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| 4/30/2001 12:00:00 AM

La prueba reina

Por primera vez aparecen documentos que comprometen a las Farc en el negocio del tráfico internacional de cocaína.

La prueba reina, Sección Nación, edición 987, Apr 30 2001 La prueba reina
El martes de la semana pasada arribó a Bogotá procedente de Washington un fiscal delegado por el Departamento de Justicia de Estados Unidos. Permaneció en el país durante tres días. En completo sigilo se reunió con el fiscal general de la Nación, Alfonso Gómez Méndez, con la cúpula de las Fuerzas Militares y con miembros de la dirección de la Policía Nacional. La misión del funcionario estadounidense era conocer de primera mano los documentos incautados durante la operación Gato Negro, realizada por la Fuerza de Despliegue Rápido del Ejército en las selvas de Guainía, Guaviare y Vichada contra el comandante del frente 16 de las Farc Tomás Molina Caracas, alias el ‘Negro Acacio’.

La importancia de esta documentación hallada por las autoridades colombianas es que puede convertirse en la prueba reina que están buscando las autoridades de Estados Unidos para demostrar que las Farc están metidas en el negocio del tráfico internacional de cocaína. Esa misma información, que hoy está en manos del fiscal enviado desde Washington, también la conocen los altos funcionarios del FBI, la DEA y varios congresistas norteamericanos. Una vez analizada y procesada toda esta documentación el gobierno de Estados Unidos procederá a realizar lo que se conoce como la asistencia judicial internacional, encaminada a formalizar la solicitud de extradición de los comandantes del frente 16, una de las estructuras más importantes de las Farc para el manejo de sus finanzas. En otras palabras, las autoridades norteamericanas apuntan a demostrar que existe una conspiración por parte de un frente de las Farc para introducir cocaína a ese país. “Es eso lo que pretendemos. Sólo faltaría un paso para que esa solicitud se dé, y es comprobar que la guerrilla internacionalizó sus rutas y está comercializando la droga en el exterior”, dijo a SEMANA una fuente del Departamento de Estado en Washington.



La operacion

¿De dónde salieron las pruebas que tienen en jaque a las Farc ante el gobierno de Estados Unidos? Todo comenzó el pasado 12 de febrero, cuando el comandante de la Fuerza de Despliegue Rápido, general Carlos Fracica, se internó en las selvas del Vichada, Guaviare y Guainía al mando de 3.300 soldados de élite. Estaba tras los pasos de Tomás Molina Caracas, más conocido como el ‘Negro Acacio’, comandante del frente 16 de las Farc. Para esta persecución Fracica no dejó nada al azar: dispuso de ocho helicópteros Black Hawk artillados y cinco MI-17 rusos para el transporte de tropa. El centro de operaciones fue la población de Barrancominas, en Guanía. Allí se dio inicio a lo que más tarde se conocería como la operación Gato Negro.

Por primera vez el Ejército se metía en el corazón de la selva para perseguir a uno de los guerrilleros más importantes en la estructura financiera de las Farc. La misión parecía imposible por las condiciones topográficas de la región, a tal punto que el general Fracica debió reunirse a puerta cerrada con la cúpula del Ejército para evaluar las condiciones de la operación y determinar si ésta era o no viable.

Dos meses después los resultados no pueden ser mejores: Fracica y sus hombres descubrieron un enorme complejo cocalero conformado por más de 80 laboratorios regados en una extensión de 17.000 hectáreas, cada uno de ellos con capacidad para producir entre tres y cinco toneladas de pasta de coca. También cayeron más de 200 barriles de insumos para el procesamiento del alcaloide y fueron detenidos una veintena de guerrilleros. Pero el mayor tesoro que se encontró en la operación Gato Negro fue una montaña de documentos que vinculan por primera vez a un frente de las Farc con el negocio del tráfico de cocaína y esclarecen sus nexos con redes internacionales de este negocio, específicamente con narcos de Brasil, Paraguay y Surinam. Las evidencias demuestran hoy que las Farc no solamente están metidas en el cobro de impuestos a los cultivadores y procesadores de hoja de coca sino que también participan del multimillonario negocio a nivel internacional.

Este hecho fue confirmado por el Ejército con los documentos hallados en las selvas de Guanía, Guaviare y Vichada. Después de ser encontrada el 4 de marzo pasado, dicha documentación deja en claro que existe una conexión entre las Farc y uno de los capos más importantes de la mafia brasileña, conocido como Luis Fernando Da Costa, alias Fernandinho, quien es considerado por la autoridades del Brasil como el jefe de los carteles de la droga que operan en Rio de Janeiro. Según las autoridades este hombre huyó de la persecución de la policía antinarcóticos de Brasil y se refugió en Paraguay, donde recibió protección de algunos colaboradores del general Lino Oviedo. Desde ese país logró conectarse con miembros del frente 16 de las Farc, con quienes inició un lucrativo negocio: cambiar armas por cocaína. Fernandinho se convirtió en el puente para internacionalizar el tráfico de coca por parte de las Farc.

Ante la persecución de las autoridades brasileñas Fernandinho se internó en las selvas colombianas y desde allí siguió manejando el negocio ilícito. Según los documentos incautados por las autoridades, el año pasado la organización de Fernandinho, en asocio con el frente 16 de las Farc, realizaron siete embarques de cocaína, en los que se transportaron 1.900 kilos por un valor de siete millones de dólares. La ganancia neta de esos embarques fue de dos millones de dólares, más de 4.000 millones de pesos (ver facsímil).

El general Fracica y sus hombres no sólo hallaron documentos que demuestran la relación entre el frente 16 de las Farc y uno de los principales capos de Brasil. La operación Gato Negro también permitió encontrar un verdadero tesoro probatorio que implica mucho más al ‘Negro Acacio’ en el negocio del tráfico de estupefacientes. Las autoridades incautaron cuadernos escritos de puño y letra de los guerrilleros, en los que se registra un detallado inventario de los negocios de coca. Así mismo, los documentos demuestran cómo el frente 16 de las Farc intercambiaba coca por armas.

Aparte de la documentación encontrada, los testimonios de los guerrilleros detenidos han servido para corroborar la estrecha relación personal y comercial que existía entre el comandante guerrillero y el capo brasileño. “Fernandinho decía qué cantidad de coca necesitaba y Acacio se la suministraba”, declaró uno de los guerrilleros detenidos a los fiscales que tienen a su cargo la judicialización de la operación Gato Negro.



Las pruebas

Durante varios días los soldados se dedicaron a sacar en enormes cajas de cartón los documentos hallados en los campamentos del frente 16 de las Farc. Este material pasó a manos de las unidades de Inteligencia del Ejército, que hoy todavía están evaluando su contenido. Una copia de estos documentos fue enviada al fiscal general de la Nación, Alfonso Gómez Méndez, y hará parte de los expedientes que se abran en los procesos que adelante el ente acusador.

La semana pasada parte de la documentación hallada por el Ejército en las selvas colombianas fue trasladada personalmente por el fiscal enviado por el Departamento de Justicia de Estados Unidos rumbo a Washington. El valioso material reposa hoy en manos de funcionarios de las agencias antidrogas de Estados Unidos y de algunos senadores de ese país, entre ellos el controvertido Jessie Helms.

Las pruebas obtenidas por el Ejército durante la operación Gato Negro también llamaron la atención de los medios de comunicación de Estados Unidos. El prestigioso diario The Washington Times publicó un extenso informe del periodista Steve Salisbury titulado en primera página “Redadas encuentran pruebas que comprometen guerrilla colombiana con narcotráfico”. Su publicación trascendió a las altas esferas del gobierno norteamericano y uno de los aspectos que más impresionó a los funcionarios en Washington fue el intercambio evidente de coca por armas entre las Farc y Fernandinho. En efecto, uno de los documentos referidos en el diario norteamericano demuestra que Fernandinho intercambió 543 rifles, incluyendo fusiles AK-47, rifles de asalto G-3, y 2.417 pistolas con las Farc por cocaína.

Gracias al informe de The Washington Times las autoridades estadounidenses también conocieron el relato de un guerrillero capturado según el cual “las Farc son el máximo cartel de la droga. Ellos son los dueños. Ellos no controlan toda la cadena porque carecen de contactos en el extranjero pero Fernandinho lo hace por ellos”. Toda esta serie de documentos y testimonios han llevado a las autoridades norteamericanas a concluir que la relación de las Farc con el negocio del narcotráfico es cada día más evidente y va mucho más allá del cobro de impuestos sobre los cultivos ilícitos.



Lo que viene

La relación de los distintos frentes de las Farc con el negocio del cultivo de coca no es nueva. Según informes de Inteligencia de las Fuerzas Armadas, desde mediados de la década de los 80 esta organización guerrillera ha venido cobrando un porcentaje a los cultivadores y procesadores de hoja y pasta de coca.

Hay documentos que prueban esta afirmación. Uno de ellos, que lleva la firma del comandante Rolando Romero y que fue decomisado durante un allanamiento del Ejército, sostiene que “hay que visitar los negocios y pesar la producción para poder establecer la cantidad de producto y no esperar que ellos vengan a buscarnos para pagarnos y no tengamos la posibilidad de darnos cuenta de la producción (…)”.

Otros documentos firmados por los comandantes de las Farc Arturo Medina, César Jaramillo y Diego Benavides, también en poder de las Fuerzas Militares, sirven como prueba para demostrar la vinculación de esa organización subversiva con el negocio de la cocaína. Según los papeles hallados en enero de 1996 el frente 15 José Ignacio Mora del Bloque Sur cobraba 25.000 pesos por kilo de base y 35.000 por kilo de cristal a los cultivadores y productores del sur del país. Además exigían tres millones de pesos por la utilización de las pistas de aterrizaje y 200.000 adicionales por cada extensión sembrada de coca que superara las cuatro hectáreas. De acuerdo con los balances de dicho frente el 15 de agosto y el 24 de diciembre de 1995 entraron a sus arcas 138 millones de pesos por concepto de impuestos al cultivo y procesamiento de coca.

De cualquier manera, y pese a las numerosas evidencias, no será fácil para las autoridades colombianas y norteamericanas demostrar que las Farc están metidas de lleno en el negocio del tráfico de cocaína. Para empezar, no sólo esa organización guerrillera lo niega sino que el propio gobierno colombiano ha desmentido en múltiples ocasiones que las Farc se hayan convertido en un cartel. Por ahora los documentos incautados en la operación Gato Negro sólo están comprometiendo al ‘Negro Acacio’ y a sus hombres. Pero hay quienes sostienen que por tratarse de una organización jerarquizada es poco probable que el frente 16 esté actuando como una rueda suelta y que, por el contrario, todas sus actividades son de pleno conocimiento del estado mayor de ese grupo subversivo.

En otras palabras, ello significaría que la responsabilidad por el tráfico de drogas no sólo correspondería al ‘Negro Acacio’ sino también a todos los miembros del Secretariado. Por ahora el gran reto que tienen las autoridades de ambos países es comprobar que además de manejar el negocio interno de los cultivos de coca las Farc se están metiendo en las grandes ligas del tráfico internacional.

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