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| 1/30/1984 12:00:00 AM

POLITICA EXTERIOR

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"Un lírico hizo poner de pies a las Naciones Unidas".
Tal fue el titular que empleara el New York Times al reseñar a tres columnas el discurso de Belisario Betancur el año pasado ante la ONU, en hazaña diplomática lograda por muy pocos oradores en ese foro mundial. Esa intervención del Presidente colombiano, de notable factura literaria, en la que pidió un nuevo orden cultural mundial, encarnó uno de los más espectaculares logros de su muy activa política exterior de 1983.
Citando a lideres como Nehru, Nasser, y Tito, fundadores del movimiento de países No Alineados, Betancur fustigó la carrera armamentista y definió a Colombia como una "potencia moral" que reclama la paz, el retiro de tropas y asesores militares extranjeros en Centroamérica, Asia y Africa, en defensa del derecho de autodeterminación de los pueblos.
Consecuente con esos principios, Betancur en agosto logró que representantes del gobierno norteamericano y de la oposición rebelde en El Salvador se sentaran a dialogar por primera vez desde que estallara el conflicto armado en ese país centroamericano. Después del primer contacto entre esas partes, efectuado en salones dd Palacio de Nariño, Belisario y el canciller Rodrigo Lloreda velaron por la continuación de los mismos, haciendo de la oficina presidencial punto obligado de reunión para los diplomáticos norteamericanos -Richard Stone, en particular- encargados del área centroamericana, así como de la Comisión de Paz salvadoreña y de Mario Aguiñada y Rubén Zamora, voceros del FMLN de El Salvador. Otros visitantes que pasaron por Bogotá fueron Daniel Ortega, coordinador de la junta de gobierno nicaraguense, y Antoine Blanca, embajador volante por América Latina del gobierno francés.
No debe olvidarse que 1983 fue el año en que se creó el Grupo de Contadora y que Colombia tuvo mucho que ver en su nacimiento y desarrollo. Recordando los pormenores que dieron origen a ese grupo diplomático, una alta fuente de la Cancillería colombiana contó a SEMANA que un factor que facilitó la convergencia entre México, Colombia, Venezuela y Panama para dar vida a Contadora fue el cambio de presidentes en México y Colombia, ya que intentos anteríores se vieron frustrados por el hecho de que entre López Portillo y Turbay Ayala nunca hubo la confianza suficiente como para realizar ese tipo de esfuerzo. México y Venezuela sí habían tenido contactos verbales sin llegar a nada, hasta que un día, de México, llegó un funcionario a Bogotá para hablar con el recién posesionado mandatario colombiano. De ese contacto salió la propuesta colombiana de que -a ritmo paisa- los tres países, sin pérdida de tiempo, se reunieran con Panamá, en alguna ciudad de ese país, para concretar de inmediato una conferencia que diera nacimiento a un esfuerzo conjunto sobre la crisis centroamericana. Así fue como el 9 de enero de este año se reunieron los cancilleres de Venezuela, Colombia, México y Panamá, produciendo la "Declaración de Contadora".
Después vino la "gira de paz" de Betancur, a comienzos de abril, por Centroamérica y su reunión con el mandatario mexicano el 9 de abril en Cozumen, México, donde Betancur habló de la posibilidad de formar una comisión para negociar la paz en el itsmo. La primera reunión de presidentes de Contadora ocurrió el 16 de julio en Cancún, México desde donde enviaron sendos mensajes a Reagan y Castro. Días después, en nueva gira por Centroamérica ante los rumores de que una invasión era inminente en la región, Betancur voló a la región en compañía del presidente panameño.
Tales esfuerzos cristalizaron en un "documento de objetivos" de 21 puntos, aprobado el 8 de septiembre por los cancilleres de Contadora, dando lugar a los proyectos de tratados de paz para Centroamérica que serán considerados en enero de 1984 por los gobiernos del área.
Pero Contadora no absorvió todas las energías de la diplomacia colombiana. A mediados de noviembre, el gobierno presentó ante la ONU una iniciativa de mediación entre Bolivia y Chile para saldar el secular diferendo entre los dos países por una salida boliviana al mar, lo que de inmediato contó con la adhesión de ambas partes.
Ante la invasión de Granada, el gobierno colombiano, calificó el hecho como una injustificada ocupación armada de la isla y ofreció, junto con el gobierno español, gestionar una rápida repatriación de los 600 cubanos residentes en Granada, la cual fue aceptada por Fidel Castro.
Al recibir en España el premio de la Cooperación Iberoamericana "Príncipe de Asturias", pronunció Betancur una nueva oración por la paz y de regreso, en el aeropuerto de Barajas, realizó una nueva "cumbre" sobre Centroamérica con Felipe González, Carlos Andrés Pérez, López Portillo y Richard Stone.
La última salida fuera del país la hizo Betancur a la Argentina, invitado por Raúl Alfonsín, a su posesión como Presidente de la República.

EDICIÓN 1879

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