Muchos colombianos vieron caras nuevas y respetables recién elegidas al Congreso, como el ex ministro Rafael Pardo y el ex magistrado Carlos Gaviria, y se emocionaron una vez más convencidos de que la política colombiana estaba cambiando. Concluyeron apresuradamente que este Congreso, de la mano del nuevo presidente, aprobaría con mayor facilidad las anheladas reformas que le devuelvan la decencia a la política.
Sin embargo, una mirada más detallada —y menos emotiva— de los resultados arroja conclusiones más bien desalentadoras.
Sí es cierto que hay caras nuevas, y también que el voto independiente se lució. Una docena de curules en el Senado 2002-2006 pertenecerá a figuras que obtuvieron todos sus votos o muchos de ellos de ciudadanos libres, que no vendieron su derecho por un puesto o un contrato. Allí están Luis Alfredo Ramos, Antonio Navarro, y sus segundos renglones; y Germán Vargas Lleras, Carlos Gaviria, Jesús Enrique Piñacué, Oscar Iván Zuluaga y Luis Alberto Gil, entre los más votados.
Pero su elección se debe a razones diferentes en cada caso. Navarro, el segundo más votado en el Senado con más de 210.000 votos, y Gustavo Petro, el campeón de la elección en la Cámara por Bogotá con casi 80.000 votos fueron premiados por el electorado por su postura independiente y de denuncia frente a la corrupción y la politiquería.
“Hoy la política gira en torno a problemas y la gente mira a ver quién está más capacitado para resolver un problema y vota por él”, explica el politólogo Alfredo Rangel.
Otros ciudadanos con una reflexión más sofisticada, creyeron que escogiendo candidatos de izquierda le harían contrapeso al presidente que muy probablemente sería Alvaro Uribe Vélez. De ahí, los votos de estos dos ex guerrilleros y de aspirantes como Gaviria.
“Yo voy a votar por Uribe y por eso mismo escogí a Navarro”, dijo un médico en lo que parece una contradicción. “Es una manera de balancear, pero también de premiar las opciones de izquierda no armada y darle una lección a la guerrilla que no quiere desmovilizarse”, explicó.
Otras de las caras nuevas tienen una explicación distinta. Luis Gil, proveniente de un movimiento de desmovilizados, y con un gran apoyo entre los maestros, es fruto de una organización gremial y popular. Algo similar ocurre con Luis Avellaneda, un maestro que representa a su sector. Otros salieron con esa misma lógica: Alexandra Moreno representa a un grupo cristiano, y Luis Elmer Arenas, a oficiales retirados de las Fuerzas Armadas. Es algo parecido a lo que ha sucedido en elecciones pasadas, sólo que un poco más generalizado.
No obstante, en estos comicios el votante de opinión se mostró más maduro: desechó a los artistas que lo desilusionaron en el pasado, y no se dejó llevar por la pura moda. Escogió figuras que si bien eran nuevas, tenían trayectoria pública reputada, como Rafael Pardo, por ejemplo.
Es un pesar que de todas formas haya habido cierto reemplazo de buenos políticos dentro de la franja de opinión. Así se quemaron, para citar tres casos solamente, Rafael Orduz del Partido Visionario, una de las estrellas en la legislatura anterior; Juan Martín Caicedo, un senador que hacía la tarea, y Juan Manuel Ospina, que desempeñó un papel valiente, pero fue severamente afectado por el golpe de opinión contra Fabio Valencia Cossio y el pastranismo en Antioquia.
Efecto ‘alka seltzer’
Un fenómeno nuevo en política que apareció por primera vez el 10 de marzo fue que muchos candidatos se subieron como espuma de ‘alka seltz er’ por cuenta del respaldo que les dio un aspirante presidencial independiente. Antes era el presidenciable quien estaba buscando el apoyo de los parlamentarios para asegurar su elección.
Ahora sucedió al revés. El caso más evidente fue el de Uribe Vélez. Por cuenta de su enorme popularidad a muchos de sus adeptos se les crecieron las votaciones a alturas nunca imaginadas. Germán Vargas Lleras, que adhirió a la causa uribista y cuya afinidad ideológica con el candidato presidencial la gente conocía, multiplicó por cuatro su votación de 1998. Mario Uribe, primo del candidato y aliado suyo de muchos años, más que duplicó su cauda. Efraín Cepeda Sarabia, que perteneció al movimiento del presidente Andrés Pastrana, con su adhesión a Uribe se duplicó. Y Claudia Blum creció en 25.000 votos .
Aspirantes nuevos como Oscar Iván Zuluaga
—un caldense emprendedor de la línea de Luis Alfonso Hoyos— alcanzaron cifras récord, sólo logradas por personajes de mucho trajín en la política.
Un caso similar fue el de Gina Parody, la primípara abogada javeriana, que de ser una desconocida absoluta y sin tener 30 años de edad, se llevó más de 70.000 votos a la Cámara por Bogotá. Es importante señalar que le ayudó su enorme gasto publicitario que la impulsó con una efectiva campaña al lado de Uribe Vélez hasta en el último rincón de la ciudad.
Los votos por los congresistas de Uribe Vélez reflejaron una mayor madurez del ciudadano, pues detrás de ellos también estaba la convicción de que había que escoger un Congreso que dejara gobernar al presidente y que fuera afín a sus objetivos. Es por eso que varios analistas pronostican que ya no será tan difícil aprobar leyes más drásticas en materia de guerra que les darán a las autoridades más poderes para capturar e investigar a guerrilleros y paramilitares.
Esta suerte de efecto ‘alka seltzer’ además pudo haber funcionado en los casos de Carlos Gaviria y del sindicalista que fue víctima de un atentado terrorista, Wilson Borja. Ellos se hicieron conocer y aumentaron su votación también por la influencia del aspirante Luis Eduardo Garzón. Aunque, según las encuestas, apenas tiene unos pocos puntos porcentuales del favor electoral, ‘Lucho’ se ha posicionado con éxito como el candidato de la izquierda democrática, en la esquina opuesta de Uribe Vélez.
Las sombras
No todo lo nuevo en esta elección fue positivo. Es la primera vez que se da en Colombia una incursión tan agresiva y explícita de las autodefensas en el Congreso. Y no sólo fue cuestión de declaraciones. Hubo regiones donde aspirantes de la entraña paramilitar salieron elegidos; y en otras, sólo quienes obtuvieron su permiso pudieron hacer campaña (ver recuadro).
Como ha sido la constante desde hace varios períodos, algunos aspirantes llegaron al Congreso montados en los millones de los dineros calientes. Sólo que esta vez se habla de personajes con varios sombreros: el de narcoguerrilla, o el de narcoparamilitar.
Pero sobre todo en este Congreso recién elegido están los mismos de siempre. Son los caciques de hace tiempos, con sus maquinarias aceitadas por el control de entidades públicas, por su capacidad de repartir cuotas, contratos, y, en algunos casos, de comprar votos.
Entre los jefes clásicos de la política entraron al Senado: Juan Manuel López Cabrales, Omar Yepes, Luis Guillermo Vélez, José Name, Roberto Gerlein, Alvaro García Romero, Víctor Renán Barco, Carlos Holguín Sardi, entre los más votados.
Y hay nuevos ‘caciques’ que, con el mismo método de la clientela, saltaron de la Cámara al Senado, o de otras entidades políticas regionales a la Cámara.
Al futuro
Esta elección al Congreso también sirve —como todas las anteriores— para pronosticar lo que puede suceder en las presidenciales del 26 de mayo, ya no con encuestas, sino con votos contantes y sonantes.
Las cuentas revelan que —luego de las primeras adhesiones post electorales— Uribe Vélez iba sumando 46 senadores el viernes pasado que tenían un poco más de tres millones de votos, un 47 por ciento del total de los votos por los senadores elegidos (ver tabla). Horacio Serpa sumaba 31 senadores con 1,8 millones de votos, un 30 por ciento del total. Ocho senadores entre los que están los de movimientos cristianos y el grupo de Mipol (Movimiento de Integración Popular) de varios grandes electores de la Costa Caribe no se habían definido aún. Estos últimos se reunieron en Barranquilla el viernes para empezar a discutir su postura frente a la primera vuelta presidencial.
Los independientes, los indecisos, los que apoyan a Noemí Sanín (Mauricio Pimiento y Juan Gómez Martínez) y los que siguen a Garzón (Avellaneda y Gaviria) sumados tienen poco más de un millón de votos, un 15 por ciento que tiene el potencial de convertirse en una bancada influyente en el Congreso.
Estas cuentas preliminares reiteran que Uribe será el triunfador, y dependiendo de qué hagan los que aún no toman partido podría, incluso, derrotar a Serpa en una sola vuelta.
De todos modos, aún con mayoría en el Senado y un peso considerable en la Cámara será difícil que el próximo presidente pueda reformar la política. Con este cuadro de elegidos, como dijo un conocedor profundo del Congreso y sus hábitos, no se puede esperar el milagro de que sean aprobados los cambios que permitirían la reconstrucción de unos partidos democráticos y el desmonte del sistema corrupto que tiene bloqueado al país. Tampoco es probable que la mayoría se deje revocar. “Como en la mayoría de los casos, cada congresista lo que tiene montado es una empresa electoral, necesita asegurarse que tendrá el tiempo suficiente para recuperar sus gastos de campaña, con alguna ganancia. Antes de eso tumbaría al gobierno, pero no se dejará sacar”, dijo la fuente.
Así que, sea quien salga, el próximo presidente volverá a tener el desafío de superar los chantajes de siempre en el Congreso, aunque sí es cierto, tiene el consuelo de que contará con algunos congresistas de lujo que podrán ayudarle con su apoyo o con su crítica a sacar el país adelante.
Votebien.com
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Lo bueno, lo malo y lo mismo
Horacio Serpa perdió, Alvaro Uribe barrió y la izquierda ganó votos.
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17 de marzo de 2002 a las 7:00 p. m.