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| 5/14/1984 12:00:00 AM

LA MUERTE DEL DOBLE

Carlos Pizarro, dirigente del M-19, está vivo.

LA MUERTE DEL DOBLE LA MUERTE DEL DOBLE
Cuando vio la foto del cadáver, doña Margoth León Gómez de Pizarro no tuvo duda ninguna de que se trataba de su hijo Carlos. En ese momento se encontraba en Cali -ciudad donde ella habita- el ministro de Defensa Gustavo Matamoros, su primo hermano. Lo ubicó enseguida y fue a suplicarle, a nombre de la amistad y de los vínculos familiares que los unían, que le permitiera ir a rescatar el cadáver. El General Matamoros trató de tranquilizarla, diciéndole que según información que tenía, se trataba de otra persona. A pesar de esa explicación doña Margoth seguía convencida de que era su hijo. Hizo consultas telefónicas con los hermanos de éste, que se encontraban en Bogotá, y ellos, también convencidos tras ver la foto, lloraron con ella. Acordaron que el mayor, Juan Antonio, viajara a rescatar el cadáver.
Al día siguiente, El Tiempo publicaba en primera página una foto de Carlos Pizarro León Gómez vivo, y en páginas interiores, la del cadáver. Era, sin duda, el mismo hombre. Toda la prensa lo dio por muerto, y lo mismo hicieron sus amigos y las personas que lo conocieron de cerca. Así lo atestiguó Eduardo Umaña Mendoza, el abogado que lo asesoró cuando estuvo preso. Según Umaña, el torso del muerto era inconfundible: él lo había visto muchas veces mientras Pizarro jugaba fútbol sin camisa en el patio de la prisión.
Gabriel García Márquez, quien había estado con él en Cuba, observó detenidamente la foto del cadáver y comentó con tristeza: "La frente y los ojos son los suyos. Este es Pizarro".

EL NIÑO BIEN
Carlos Pizarro había nacido 32 años antes en Cartagena, donde su padre, un conservador laureanista, era Comandante de la Base Naval. Por tradición, los miembros varones de su familia habían sido militares. Bajo el gobierno de Rojas Pinilla, su padre fue nombrado embajador en Washington, y allí vivió Pizarro, junto con sus cuatro hermanos, durante tres años. A su regreso a Colombia, estudió siempre en instituciones de jesuitas: el colegio San Bartolomé en Bogotá, el Berchman en Cali, y finalmente la Universidad Javeriana donde cursó Derecho. Sus compañeros de estudios de entonces hoy hacen parte del tout Bogotá: Julio César Turbay, el hijo del ex presidente, Nohemí Sanín, la actual ministra de Comunicaciones, Mauricio Gómez, el hijo de Alvaro Gómez, Edgar Plazas, hoy yerno de Jaime Michelsen, y Ernesto Samper Pizano. Sin embargo, a Pizarro lo arrastraron los vientos del movimiento estudiantil de los años 70, y se hizo de izquierda. El Padre Giraldo lo echó de la Javeriana por "falta de amor por la institución", y él entró a las FARC como militante. Años más tarde, encabezó, junto con Jaime Bateman y Alvaro Fayad, la disidencia que dio lugar al surgimiento del M-19. En 1979, estando en San Pablo, Santander, junto con su íntimo amigo Ramiro Lucio, cayeron en manos del Ejército. Lo tuvieron preso en el Magdalena, donde lo torturaron brutalmente, después lo trasladaron a una prisión en Cimitarra y finalmente a La Picota en Bogotá, donde permaneció por tres años, hasta que salió libre por la ley de amnistía. Inmediatamente partió para Cuba, donde lo hospitalizaron para curarlo de varias lesiones, y cuando regresó a Colombia se integró nuevamente a la lucha armada y a la vida clandestina del M-19, movimiento donde, a pesar de ser "el niño bien", ha sido y sigue siendo reconocido como uno de los tres máximos dirigentes. Porque en este momento y a pesar de toda evidencia Carlos Pizarro está vivo, según le consta a SEMANA.

LA RESURRECCION
¿Qué había pasado realmente? ¿Cómo estaba vivo un hombre a quien todo el mundo, hasta su propia madre, daba por muerto?
La reconstrucción de los hechos es la siguiente: el miércoles 4 de abril un grupo de guerrilleros del M-19, comandado por Rosemberg Pabón, dio un golpe en Corinto, Cauca, y posteriormente hizo la retirada en automóviles, internándose en la Cordillera Oriental. Como el contraataque del Ejército era enérgico y ya habían tenido varias bajas, los guerrilleros determinaron que entrara en acción una "escuadra de contención" ubicada a pocos kilómetros de distancia, en El Palo, Valle. En el enfrentamiento que allí se produjo el M-19 tuvo cuatro bajas, que fueron identificadas inmediatamente porque los muertos llevaban encima sus cédulas de ciudadanía. El "doble" de Carlos Pizarro era en realidad Luis Eduardo Bueno Soto, de 27 años, natural de Tuluá. El médico que le hizo el reconocimiento descartó la posibilidad de que se tratara de Pizarro. El cadáver de Bueno Soto, junto con los de sus otros tres compañeros de armas, fue trasladado a Corinto y enterrado en una fosa común.
Cuando el viernes siguiente Juan Antonio Pizarro, por petición de su madre, viajó a Corinto e hizo desenterrar el cuerpo, se encontró con que era mucho más bajito y completamente distinto a su hermano Carlos. El impresionante símil de la fotografía, que lo había confundido también a él, era simplemente una ilusión óptica.
Carlos Pizarro, a quien todos dieron por muerto, seguía vivo. Sólo dos personas supieron la verdad desde el principio: el General Matamoros, quien se la dijo desde el primer momento a su prima hermana, la madre del guerrillero, sin que ésta le creyera, anonadada como estaba por la evidencia de la foto. Y el propio Carlos Pizarro, quien en algún lugar de las selvas colombianas, debió reirse de la noticia de su propia muerte.

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