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Mientras en el mundo la televisión se convierte en el medio más importante, en Colombia parece estar en retroceso.

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8 de febrero de 1998, 7:00 p. m.

La nueva programación de televisión lleva tan sólo dos semanas al aire y durante este tiempo ha recibido tantas críticas que si se tratara de una pelea de boxeo y los malos comentarios fueran golpes muy probablemente ya hubiera sido derrotada por nocaut. A partir del primero de enero los televidentes se toparon con resúmenes de series de alto rating como La mujer del presidente o Tiempos difíciles, tres programas de Pacheco seguidos un domingo por la tarde, novelas viejas como El manantial o La Pantera y hasta media hora sobre la vida diaria de una candidata presidencial en horario triple A. Lo único novedoso que vieron fueron los noticieros debutantes, la mayoría de los cuales _a pesar de estar estrenándose_ dejaron la sensación de que pertenecían a la televisión de los 80 y no a la del siglo XXI. El desagrado con la nueva programación se vio reflejado ya en los primeros sondeos. En el Opinómetro del diario El Tiempo y la emisora La FM, publicado el pasado 6 de enero, sólo el 13 por ciento de los entrevistados calificó como buena la emitida hasta entonces. Es probable que esta opinión cambie luego del 15 de enero cuando, según las programadoras, salgan a la luz nuevas producciones y se normalicen las emisiones. De hecho, hay expectativas por las producciones que saldrán próximamente, como la serie de Bernardo Romero Pereiro Hilos invisibles y la telenovela de Cenpro Perro amor, que se emitirá a las 10 de la noche. Algunos de los espacios periodísticos también se encuentran todavía en etapa de preparación. Ese es el caso, por ejemplo, de En Vivo Televisión. Sus programas Yo invito, una entrevista íntima a los personajes del país a cargo del periodista Darío Restrepo, y el nuevo noticiero Adelante, que se emitirá todos los días entre las 6 y 6:30 de la mañana, sólo saldrán al aire a mediados de enero.Para las programadoras las críticas que les han hecho hasta el momento son exageradas. En su opinión, dos semanas al aire no son suficientes para juzgar lo que han hecho. Consideran que se han esforzado bastante teniendo en cuenta que, según explica Carlos Mejía, el comercializador del Canal A, "los anunciantes comienzan a pautar luego del 15 de enero. Incluso este año la situación no ha sido tan catastrófica porque ha habido más consumo del que tradicionalmente se presenta por esta época". Cuestión de plataAún así existe el temor de que durante los próximos seis años, tiempo por el cual se concedió la licitación, la calidad de la televisión sea similar a la que se ha visto hasta el momento. Y hay razones para ello. A diferencia de hace seis años, cuando los programadores hicieron grandes inversiones asumiendo (equivocadamente) que iban a tener negocio para 12 años, en esta ocasión la mayoría decidió tomarse las cosas con mesura y pensando más en el corto plazo. Por otro lado, el cambio en la televisión se presentó apenas unos meses antes de comenzar a operar los canales privados del Grupo Santo Domingo y Ardila Lülle, lo cual ha dado lugar a una situación bastante paradójica. Hoy las programadoras de cada uno, Caracol y RCN, tienen adjudicados espacios en los canales públicos y han hecho alianzas con las pequeñas, las cuales en un corto plazo se convertirán en su competencia. En el caso de Caracol, por ejemplo, en la licitación se le adjudicaron en total 10 horas de televisión, pero como necesitaba más tiempo para terminar de emitir los programas que tenía al aire decidió vendérselos a las empresas pequeñas. Es por esto que los televidentes encuentran hoy algunos de los antiguos programas de Caracol en los espacios de otras programadoras. Cuando Caracol inicie su canal privado posiblemente se lleve varios de estos programas, lo cual originará de nuevo cambios en los canales comerciales. En pocas palabras, lo que esto quiere decir es que todavía los colombianos están lejos de saber cuál será finalmente la televisión que verán en los próximos años. La incertidumbre frente a la manera como se comportarán los televidentes con cuatro canales al aire y el temor a que cambien las reglas del juego en cualquier momento, más cuando se aproxima un cambio de gobierno, ha hecho que las programadoras manejen con más cautela que de costumbre sus finanzas. "Lo que se ve ahora es que todo el mundo está asustado", dice el crítico Omar Rincón, y para nadie es un secreto que la calidad depende de las buenas y grandes inversiones. Además del enfrentamiento entre canales públicos y privados, unos y otros tendrán que competir también con Señal Colombia, los canales regionales, Canal Capital, en Bogotá, la parabólica y la televisión por cable. Según la empresa Estudios y Procesos la oferta para los colombianos crecerá en 130 por ciento. Sin embargo con la pauta publicitaria no ocurrirá lo mismo. Estudios de mercado calculan que ésta crecerá sólo en 5 por ciento. Lo único cierto del caso, tal y como sostiene la empresa mencionada, "es que nadie sabe qué va a ocurrir con la pauta. En 1998 la torta publicitaria se estima entre 270 y 290 millones de dólares, con tendencia a aumentar un poco por cuenta de dos hechos atípicos: las elecciones y el Mundial de Fútbol. Después de junio la pauta y el consumo televisivo van a dividirse".

Las programadoras y los anunciantes tienen claro que en el futuro un rating que esté entre los 20 y los 25 puntos será excelente. Esto es lo que se ve en Estados Unidos, por ejemplo, donde el programa más exitoso tiene 23 puntos, mientras actualmente en Colombia los hay, como La mujer del presidente, que ha llegado a tener 40 puntos de rating, una sintonía inusualmente alta si se tiene en cuenta que un solo punto equivale a 300.000 televidentes. Ante esta perspectiva los canales privados estiman que para ser exitosos necesitan captar como mínimo el 25 por ciento de la pauta y un porcentaje igual de la audiencia. Para lograr lo primero los privados han considerado, incluso, según una fuente cercana a Caracol y RCN, regalar la producción de los comerciales y para conquistar audiencia han reforzado sus equipos. Según Omar Rincón, "en cuestión de dramatizados Caracol se ha armado mejor que la competencia: cuenta con 10 directores, igual número de productores y tiene listas cuatro novelas que ya están grabándose o van a comenzar a grabarse pronto. En RCN sólo tienen tres directores de primera línea pero cuentan con mejores estudios". En esta guerra a muerte por la audiencia las empresas del Canal Uno y el Canal A tienen claro que el eje central de su estrategia para no morir es unirse y operar como si fueran canales privados. De hecho, las 13 empresas que trabajan en el Canal Uno crearon una coordinación de programación para poder trabajar por franjas, es decir, definir en equipo los programas que emitirán en los mejores horarios, sin importar a quién pertenece el espacio, para atraer la mayor audiencia, tener rating y captar pauta. "Este año se volvió evidente y necesario trabajar por franjas. Nos tocó convertirnos en un canal público con criterios privados. Esta es la tendencia para no morir", dice Mariana Cortés, jefe de programación de Cenpro Televisión. Por su parte, en el Canal A quedaron ubicadas las programadoras que comercializa la empresa de Carlos Mejía y, aunque muchos consideran que hasta el momento esta organización no ha dado frutos al aire, lo cierto es que en este canal y el mismo Mejía no están dispuestos a descargar todas sus baterías en los primeros meses del año y los televidentes tendrán el producto final a partir del segundo trimestre de 1998. Conocedores del negocio sostienen que muy probablemente las programadoras terminen concentrando sus principales esfuerzos económicos y creativos en los horarios de mayor sintonía y dejen en los demás espacios programas de baja calidad. Es probable también que muchas de las pequeñas programadoras terminen produciendo para las grandes e incluso se tracen estrategias para entrar con sus productos al mercado internacional. En últimas, esta licitación parece haber generado más incertidumbres que certezas en un negocio que mueve millones pero que, además, tiene la particularidad de ser la principal fuente de entretenimiento de la mayoría de los colombianos. Lo único cierto es que a partir del próximo semestre la historia de la televisión en Colombia se partirá en dos. Y sólo hasta entonces podrá juzgarse realmente cuál será la calidad de la programación que verán los colombianos al llegar al próximo siglo. Muchos cambios, pocas novedadesno de los cambios definitivos de la nueva licitación en materia de noticieros es la asignación de horas adicionales a los informativos para las programadoras que los producen. Así, quienes durante la pasada licitación estaban obligados a especializarse en espacios periodísticos pueden de ahora en adelante producir también programas de entretenimiento. Por ejemplo, Andes TV, dueña del Noticiero Nacional, también tiene en sus espacios series y novelas. Otras empresas, como En Vivo Televisión, destinaron todas sus horas adicionales a trabajos periodísticos. Hasta el momento algunos críticos de televisión, como Germán Rey y Omar Rincón, consideran que los nuevos noticieros carecen de propuestas informativas novedosas, de proyectos periodísticos originales y no han presentado tratamientos creativos de las noticias. En cuanto a los sets y los presentadores, varios conocedores del tema consideran que solo hubo una rotación de caras y muy poca inversión en la imagen de los informativos.A pesar de las críticas, cada director de noticiero tiene un proyecto en mente y un concepto periodístico que espera desarrollar. Para todos la pelea hasta ahora comienza.La licitación también cambió los horarios de los informativos de fin de semana y festivos. Antes se emitían dos a la una de la tarde, ahora esta franja está asignada a los mismos noticieros que pasan al medio día entre semana, es decir, Noticiero Nacional y 24 Horas. Ambos decidieron hacer programas informativos, que no son noticieros, con análisis e información actualizada. 24 Horas empezará a emitir La Revista y Andes TV ya tiene al aire El Informativo. Por la noche se emiten cuatro noticieros. Dos a las 7:30 p.m. y los otros dos a las 9:30 p.m. En cuanto a RCN y Caracol, ambas programadoras continúan con los informativos de la mañana. El primero es un experimento de RCN en noticieros de televisión y desde ya cuenta con la coordinación de Pablo Laserna, director de noticias del futuro canal privado de RCN. El segundo mantiene la estructura que traía el programa, pero amplió la emisión a una hora.