras y a varios de los ilustres personajes del pueblo, "Es tan respetable, que jamás se escuchó un comentario vulgar alrededor de ella o su oficio y menos de alguna pelea. Es una señora en el sentido completo de la palabra. Siempre la vimos como la madre consejera de nuestros maridos y nuestros hijos", aseguró la poeta Luz Marina Vanegas, quien dirige el recinto cultural Casa Quintero, de Roldanillo.

En parte por esto es que se despertó gran solidaridad cuando se supo que doña Ligia enfrentaba una de sus peores crisis económicas y su casa sería embargada. Entonces, señoras y hombres de toda clase y estrato, se unieron para forzar una colecta y homenajear la institutriz de los varones de el pueblo.

El hecho más notorio ocurrió hace un par de años en el club social Los Gorrones, recinto sagrado de la 'crema y nata' de la región. A él asistieron el alcalde de Roldanillo, Ómar Tirado; el sacerdote Eleázar Escobar; artistas; escritores; notarios, entre otros. El acto no sólo sirvió para ventilar las intimidades sexuales de toda una generación, sino que además se recaudaron 700.000 pesos. "Quien no perdió la virginidad en ese bar, es porque no nació en Roldanillo. Mi mamá era la que más me buscaba en ese sitio y yo, escondido en los cuartos", recordó sin prevenciones el Alcalde. Desde esa oportunidad son varias las actividades que se han hecho en su honor. Así, mientras doña Ligia lucha por contener las embestidas propias de la vejez, todo un pueblo manifiesta sin pudor la solidaridad y el agradecimiento hacia una de las damas más respetadas de Roldanillo.