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| 1/24/2018 4:51:00 PM

Imputarán cargos por dos delitos al hombre de la tula

Samy Spath es el amigo personal del exgobernador Alejandro Lyons, que será imputado este jueves ante un juez de Montería. Se le señala de ser el enlace a cargo de entregar fajos de billetes de corrupción a funcionarios y contratistas.

Samy Spath Storino será imputado por peculado y concierto para delinquir Imputarán cargos por dos delitos al hombre de la tula

El nombre de Sami Spath Storino salió a la luz en las primeras confesiones que hizo el exgobernador Lyons desde Miami. Este aseguró que Spath fue testigo de un jugoso desembolso al senador Musa Besaile, así como de movimientos de fajos de billetes en torno al llamado cartel de la hemofilia, que inventaba pacientes para desfalcar al Estado.

Después de semanas de investigación alrededor de esta declaración, la Fiscalía tomó la determinación de llamar a imputación de cargos a Spath por los delitos peculado por favorecimiento de terceros y concierto para delinquir. Quien fuera el amigo personal del exgobernador de Córdoba será presentado ante un juez este jueves, como el enlace con todos los funcionarios y contratistas que, supuestamente, se beneficiaron con el desvío de los dineros públicos de la gobernación.

Sami Spath Storino es un monteriano que ha movido millones de pesos en efectivo para pagar todo tipo de sobornos según las instrucciones del exgobernador de Córdoba Alejandro Lyons. Testigos aseguran que se encargó de mover tulas y cajas de plata proveniente del asalto a las regalías departamentales.

Aunque su testimonio sería clave para saber quiénes participaron en la danza de los millones pagados por archivar investigaciones judiciales a políticos, y cómo robaron a Córdoba por medio de las regalías para ciencia y tecnología, la imputación de cargos deja entrever que no hay en curso una negociación decidida con la justicia.

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Como lo publicó SEMANA, Spath es un viejo amigo del gobernador Lyons y fue su asesor jurídico. Aparece como un testigo crucial en los movimientos de fajos de billetes al por mayor relacionados con el desfalco de las regalías de ciencia y tecnología. Y, como si fuera poco, el personaje sale a flote también en el tercer caso clave de robo departamental: el llamado cartel de la hemofilia, en el que se malversaron 42.000 millones de pesos según la Fiscalía para tratar a pacientes fantasmas.

“Sami Spath no solo entregó ese dinero, sino que me ayudó a organizarlo en un bolso o tula pequeña y presenció además cuando el senador llegó, se reunió conmigo en la sala de mi apartamento y se retiró con el dinero que previamente habíamos puesto en la tula. En ese momento el senador ya fue muy explícito conmigo (…) me dijo que el dinero tenía como destino los magistrados Leonidas Bustos y Francisco Ricaurte”. El anterior es un aparte de la confesión rendida por Lyons, quien suscribió un acuerdo de colaboración con la Justicia de Colombia y permanece en Miami como cooperante de la DEA.

Lyons delató así al senador Besaile, con quien asegura haberse reunido aquella vez en su apartamento en Montería, hacia febrero de 2015, para entregarle 600 millones de pesos. Aunque desde hace varias semanas se dice que Besaile pagó 2.000 millones para archivar las investigaciones en su contra –algo que él mismo confesó y por lo que luego fue capturado–, este testimonio de Lyons es clave porque allí el corrupto exgobernador mencionó, por primera vez, el nombre de Sami Spath Storino.

En este episodio, de un lado, Besaile dice que sí pagó 2.000 millones, pero que lo hizo extorsionado, y que un empresario amigo le prestó la plata. Del otro lado, Lyons asegura que le dio 600 millones a Besaile y que ese fue solo uno de los desembolsos que le hizo, pues el senador era copartícipe del desfalco al departamento por lo que le correspondía una gran tajada. Frente a ese choque de versiones, el nombre de Spath Storino resulta clave.

En el episodio que implica a Besaile, el personaje se encargó de llevar parte de los 600 millones y además presenció la entrega del botín total. “Musa me dijo –le explicó Lyons a la Fiscalía– que si podía darle 1.000 millones de pesos para completar la plata, que ya había conseguido parte de la misma. Le respondí que le podía entregar de lo que a él le correspondía por unos acuerdos que teníamos en temas que involucran corrupción administrativa la suma de 600 millones de pesos. A los pocos días de esa reunión le entregué el dinero en mi apartamento, fue la suma de 600 millones, yo tenía 400 millones en mi casa y le pedí a una persona que a veces recogía dinero que me llevara 200 millones para completar la suma que me correspondía entregarle al senador Besaile, esa persona se llama Sami Spath”.

Y no solo el exgobernador dice que Spath Storino tenía acceso a las arcas de la corrupción. También lo hacen quienes hoy son sus enemigos. En Bogotá, en los calabozos del búnker de la Fiscalía permanecen detenidos desde hace siete meses Jesús Eugenio Henao y Maximiliano García Bazanta. Ambos excontratistas están involucrados en el asalto a las multimillonarias regalías que la nación le giró al departamento de Córdoba para hacer proyectos de ciencia y tecnología. Además, las autoridades los investigan por el crimen de Jairo Zapa, el director de la Oficina de Regalías, desaparecido desde el 27 de marzo de 2014 y encontrado en una fosa cinco meses después.

Los contratistas Henao y García aseguran que el exgobernador Lyons les exigió el 30 por ciento del valor de los proyectos chuecos por medio de los cuales se robaron gran parte de las regalías. Y que dentro de ese plan les hicieron cuatro pagos, dos por medio del asesinado Zapa y otros dos vía Spath Storino.

Según Henao, una vez Spath lo citó en una bomba de gasolina cercana al puente viejo del Sinú, y en otra ocasión en el barrio La Castellana de Montería.

El excontratista contó que para el primer pago se presentó acompañado de gente de su confianza, “quienes avanzaban a prudente distancia, sirviendo de escoltas” hasta la bomba de gasolina. Y respecto al segundo pago relató que siguió a Spath en su vehículo hasta que ingresaron al parqueadero del primer piso de un edificio próximo a una sede de Bancolombia. “Dentro del parqueadero me cuadré, él lo hizo al lado derecho mío, luego se bajó y sacó las cajas de dinero de la parte trasera de mi camioneta y las subió a su carro”, le aseguró a la Fiscalía. Henao y García entregaron los nombres de los supuestos escoltas que los acompañaron en el primer pago, así como datos de los vehículos, teléfonos celulares y otras pistas con las que aseguran se puede constatar su versión de los pagos hechos a Lyons en cajas de plata recogidas por Spath.

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Quién es Samy Spath  

En los corrillos judiciales de Bogotá se ha llegado a decir que es un “capo” que se mueve por el mundo y que desde que estalló el escándalo se oculta en Italia. SEMANA indagó en Montería y encontró varias cosas. Lo primero es que Spath aún vive allí con su familia. Nació en esa ciudad hace 35 años y tiene arraigo confirmado por varias personas, además su récord migratorio indica que solo ha estado una vez en Europa, en marzo de 2016. De ese viaje quedó un rastro en redes sociales, una foto en la que se ve a Spath graduándose de una especialización de la Universidad Autónoma de Barcelona, que cursó en Miami.  

Spath creció en el barrio popular de Los Bongos y sus padres eran vecinos y buenos amigos de los padres de Alejandro Lyons. Pero la amistad entre estos se selló, sobre todo, en el colegio, pues fueron compañeros en La Salle de Montería, y aunque luego ambos estudiaron Derecho, Lyons lo hizo en la Universidad Externado de Colombia, en Bogotá, mientras que Spath se graduó de la Pontificia Bolivariana en su tierra.  

Los padres de Sami Spath son cartageneros, pero se asentaron en Córdoba hace 40 años; la ascendencia italiana le viene por sus abuelos maternos. Su padre se dedicó toda la vida a la compraventa y alquiler de maquinaria pesada, negocio que ahora maneja él en asocio con su hermano Juan Gabriel Spath Storino. “No son una familia rica, Sami vive con su esposa y dos hijos en un apartamento normal de 130 metros, en el barrio Recreo”, asegura alguien que los conoce bien.  

Esta revista contactó en Montería a Spath, pero dijo que prefería no hablar. “Lo único que puedo decir es que algunos medios en Bogotá me están pintando como un capo. Eso no es cierto, las autoridades lo pueden verificar todo, pero con eso me ponen en grave peligro, ya me están amenazando, y en Córdoba las bacrim imaginan que soy rico”.  

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