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| 2/11/2006 12:00:00 AM

No todo lo que brilla es oro

SEMANA revela cómo narcotraficantes colombianos están lavando millones de dólares en los últimos años a través del comercio del oro.

No todo lo que brilla es oro, Sección Nación, edición 1241, Feb 11 2006 En el aeropuerto de Palonegro de Bucaramanga se han hecho insólitas incautaciones de oro. En una de ellas la Policía encontró abandonados unos lingotes en un vuelo que iba hacia Cali. Meses después un pasajero no pudo explicar el origen de varias láminas y polvo de ese metal, por eso se le decomisó
El pasado 24 de enero, en el aeropuerto panameño de Tocumen, una pareja de colombianos que llegaba de México e iba para Barranquilla fue detenida por agentes de la Dirección de Aduanas de ese país. Horas antes, agentes antidroga de México les habían avisado que los colombianos parecían sospechosos, pero que no les habían encontrado nada irregular al salir de su país. La Policía Técnica Judicial panameña los esculcó minuciosamente. Encontraron unas láminas plateadas que simulaban ser el fondo de sus maletas. Al rasparlas, descubrieron que en realidad eran de oro. Llevaban 98 kilos del precioso metal perfectamente camuflado en su equipaje.

La curiosa noticia no pasó a mayores. Sin embargo, según lo investigó SEMANA, esta es apenas una pequeña evidencia de un multimillonario negocio de lavado de dinero a través del comercio del oro. Solamente estas láminas cuestan casi dos millones de dólares y, según lo constataron periodistas del diario panameño La Prensa, cuando los técnicos le hicieron pruebas químicas al recubrimiento plateado de las láminas, encontraron rastros de cocaína. No podía haber una prueba más directa entre los contrabandistas de oro y el tráfico de la droga ilegal.

Otras noticias de los últimos tiempos han ido revelando la huella de esta lavandería. En 2003, el periódico bumangués Vanguardia Liberal informó que alguien había abandonado lingotes de oro en el aeropuerto Palonegro antes de tomar un vuelo a Cali, y luego, que a alguien más le encontraron varios lingotes de oro sin poder demostrar su procedencia. Meses después, The New York Times publicó la noticia sobre varias personas que habían sido capturadas en Estados Unidos bajo la sospecha de lavar dinero para narcotraficantes colombianos a través de la compra de oro.

El delito es, sin embargo, de mayor calado. Desde hace cuatro años, fiscales de la Unidad de Lavados de Activos les vienen siguiendo la pista a las transacciones del metal, para detectar irregularidades. Ya han abierto procesos judiciales que involucran a una veintena de personas entre joyeros y comerciantes de los San Andresitos, que no lograron explicar por qué tuvieron un súbito aumento de ingresos. Los investigadores han logrado identificar una estrategia que se ha usado para lavar millones de dólares, y que hasta ahora era desconocida.

El carrusel

Con los dólares que recibe la organización criminal por venta de la cocaína, compra oro. Luego lo transforma en láminas, como las encontradas en Panamá, o en herrajes de cinturones y carteras que se pintan de plata para que no sean llamativos. Incluso, según lo informó una fuente del DAS, de ese país vecino ha llegado oro en forma de tornillos. También lo hacen a través de la joyería. Consiguen incautas jóvenes 'mulas' para que las entren a Colombia como sus alhajas personales (ver testimonio).

Cuando los lavadores compran el oro en Venezuela y Panamá, el beneficio es aun mayor, pues en estos países es más barato. Constantemente intentan meterlo al país por las fronteras, aunque no siempre lo logran. En una operación que el DAS llamó Broker y que tuvo varias etapas desde 2000 hasta 2003, en coordinación con la DEA y en conjunto con autoridades de Haití, España y Guatemala, fueron capturadas 54 personas que hacían parte de una red dedicada al negocio de blanqueo. En las pesquisas lograron la incautación en Medellín de dos avionetas cargadas con una tonelada de oro.

Cuando ya los criminales tienen el oro en Colombia, van y lo venden tranquilamente a las empresas que, como las fundiciones y las Comercializadoras Internacionales (C. I.), están autorizadas para recibir el oro que viene de yacimientos, asegurando que acaban de extraerlo de una mina. Desde1993, el Banco de la República no tiene el monopolio de la comercialización del oro, y son muchas las empresas autorizadas para comprarlo sin verificación de su origen. La empresa compradora -que puede ser de buena fe- paga la mercancía y retiene el valor de las regalías que debe girar al gobierno para que, a su vez, las trasladen al municipio que produjo el oro. De esta forma, los dólares ilegales en el exterior quedan convertidos en pesos legales en Colombia.

Otra de las pistas que revelan que el comercio del oro sirve muchas veces de vehículo de blanqueo de dinero es el comportamiento errático de las exportaciones de oro colombianas. Gran parte del oro que compran fundiciones y comercializadoras lo exportan, principalmente a través de las aduanas de Medellín y Cali. Ya en el exterior, el oro se vende al mercado legal, o algunas veces a narcotraficantes, para comenzar otra vez la misma operación.

El Centro de Investigación de la Escuela de Negocios y Ciencias Empresariales de la Universidad Sergio Arboleda, que está investigando en detalle las exportaciones colombianas de los últimos años, le reveló a SEMANA datos sorprendentes de lo que está sucediendo en el rubro del oro.

Para empezar, Colombia aumentó súbitamente sus exportaciones en los últimos tres años en forma extraordinaria. En 2002 fueron exportadas siete toneladas de oro por un valor de 60 millones de dólares, y al año siguiente, la cifra subió a 54 toneladas por un valor de 548 millones de dólares. Es decir, de la noche a la mañana, sin que hubiera un hallazgo minero excepcional, Colombia multiplicó casi por nueve la cantidad de oro exportado. Los siguientes dos años se ha mantenido alrededor de los 500 millones de dólares. ¿Cómo se explica semejante salto?

Según expertos de la Unidad de Planeación Minero Energética (Upme), la entidad estatal encargada de las estadísticas y planeación de este sector, desde el ataque a las Torres Gemelas y el inicio de la guerra con Irak, los países han aumentado sus reservas en oro. Por eso creció el precio del metal de 10.000 dólares el kilo en 2002, a 11.000 en 2003 y a 18.000 hoy. Un precio alto incentivó a que muchos vendieran oro que tenían guardado en joyas o lingotes.

Eso puede explicar un pequeño porcentaje del enorme aumento de exportaciones de oro, pero es difícil creer que unos anillos familiares y algunas monedas y lingotes en la cajilla de seguridad del banco expliquen el incremento de 47 toneladas en un año y que se sostenga por tres años seguidos. Además, según los registros que SEMANA analizó junto con los investigadores de la Sergio Arboleda, entre 2003 y 2005, Colombia logró la increíble hazaña de ¡exportar más oro del que produjo! (ver tabla). Es factible que estas cifras tengan algunas variaciones por el subregistro de la explotación artesanal. No obstante, esto no logra justificar el súbito y gran crecimiento.

En estos datos hay otras inconsistencias que tienen en alerta a las autoridades. El departamento de Córdoba, por ejemplo, figura como el segundo mayor productor de oro del país, después de Antioquia: con 23 toneladas entre enero de 2002 y septiembre de 2005. De acuerdo con el Registro Minero Nacional, la empresa Cerro Matoso es la única que tiene autorización para explotar este mineral en ese departamento, pero ellos confirmaron que allá sólo explotan hierro y níquel. En esta región hay además un par de minas artesanales y se acostumbra la explotación de oro de los ríos, de lo que no hay estadísticas, pero, según expertos de la Upme, es imposible que hayan producido semejante volumen. Estas cifras son aun más difíciles de explicar si se tiene en cuenta que departamentos como Bolívar y Santander, con muchas minas en explotación, muestren volúmenes de exportación menores a los de Córdoba.

Otro dato que levanta dudas es que el volumen de exportaciones registrado en Colombia no coincide con la importaciones de los países receptores. Por ejemplo, entre enero y noviembre de 2005, Colombia exportó 372 millones de dólares de oro a Estados Unidos. Pero, según datos del Departamento de Comercio Exterior de ese país, sólo ingresaron 275 millones de dólares en oro provenientes de Colombia. ¿Qué pasó con el resto?

Un documento interno de la Unidad de Información y Análisis Financiero (Uiaf) al que tuvo acceso esta revista da cuenta de reportes de operaciones sospechosas de algunas empresas que exportan el metal, lo que confirmaría que parte de dicho incremento es resultado de operaciones irregulares.

Así mismo, según los registros oficiales de exportación, hay por ejemplo una comercializadora que exportó ocho millones de dólares en 2002, al año siguiente exportó 105 millones de dólares, y al siguiente, ninguna. ¿Cómo puede una empresa aumentar sus ventas al exterior casi 11 veces en un año y luego nada? Según los registros, 14 empresas muestran fluctuaciones similares en sus exportaciones. ¿Cómo se explica este comportamiento que, además, exige un gran músculo financiero para poder soportar semejantes volúmenes de compra?

Pareciera que cada vez que las autoridades descubren una nueva forma de lavado de dinero y la vigilan, los narcotraficantes y sus cómplices, rápidamente encuentran un nuevo camino. Aunque ya están reaccionando, es urgente que el gobierno ponga en cintura esta nueva ruta de lavado, muy probablemente con controles similares a los que se le han puesto al sector financiero, como son reportar clientes y transacciones sospechosas. Así mismo, se debe desarrollar un sistema para verificar el origen del oro, y que no se pueda vender oro panameño como recién sacado de una mina colombiana.

En momentos en que se anuncia con bombos y platillos el interés de multinacionales por iniciar explotaciones masivas de este mineral en el país, convendría actuar con rapidez para cerrarle el paso a esta mafia, y garantizar que todo lo que brille, de ahora en adelante, sea solamente oro. n

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