política

La paz de Pastrana: así fue el frustrado capítulo del Caguán

La entrevista en la que el expresidente Andrés Pastrana afirmó que el de Santos era el peor proceso de paz causó todo tipo de reacciones. SEMANA recuerda los pormenores de los frustrados diálogos del Caguán entre el Gobierno y la entonces guerrilla de las Farc.


Para nadie es un secreto que el expresidente Pastrana ha visto siempre con cierta reserva el contenido de los acuerdos de paz firmados entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y la antigua guerrilla de las Farc. Aunque en términos políticos los dos exmandatarios siempre estuvieron bastante cercanos, de un tiempo para acá el líder conservador ha tomado distancia de quien fuera su ministro de Hacienda y se siente hoy más cómodo comulgando con la línea ideológica del Centro Democrático. 

Muchos le han cobrado a Pastrana esa voltereta política pues son varios los videos que rondan por internet en los que se le ve haciendo fuertes afirmaciones en contra del uribismo. Sin embargo, lo que los críticos del expresidente conservador no le perdonan es el hecho de haberse opuesto a un proceso de paz que, a diferencia del que se adelantó en su gobierno, fue concretado. Por eso este fin de semana causó gran revuelo la entrevista concedida por Pastrana al diario ‘El Espectador‘ que se titulaba “El de Santos fue el peor proceso de paz”. A raíz de su publicación, los usuarios de las redes sociales abrieron el baúl de los recuerdos y empezaron a escarbar en lo ocurrido en el proceso de El Caguán.

En el Gobierno pasado, mientras se desarrollaban las negociaciones en La Habana, se volvió un lugar común entre los escépticos del acuerdo decir que Santos le había entregado el país a las Farc. Pastrana, uno de los defensores de esa idea, nunca ocultó su descontento y se convirtió en uno de los líderes del No en el plebiscito. Pero más allá de desavenencias políticas, es válido analizar en el terreno de los hechos: ¿Cómo se puede catalogar el proceso de paz de Pastrana? SEMANA hace un recuento de lo que aconteció en el proceso de paz de El Caguán:

A finales de los noventa, el país estaba agobiado con los embates de la confrontación armada permanente entre la insurgencia y las Fuerzas Armadas, y en el electorado se sentía un deseo marcado por optar por un candidato que enarbolara las banderas de la paz. Así las cosas, el entonces aspirante presidencial, Andrés Pastrana, abandonó su esquema de seguridad y se adentró en la selva para reunirse con Tirofijo. Al término del encuentro, el máximo líder de la guerrilla manifestó que estaría dispuesto a negociar con Pastrana si este llegaba al Gobierno y ese anuncio fue determinante en el triunfo del candidato conservador.

Luego de ese primer asomo de esperanza, el proceso de paz de Pastrana vio más derrotas que victorias. La cosa comenzó mal desde el principio. El 7 de enero de 1999, cuando Marulanda y Pastrana debían encontrarse para inaugurar juntos los diálogos del Caguán, el jefe de la guerrilla dejó plantado al presidente y este quedó solo aplaudiendo en la tarima al lado de la silla vacía que estaba destinada para Tirofijo. A los pocos días de ese episodio, los diálogos fueron congelados porque la guerrilla pedía informes de los resultados de la lucha contra los paramilitares y se citaron para un encuentro dos meses más tarde.

Como elemento principal de la negociación, Pastrana había acordado con la guerrilla despejar un territorio equivalente en tamaño a al área de Suiza. La llamada zona de distensión se convirtió en un arma de doble filo. Una medida que había sido aceptada como un gesto de buena voluntad para sentar a la mesa a la guerrilla, terminó convirtiéndose en un territorio sin dios ni ley en donde la insurgencia hacía de las suyas y fue utilizada por los rebeldes para fortalecerse en el campo militar y para industrializar su negocio del narcotráfico. Durante la negociación, en lugar de avanzar en un desescalamiento del conflicto, las Farc se dieron  a la tarea de cometer más crímenes que nunca antes. Se incrementaron las pescas milagrosas, las tomas a pueblos, los secuestros selectivos y las emboscadas a puestos de mando militares.

La situación de los diálogos empezó a hacer agua en la opinión y cerca del 70 por ciento de los consultados consideraban que la crisis se debía a la debilidad del Gobierno de turno. Mal que bien, por más deseos de paz que existieran entre los colombianos, la gente empezó a sentir que la guerrilla se estaba burlando de la buena volutad presidencial.

Le puede interesar: "Santrich ha traicionado a su propia gente": Petro

El país ya estaba cansado y no era para menos. En el desarrollo de los diálogos se había presentado el secuestro del periodista Guillermo, "La Chiva", Cortés; la fundación del Movimiento Bolivariano por una nueva Colombia que permitía a la guerrilla actuar como estado independiente, administrar justicia, ejercer beligerancia y publicar ¨leyes¨ agrarias y tributarias; el secuestro de un avión que aterrizó un piloto de las Farc en la zona de distensión, guerrillero que nunca fue entregado a la justicia del país; el secuestro de Juliana Villegas, hija de Luis Carlos Villegas, entonces presidente de la Andi; el asesinato del parlamentario Diego Turbay, su mamá y seis personas más; el secuestro del senador Luis Eladio Pérez; el ataque a la base militar de Coreguaje en el Putumayo; el ataque con explosivos a la cárcel La Picota que provocó la fuga de noventa y ocho reclusos; el asesinato de Consuelo Araujo; el secuestro de la candidata presidencial, Ingrid Betancourt, y de su fórmula, Clara Rojas después de finalizar los diálogos; y, finalmente, el secuestro del avión en donde viajaba Jorge Eduardo Gechem quien fue privado de su libertad por 6 años.

Por más complicaciones que haya tenido el proceso de La Habana, estas no se podrían comparar con las que se vivieron entonces. No obstante, no todo en el Caguán fue malo. Varios expertos coinciden en que el problema de ese proceso fue que las dos partes estaban sentadas a la mesa mientras en realidad su intención era preparase para la guerra. Eso tiene algo de cierto. Simultáneo a las conversaciones, las Farc se fortalecían militarmente y Pastrana, por su parte, ponía en marcha el Plan Colombia para fortalecer las Fuerzas Armadas. Fue justamente ese esfuerzo el que le permitió a Álvaro Uribe, una vez en el poder, disponer el poderío militar que fue sembrado por Pastrana para llevar a cabo su política de seguridad democrática.

Palabras más, palabras menos, entre el proceso de paz de Santos y el de Pastrana hay una diferencia fundamental. El primero se concretó y el segundo no. Sin embargo, no tiene sentido que los expresidentes se peleen por quién se lleva el crédito cuando la realidad es que el proceso que se firmó en el Teatro Colón no hubiera existido sin el esfuerzo de los antecesores de Santos. Pastrana formó un ejército competente y preparado, Uribe lo utilizó, y Santos luego sentó a la guerrilla a negociar gracias a los esfuerzos militares de sus antecesores.

Contrario a lo que muchos piensan, durante el Gobierno de Uribe también fueron muchos los intentos frustrados por sentar a las Farc a la mesa de negociación. Y por eso Santos siempre podrá decir que, aún con las complicaciones conocidas, el suyo fue un proceso no se quedó en el camino y que llegó a un puerto, esto sin desconocer algunas secuelas como el incremento en el área sembrada de coca o el resurgir de las disidencias. Más allá de la apuesta de un presidente, los procesos de paz los firman finalmente los Estados. Eso es lo que la historia con la perspectiva de los años evaluará.

Puede leer: Las increíbles respuestas de AndrésPastrana