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| 12/11/1980 12:00:00 AM

"Las Farc van a pasar calmaditas el chaparrón de Uribe Vélez"

Plotter, el guerrillero más importante que ha dejado las armas, habla sobre la estrategia actual de las Farc y evalúa la efectividad de la política de seguridad.

Carlos Alberto Plotter habla de las Farc como si todavía fuera guerrillero. Durante 10 años persiguió el sueño de instaurar a través de las armas un socialismo a la colombiana con la misma convicción con la que ahora sabe que la guerra ya no es con él. Plotter es un despechado de las Farc. Se desilusionó porque cree que el narcotráfico y un excesivo militarismo le han hecho perder el rumbo político a la guerrilla que lo sedujo a los 21 años, cuando era un estudiante de la Universidad Nacional. SEMANA recorrió de la mano de Plotter las entrañas de las Farc hoy. Esta es la entrevista editada.

SEMANA: ¿Cómo evolucionaron las Farc durante los 10 años que usted militó?

Carlos Alberto Plotter:
Hubo progresos en la parte militar. Yo ingresé con una carabina M2 y hoy en día el que ingresa entra con un fusil AK o un Galil. Ahora hay cobertura de armas para todos los muchachos. Cuando yo entré era la típica guerrilla que muerde y huye. Era la emboscada, pequeñas acciones que significaban triunfos y daban garantía de movilidad. Se estaban dando los pasos hacia lo operacional.

SEMANA: ¿Qué quiere decir eso?

C.A.P.: Es el movimiento de gran cantidad de hombres para atacar grandes unidades. La primera acción operacional es la toma a la base de comunicaciones de Girasoles, que es paralelo a la toma de Casa Verde por parte del Estado. La confirmación de que la guerrilla estaba en capacidad de atacar objetivos grandes fue Las Delicias, años después.

SEMANA: ¿Cómo lograron dar ese salto?

C.A.P.: En las Farc siempre se obedece un plan estratégico que lo da el marxismo. Gracias a los análisis marxistas creamos unos corredores de movilidad, tenemos comunicación entre frentes, podemos sacar hombres de ciertas áreas para llevarlos a otras.

SEMANA: ¿Y cómo afectó sus rutinas?

C.A.P.: Uno ya no ingresa a un frente sino a la organización. Uno puede ingresar en el páramo de Sumapaz y tiene que ir a pelear a Mitú. Ya no se puede echar raíces porque uno empieza a ser una pieza en movimiento. Se desenraíza de su región, de sus afectos. Eso tuvo consecuencias en lo político, que ahora se están pagando, y en lo militar.

SEMANA: ¿De qué manera?

C.A.P.: Cuando el ataque a Las Delicias, a La Carpa y al Billar las Farc dijeron: "Si se puede hacer acá, por qué no se puede hacer mejor en tres bloques". Entonces se da la orden de conformar las columnas móviles. En cada frente hay una retaguardia donde se puede ir a descansar, donde se puede montar un hospital de guerra, etc. Ahí se concentra una parte de la guerrilla y uno hace trabajo político o militar en los perímetros. Para conformar las columnas móviles tocó sacar personal de esas áreas y perdimos la influencia en esas zonas y nos las coparon los paramilitares. Un caso concreto fue Urabá. En el oriente antioqueño sucedió lo mismo: se sacó gente para hacer las acciones operacionales en Caldas, en parte de Antioquia, y se descuidó el área de Alejandría, Barbosa, y se les permitió el libre acceso a los paramilitares en esa región.

SEMANA: ¿Cómo cambió en lo político?

C.A.P.: Las Farc no han perdido su característica de una guerrilla agraria. Pero en este tiempo se vincularon sectores de las universidades, que de alguna manera le ha ayudado a dar una mayor movilidad política. El estado mayor central tiene mayor composición que en otras épocas de gente de la ciudad.

SEMANA: ¿Qué significó el proceso de paz para las Farc?

C.A.P.: Alfonso Cano lo plantea como que el imperialismo y la oligarquía son tontos y que cuando los tengamos en un período de aletargamiento nos vamos a la guerra. El proceso de paz fue un proceso táctico. La zona de distensión ayudó a desarrollar, paradójicamente, el plan de las Farc: acercó la retaguardia estratégica al centro de despliegue.

SEMANA: ¿Cómo así?

C.A.P.: La retaguardia son los escenarios donde uno puede tener resguardadas sus fuerzas. Y el centro de despliegue es el eje central de un movimiento estratégico. ¿La estrategia cuál es? La toma del poder. ¿El poder dónde se localiza? En Bogotá. El despeje posibilitó que esa retaguardia, que estaba en Chiribiquete, en la Macarena, se acercase al centro de despliegue.

SEMANA: ¿Entonces no había un verdadero propósito de paz?

C.A.P.: Las Farc ven la paz como la carencia de necesidades, y la carencia de necesidades se va a dar cuando se acabe la desigualdad social. Y la desigualdad social se acaba con una revolución. O sea que la paz se logra mediante una revolución. La paz no siempre es la dejación de armas.

SEMANA: ¿Y cómo se vivió el fin del proceso de paz?

C.A.P.: Había dos concepciones: una de la zona de distensión como el escenario del aburguesamiento de cierta calidad y cantidad de guerrilla. Uno de afuera decía: "¿Por qué vamos a seguir en el monte peleando mientras ellos están allá tranquilos?".

SEMANA: ¿Y para la cúpula qué significó romper?

C.A.P.: En la zona se logró una visión internacional y nacional, de que viera a las Farc como una fuerza capaz de imprimirle transformaciones al país. Se logró crear las escuelas de especialidades. Más del 70 por ciento de los comandantes, mandos medios y otros estuvimos en el Caguán recibiendo capacitación en enfermería, artillería, manejo de economía.

SEMANA: ¿Con asesores internacionales?

C.A.P.: Si hay gente que sepa de guerra de guerrillas es el Ejército y la guerrilla colombiana. Yo no vi asesores extranjeros.

SEMANA: ¿Qué tanta incidencia ha tenido el narcotráfico en las Farc?

C.A.P.: Hay una suplantación de la moral. La moral combativa es la que lo lleva a uno al sacrificio, a la entrega de su vida en beneficio de un proyecto hermoso: la revolución. Y cuando uno tiene dinero de por medio, la moral ya no es esa. La moral es acumular más.

SEMANA: ¿En qué se refleja eso?

C.A.P.: La composición de la gente varió mucho. Ya no hay un combate ofensivo para la toma del poder sino un combate defensivo para la protección de áreas. El diseño del operativo puede ser el mismo pero cambia la concepción de por qué. ¿Lo hago para acelerar la toma del poder e instaurar el socialismo? ¿O lo estoy haciendo para proteger el laboratorio?

SEMANA: ¿Los aleja del propósito de la toma de poder?

C.A.P.: Las Farc sí se quieren tomar el poder. Hay muchos que están convencidos de que la toma de poder es posible para la transformación de las relaciones de producción. Pero hay otros que, viniendo de un seno social diferente, adquirieron en las Farc un arma y el uniforme, que da prestigio sobre sus congéneres de vereda, y luego les dieron un mando y llegaron a adquirir poder económico. Y no quieren cumplir con el plan estratégico que implica movilidad. Si me voy de ahí ya no percibo ingresos por cuidado de pistas, laboratorios, lo que sea.

SEMANA: ¿Qué tan cierto es que hoy el comandante guerrillero es casi un traqueto?

C.A.P.: En las Farc hay variaciones. En el Bloque Caribe y el José María Córdoba, por ejemplo, como no hay incidencia de plata del cultivo de drogas, nos toca hacer estirar los presupuestos. En cambio en el Bloque Oriental y en el Bloque Sur anda la gente con el costal de plata al lado. Y sí ve uno ahí que hay gustos muy cercanos a las expectativas de los narcotraficantes.

SEMANA: ¿Dónde está el eje del poder de las Farc?

C.A.P.: Está en el estado mayor central, que es el último que decide. Los bloques Sur y Oriental tienen mucha incidencia porque en ellos recae gran peso del despliegue estratégico. El Oriental les ha dado recursos a todos los bloques, a veces manda armamento y los refuerza con hombres. Por eso tiene una gran incidencia.

SEMANA: ¿Qué opinaban de Uribe?

C.A.P.: Las Farc no le pusieron tanto empeño a las elecciones. Venían de un período de paz donde hubo acumulación de fuerzas, acumulación política, donde se lograron ciertos avances en la táctica y se requería un proceso que agudizara las contradicciones. Y se pensó que eso se daría con Uribe. Se esperaba que con las zonas de rehabilitación golpearía a los individuos, que por su concepción neoliberal iba a seguir despidiendo gente y que todo eso serviría para el desarrollo insurreccional. Pero aunque Uribe tiene una línea muy débil entre autoridad y autoritarismo la población le da una aprobación de más del 50 por ciento. Entonces se agudizaron las contradicciones pero no ha servido para el desarrollo del plan.

SEMANA: ¿Eso las obliga a replantear su estrategia?

C.A.P.: Cuando subió Uribe la orientación que se dio fue seguir haciendo actividad operacional. Llega Uribe y hay una mayor presencia del enemigo. El 'Mono' dice: "Mientras más hombres llegan a combatirnos más blancos hay". Pensamos que como estábamos en la fase operacional desplegábamos 200, 500 hombres y deteníamos el operativo. Vino un desgaste físico para los combatientes, un desgaste de material bélico y como había cobertura de las carreteras, no se podía reamunicionar la gente. No se pudo seguir cumpliendo con la fase operacional y se dijo repleguémonos tácticamente y no hagamos el gasto nosotros, que lo haga el Estado. Nosotros nos quedamos acá, tranquilos, quietecitos, conservando la fuerza.

SEMANA: ¿El repliegue consiste en ponerse de nuevo la ruana?

C.A.P.: No, llegó el momento del trabajo de masas. De sacar gente y de ir de casa en casa.

SEMANA: ¿Cuánto tiempo se pueden replegar sin sufrir un deterioro?

C.A.P.: Si bien el costo en la fase operacional es alto también hay beneficios: control de territorio por la mayor dispersión en el área y presencia en las masas.

SEMANA: Pero si la política del Estado es recuperar el control territorial no es tan claro que puedan mantener el control del área.

C.A.P.: El soldado campesino está en el casco urbano, igual que está la Policía. Y hay casos como en Cocorná, donde está la Policía pero uno puede bajar de guerrillero, incluso casi uniformado. Yo bajaba hasta Cocorná y la Policía no salía del marco de la plaza. El verdadero control territorial se hace con operativos permanentes en las áreas, patrullajes, relación real con la población civil. El control que se hace en el casco urbano es no permitir que entren víveres, controlar unas rutas de acceso de economía, de logística, de salud.

SEMANA: ¿Entonces por qué está de acuerdo con Joaquín Villalobos en que las Farc sí van perdiendo?

C.A.P.: Porque las operaciones militares que se hacen hoy en las áreas sí tienen permanencia. Antes el Ejército iba ocho días y salía y nosotros volvíamos. Ahora pasa un mes, dos meses, tres meses y no sale el operativo. Si el operativo dura mucho nos aíslan de la población civil, se rompe el vínculo con las masas. Está pasando que nos aislaron de unos territorios que teníamos dominados, nos sacaron para la retaguardia, ¡para la selva, mijo!

SEMANA: ¿Los batallones de alta montaña sí significan un golpe?

C.A.P.: Un batallón de alta montaña cierra un corredor de movilidad acá. Pues entonces pasamos por allá. Lo que sí ha hecho daño a las Farc son las operaciones y la movilidad del Ejército. Uno ya vive tensionado a toda hora. Con Pastrana como en un año y medio peleamos dos veces, ahora casi todos los días.

SEMANA: ¿Y eso cómo los afecta?

C.A.P.: La tensión sicológica, perder tropa, porque uno forma lazos familiares con los muchachos, y también la responsabilidad frente a sus superiores. Ahora hasta para hacer las necesidades uno va con el fusil.

SEMANA: ¿Qué tanto las afectaría si capturaran o mataran a un miembro del Secretariado?

C.A.P.: Se exaltaría la vida de combate del camarada y el plan seguiría.

SEMANA: ¿Las deserciones sí crean un impacto?

C.A.P.: Es duro para las masas y para la misma tropa. Si se fue éste que era un comandante que tenía acceso a no sé qué, cómo no nos vamos a ir nosotros.

SEMANA: ¿Esa fatiga con la guerra también la sienten sus comandantes'?

C.A.P.: Es que uno no se acostumbra a la vida del monte, uno se resigna. Ellos también tienen añoranzas pero eso no significa que se vayan a entregar. Ninguno de los cuchos va a venirse a entregársele al Estado para que lo condenen a 50 años de cárcel y para que lo muestren como la parte débil después de tener incidencia sobre miles de hombres.

SEMANA: ¿Qué es el Partido Comunista clandestino?

C.A.P.: Cuando el Partido Comunista legal se convirtió no en revolucionario sino en reformista hubo un rompimiento político. Entonces las Farc dicen, "vamos a construir un partido para la guerra" y creó el Partido Comunista clandestino, que es mucho más grande que el Partido Comunista legal.

SEMANA: ¿Son milicianos?

C.A.P.: Todos los que están organizados por las Farc hacen parte del partido. Pero hay gente del partido que se encarga de trabajos políticos, ideológicos, de educación. Las milicias bolivarianas son gente que tiene familia, trabaja, estudia, y también le entrega un pedazo de tiempo a la parte armada.

SEMANA: ¿Qué significa para las Farc el acuerdo de desmovilización de las AUC?

C.A.P.: En Urabá es indiscutible que el frente 5, el 34 tienen una proyección hacia el eje bananero y es indiscutible que el 18 ha vuelto a su área en Córdoba. Las Farc ganaron en Paramillo. Los paramilitares ven que las Farc les están ganando territorio. ¿Qué hacen ahora? Se encampamentan en su retaguardia con un cordón de seguridad del Ejército. Así van a proteger sus fusiles y su territorio. Si hubiese persecución y sanción a las entidades y a los hombres que promueven el paramilitarismo como política de Estado sería otra cosa.

SEMANA: ¿Por qué es una prioridad tan grande lo del canje?

C.A.P.: Las Farc están sacrificando hombres para la custodia de esos prisioneros. En el terreno político también es importante porque se hace la diferenciación entre un prisionero de guerra y un delincuente común. La otra ganancia es que allí hay algunos cuadros que salen para la confrontación. También hay una preocupación humanitaria. El pleno de 2000 le dijo a 'Marulanda': "Camarada, encárguese usted del proceso de intercambio humanitario". Y él es como Uribe: tan minucioso y tan de mostrar que se pueden hacer las cosas, que va a sacar adelante el canje.

SEMANA: Oyéndolo pareciera que en las Farc hubiese un régimen más democrático y menos basado en el terror.

C.A.P.: Hay espacios democráticos donde uno puede decir y expresar. Pero hay una disciplina férrea de autoridad donde se sanciona hasta con la pena, de muerte. Y eso mantiene la unidad. Porque si formaran a todos los guerrilleros del país y 'Marulanda' dijera "los que se quieran salir, sin que haya sanciones, sálganse". Se saldría la inmensa mayoría.

SEMANA: ¿Cómo explica eso?

C.A.P.: Por la falta de moral, por el abandono de algunos principios, porque todo lo que persigue la Farc es muy bonito pero la práctica es muy fea.

SEMANA: ¿En qué sentido?

C.A.P.: En las áreas hay un desplazamiento masivo por la confrontación. Aparte de eso se le está diciendo a la gente: se organiza o se va. Y organizarse es meterse al Partido Comunista clandestino, meterse a las milicias bolivarianas, enguerrillerarse.

SEMANA: ¿Por eso desertó?

C.A.P.: Fue una sumatoria. Yo siempre estaba discutiendo que a la población civil no se le dan órdenes, se le conquista. Lo otro es que a mí me enseñaron que para hacer un plan militar primero tocaba sustentarlo políticamente. Pero por ejemplo, con la acción de Dosquebradas, en San Carlos, que fue en represalia a una masacre de los paramilitares, se discutió cómo se iba a hacer y qué implicaciones tenía. Pero, cuando ya supe era que se habían metido los muchachos y que la orden había sido que al que se moviera tocaba darle. Hubo una masacre. Cuando ya estaba consumado el hecho dijeron, "Plotter, hágase un documento para eso". En enero di unas declaraciones para la televisión justificando el hecho y me sentí mal.

SEMANA: ¿Eso detonó su decisión?

C.A.P.: Una sumatoria de cosas como esas que iban contra los principios elementales de por qué ingresé a la guerrilla. No era la guerrilla comunista a la que yo había ingresado. Ahora hay cuestiones individualistas.

SEMANA: ¿Cómo qué?

C.A.P.: Mandos medios que se quedan con dinero para su lucro personal. No para tener bienes excesivos, pero tienen un reloj o el televisorcito, que no pueden tener los otros muchachos. Hay gente que está durmiendo en carpas de caucho, pero hay un mando medio que encarga en forma individual una carpita de techo buena. En otros frentes hablan de que construí una casa.

SEMANA: ¿Qué tanta autonomía tiene un comandante de frente?

C.A.P.: En la estructura militar se cumplen las órdenes pero hay un espacio democrático, que es la reunión de partido. Luego en la asamblea se reúnen todos los combatientes del frente y discute qué se ha cumplido de un plan, qué errores ha habido. Y está la conferencia, a la que va el estado mayor central por derecho propio, y unos representantes por frente, elegidos en una asamblea de frente. Es la máxima instancia.

SEMANA: Si es tan unificada ¿por qué necesitaron un mes para verificar si habían puesto la bomba de El Nogal?

C.A.P.: Antes tocaba ir al Secretariado a explicar los planes militares y cuando llegaba la autorización las condiciones ya eran diferentes. Eso se solucionó con los bloques. Pero existe un exceso de militarismo en las Farc, que se ejecuta una acción sin que primero se haga un balance político. Lo que ha pasado en las Farc es que como eso se obvió, porque la parte política está disminuyendo, se hace lo militar y luego se busca el sustento político de por qué se hizo. Entonces toca consultar quién fue, por qué se hizo, y ahí se demora el mes.

SEMANA: ¿Es decir, que una acción como El Nogal sí se pudo haber decidido sin consultar al Secretariado?

C.A.P.: Pudo haber sido porque hay la presión del cumplimiento de ciertas tareas, y eso da premura. Entonces a veces se ejecutan cosas drásticas para poder cumplir con su plan. Pero yo dudo mucho de que la guerrilla haya puesto esa bomba por la capacidad de inteligencia que requería lo de El Nogal.

SEMANA: ¿Y de que haya engañado gente para usarlos como hombres bomba?

C.A.P.: Yo no digo que se dio, pero pudo haber sucedido porque hay un plan y de pronto el mando no vio cómo hacerlo y engatusó a alguien y lo puso a hacer eso para cumplir.

SEMANA: A las Farc parece que no les importara lo que opinen sobre sus acciones. ¿hay algo que les importe?

C.A.P.: Las Farc están preocupadas por su estatus de beligerancia y por eso les preocupa la parte internacional. Tan es así que pidieron un espacio en el grupo de Rio para hacer unos descargos.

SEMANA: ¿Y la resistencia civil?

C.A.P.: Digamos la marcha del 20 de julio con las banderas, que están apoyando al Ejército, eso no les importa porque están manipuladas por la oligarquía. En el área sí importa mucho lo que hacen los campesinos o las masas.

SEMANA: ¿Qué más pone a pensar a las Farc?

C.A.P.: No les importa tanto que las vean como grupo narcoterrorista, pero les importan los términos en que se refieran a ellos, sobre todo para el estatus de beligerancia.

SEMANA: ¿Por qué les importa ese estatus de beligerancia?

C.A.P.: Las Farc van por la toma del país. Pero si el plan estratégico no funciona, como dicen allá, "si no cuaja el plan A, toca darle al B", se puede hacer un gobierno independiente en la región Oriental y Amazónica. Y pueden tener sus representaciones internacionales.

SEMANA: ¿Qué cree para los próximos años?

C.A.P.: La guerrilla se va a retirar hacia sus áreas. Va a acumular políticamente yendo de casa en casa. Va a reservarse en términos de protección de logística, y va a pasar el chaparrón de Uribe Vélez calmadita. Pero si el Ejército le da papaya para hacer una operación militar va a juntar fuerza y lo va a golpear.

SEMANA: ¿Cree que con Uribe habrá un proceso de paz?

C.A.P.: Creo que con Uribe no habrá un proceso de paz. Con el próximo gobierno sí.

SEMANA: ¿Cómo analiza su vida?

C.A.P.: El pueblo colombiano tiene dos caras: quiere albergar al que se sale de la confrontación pero no le perdona ciertas actitudes.

SEMANA:¿Y sentimientos de culpa?

C.A.P.:Mi ingreso, mi permanencia en la guerrilla, mis actividadeslas hice pensando siempre en que cada paso, cada tiro iba a servir para la construcción de un país diferente.

SEMANA: ¿No se arrepiente, por ejemplo, de haber tenido a los soldados en la situación que los tuvieron ?

C.A.P.: Yo estaba inmerso en el mundo de las órdenes y del costo-beneficio de las actividades militares. No puede decir me arrepiento de lo que hice porque la guerra es siempre inhumana. Tengo una paz interior porque siento que hice lo que tuve que hacer, y que me salí cuando no coincidió la teoría y la práctica con lo que yo pensaba; y que la guerra ya no es conmigo.

SEMANA: ¿Y cómo espera ahora que la sociedad reaccione frente a usted?

C.A.P.: No solo frente a mí sino frente a todos los que opten por la salida de la confrontación. Uno se desarma de espíritu, de conciencia, de corazón y de materia; espero que la sociedad también se desarme y les dé oportunidad de reinserción a los ex combatientes. Que les dé posibilidades de ser hombres.

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El dosier secreto de las Farc

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