DESARROLLO

¿Para dónde va la Orinoquia?

La explotación desordenada de una región por mucho tiempo olvidada y ahora redescubierta por los megaproyectos agrícolas, pone en riesgo su futuro.

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14 de octubre de 2009 a las 7:00 p. m.
La región de la Orinoquia está siendo amenazada por un crecimiento desordenado de su agroindustria
La región de la Orinoquia está siendo amenazada por un crecimiento desordenado de su agroindustria Foto: Corporinoquia

La Orinoquia colombiana (unas 22 millones de hectáreas), por años un territorio olvidado para el desarrollo y alejado de todos los centros de poder que no tuvieran que ver con el narcotráfico, ha cautivado, en poco tiempo, la atención de inversionistas agroindustriales atraídos por las inmensas llanuras y por la riqueza hídrica de la zona.

La región que ha sido concebida en palabras del presidente Álvaro Uribe, durante un discurso en el 2003, como “un mundo agropecuario listíco para cultivar y sin algún obstáculo ecológico”, se está convirtiendo en la nueva frontera económica del país.

Los atractivos son muchos: grandes extensiones de tierra ociosa, planicies de acceso fácil, abundante agua (tiene el 32 por ciento de las reservas de agua del país), mano de obra barata, y también, cierto desdén y abandono estatal que permite hacer y deshacer sin restricciones.

Pero su atractivo económico puede convertirse en poco tiempo en su desgracia. La región, también rica en recursos naturales y reserva ecológica, carece un plan que permita el desarrollo sostenible y la equidad social, según un estudio realizado por la Universidad de los Andes titulado ‘La mejor Orinoquia que podemos tener’.

“La Orinoquia la conciben hoy como un gran lienzo en blanco que puede ser explotado sin ninguna medida”, dijo a Semana.com Manuel Rodríguez director de la investigación y ex ministro de Medio Ambiente. “Aunque hay estudios científicos sobre la región, todavía existe una mirada sesgada sobre su riqueza”, dijo .

En esas llanuras casi infinitas donde predomina la ganadería extensiva, han ido instalándose importantes agroindustrias como la palma de aceite, el arroz y la ganadería.

El arroz, por ejemplo ha tenido una notable expansión en la zona en poco tiempo. Este cultivo, segunda con mayor desarrollo después de la ganadería, creció en la Orinoquia 29 por ciento en el primer semestre de 2009, según Fedearroz.

A la productividad del sector se le ha cuestionado las tecnologías utilizadas para su producción, dado que su impacto ambiental es altamente nocivo por que destruye bosques ripiados (encargados de proteger el agua y evitar su evaporación).

Otra de las consecuencias negativas es el sobre laboreo de la tierra y la aplicación de insumos agrícolas, sin seguir los protocolos para su utilización, en tierras alquiladas o sin dueños, donde no existe incentivos para su conservación.

Otro cultivo emergente es el de palma de aceite que amenaza con desplazar la ganadería tradicional, el principal sustento de los habitantes de la zona hoy en día.

Su cultivo necesita amplias extensiones de tierra y actualmente se considera más productiva que la res, al ubicar a Colombia como el primer productor en América y el quinto a nivel mundial.

Según cifras de Fedepalma, en la Orinoquia existen alrededor de un millón 200 mil hectáreas para establecer cultivos de palma de aceite, la cual se utiliza para la producción de biodisel, un mercado de creciente demanda a nivel mundial.

Sin embargo estos nuevos cultivos, sin la debida planeación, causarían consecuencias negativas como el desplazamiento de campesinos y poblaciones indígenas de sus territorios tradicionales, según el estudio.

“Este desplazamiento se da en la medida que empresarios de la región centro del país adquieren tierras en la zona y las alquilan para su producción. Se están sembrando nuevas semillas para que surja la inequidad y la violencia en la región”, dijo Rodríguez Becerra.

Otra de las amenazas al ganado tradicional -y al patrimonio genético- es su reemplazo por el brahmán, una res americana que resiste a las altas temperaturas del llano, la humedad y los insectos.

Según el estudio el problema más grave, a futuro, es que ríos de la zona se conviertan en la fuente para regar las plantaciones. Colocando en riesgo el ciclo hídrico de la región que se caracteriza por la combinación de temporadas de lluvias y sequías.

“No se ve la riqueza de la región, así como el del Amazonas o el Chocó. Tampoco se conoce las extremos cambios climáticos de la Orinoquia y por eso se piensa que secar los humedales no causaría mayor impacto”, explicó Rodriguez.

Para mitigar el impacto sobre los ecosistemas es necesario, dice el estudio, construir agro ecosistemas que sean ecológicamente viables y ambientalmente sostenibles. También habría que crear nuevas áreas protegidas, además de los parques naturales que ya están establecidos en la región, pero que cubren una mínima porción del territorio.

La propuesta de los investigadores es que el crecimiento agroindustrial se piense a través estrategias que no afecten la productividad de los suelos y aseguren la estabilidad ecológica, es decir que no afecte los ciclos naturales.

El estudio también sugiere que se piense en un plan de desarrollo de la región que no se olvide de los sistemas productivos tradicionales que tienen mucho para enseñarle a la agricultura moderna. Esta conclusión se da principalmente porque este tipo de explotación de la tierra aprovecha mejor los ciclos del agua y tiene en cuenta su impacto en la fauna, la pesca, los bosques y las sabanas.

Este estudio, que cuenta con el respaldo de Corporinoquia y la Procuraduría delegada para asuntos ambientales y agrarios, y otras propuestas serán discutidas en los foros regionales y nacionales en los que se espera reunir a los actores involucrados (gobierno, empresarios, academia, campesinos e indígenas) para definir acciones que prometan un futuro viable y prospero para la Orinoquia.

Los foros están programados para hoy 15 de octubre en Yopal, el 30 de octubre en Arauca y el 19 y 20 de noviembre en Puerto Carreño.