reforma tributaria

¿Por qué la reforma tributaria de Carrasquilla nació muerta?

El presidente Iván Duque ordenó retirar el proyecto del Congreso después de más de 15 días de polémica y cuatro días de violencia, en medio de multitudinarias marchas de protesta en las calles.


El proyecto reforma tributaria del gobierno de Iván Duque que buscaba recaudar alrededor de 30 billones de pesos vio la luz hace más de 15 días, aunque en medio de una fuerte polémica por plantear subir el IVA al café, el chocolate y la leche. Allí inició la fuerte discusión, aún sin haber radicado el proyecto en el Congreso. El presidente tuvo que salir a apagar el incendio echando para atrás esa parte de la iniciativa.

Sin embargo, la polémica siguió tras conocerse todo el articulado. Algunos puntos del proyecto enardecieron a los colombianos que, indignados, no entendían cómo en plena pandemia y en medio de una crisis social sin precedentes la administración planteaba gravar con IVA los servicios funerarios, aumentar los impuestos a la gasolina, quitarle beneficios al cine y ampliar la base gravable a personas con un salario de 2.600.000 pesos.

El gobierno, con su batería de funcionarios económicos en cabeza del ministro Alberto Carrasquilla, intentó explicar una y otra vez. Pero nada sirvió. De tal esfuerzo solo quedó el episodio en el que el ministro de Hacienda erróneamente dijo que una docena de huevos costaba 1.800 pesos, en medio de una entrevista en el programa Vicky en Semana.

Los partidos entraron en rebeldía política y se apartaron del proyecto con sendas críticas: el expresidente César Gaviria y el Partido Liberal dijeron un ‘no’ rotundo. Lo propio hizo el exvicepresidente Germán Vargas y Cambió Radical. Vino entonces una especie de efecto dominó; todos los grupos políticos aseguraron que esa reforma no era conveniente para el país en plena pandemia y se apartaron.

El expresidente Álvaro Uribe y el Centro Democrático son un capítulo aparte. Aun tratándose del partido de Gobierno, también encabezaron las críticas a la reforma tributaria. Uribe salió ante la prensa y aseguró que “le rogó” a la administración actual que no presentara, como lo hizo, la tributaria y que le recomendó buscar un consenso previamente. Sin embargo, la orden presidencial fue otra: seguir adelante. Entonces, Uribe arreció en buen tono, pero de manera muy aguda, sus críticas al proyecto y lanzó con la bancada un texto sustitutivo y hasta propuso crear un nuevo proyecto de reforma tributaria, producto de los acuerdos con todos los partidos.

El presidente Iván Duque, por su parte, en entrevista con SEMANA el pasado 24 de abril, defendió la reforma, llamó al consenso, dijo que no había “líneas rojas” y se mostró dispuesto a seguir adelante, asegurando que se trataba del proyecto de ayuda social más grande y ambicioso, donde todos los que tenían un poco más debían aportar, para seguir entregando especialmente el Ingreso Solidario.

No obstante la mano tendida de Duque, los dirigentes políticos se atrincheraron en sus posiciones pidiéndole al Gobierno el retiro de la tributaria del Congreso. El presidente solo pudo mantener el pulso una semana más. El viernes en la mañana anunció que lo más polémico que proponía la reforma quedaba fuera del proyecto y en la noche advirtió que aceptaba crear un texto sustitutivo producto del consenso. Pero ya fue tarde.

Las protestas que iniciaron el miércoles 28 de abril se prolongaron y llevan cinco días. Muchos ciudadanos salieron a exigir el retiro de la reforma de manera pacífica. Pese a esto, los actos vandálicos, excesos de la fuerza pública y una ola de violencia sin precedentes ya generalizada bañaron de sangre y destrucción las jornadas de paro.

Los muertos, cuyas cifras oficiales consolidadas no se conocen aún; decenas de civiles heridos, al igual que casi 500 uniformados lesionados y uno asesinado, terminaron generándole una presión política inevitable e insostenible a la administración. Bogotá y Cali vivieron los episodios más críticos. Aunque los vándalos atacaron en casi todo el país. La última orden fue la “asistencia militar” en las ciudades para frenar los disturbios, los saqueos y los bloqueos de vías.

Cuando las redes sociales estaban ardiendo y empezaba una nueva jornada de protestas, este mediodía de domingo el presidente Iván Duque dio la orden que millones de ciudadanos esperaban: “Le solicito al Congreso de la República el retiro del proyecto radicado por el Ministerio de Hacienda y tramitar, de manera urgente, un nuevo proyecto fruto de los consensos y así evitar incertidumbre financiera”, dijo Duque.

Quedan entonces muchas preguntas: ¿por qué el gobierno no alcanzó a medir si su proyecto de reforma tributaria era oportuna, en medio de la peor crisis social y económica generada por la pandemia? ¿Por qué no buscó consensos con los partidos políticos antes de presentar el proyecto al Congreso? ¿Por qué el gobierno no escuchó al expresidente Uribe y a su partido? ¿El pulso que perdió el gobierno Duque lo fortalece o debilita aún más? ¿Qué tanto repercutirá este episodio en las elecciones de 2022?

Por ahora, se espera que la violencia callejera desaparezca. Pero nadie, ni el gobierno, ni los ciudadanos, pueden olvidar que en Colombia hace tiempo la crisis social tocó fondo y se convirtió en una bomba de tiempo que puede explotar en cualquier momento con una fuerza brutal.