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| 2/20/1995 12:00:00 AM

TODO TIEMPO PASADO...

Por cuenta del manejo alegre que se le terminó dando a la política de sometimiento, el tema de la extradición, que parecía enterrado para siempre, se pone otra vez de moda.

TODO TIEMPO PASADO..., Sección Nación, edición 664, Feb 20 1995 TODO TIEMPO PASADO...
LA SEMANA PASADA UN RECICLADOR DE basuras de Pereira se convirtió en noticia de primera plana a nivel nacional porque, cuando todos lo creían muerto y velaban el que creían era su cadáver, apareció en la funeraria, vivito y coleando. Algo similar le sucedió a la extradición en esos mismos días: cuando todo el país creía que había quedado definitivamente sepultada hace cuatro años por la Asamblea Constituyente, la posibilidad de extraditar nacionales reapareció como por encanto.
La verdad es que esa resurrección se produjo de manera casi accidental. El pasado 13 de enero. cuando el fiscal general, Alfonso Valdivieso, explicaba en una rueda de prensa los pormenores de un frustrado complot para atentar contra su vida, el asunto, del que casi nadie había vuelto a hablar en años, resucitó de golpe. Cuando Valdivieso ya se despedía de los periodistas. uno de ellos le preguntó si no era necesario pensar en alternativas ante los evidentes abusos que se estaban presentando con la aplicación de la política de sometimiento. Visiblemente cansado, el Fiscal respondió con algunas evasivas que no hicieron más que prolongar el cuestionario por 45 minutos más, hasta que uno de los periodistas preguntó si entre las alternativas a considerar estaba la extradición: "Yo no quisiera que llegáramos a revivir un debate de este alcance pero tampoco quisiera que la situación de la justicia colombiana se viera prácticamente en el limbo. Hay que buscar alternativas pero lo que no podemos pensar es que la delincuencia organizada se salga con la suya pensando que el Estado se va a quedar sin opciones para castigar su conducta delincuencial".
Al día siguiente los periódicos dejaron en claro que la noticia era por ahí: Valdivieso en favor de la extradición, afirmó El Tiempo; El Fiscal respalda la extradición como reacción a torpeza de narcos aseguró El Espectador. No había duda: el tema estaba de nuevo sobre el tapete. Fiel a su tradición, el diario de los Cano marcó la pauta en favor de la extradición. y tras afirmar que lo hecho en 1991 por la Asamblea Constituyente había sido una aberración del espíritu, instó al gobierno a presentar al Congreso un proyecto de reforma constitucional para corregir el error. Pero el gobierno prefirió colocarse en la otra orilla del debate. El ministro de Justicia, Néstor Humberto Martínez, sostuvo que dentro de la agenda del gobierno ese tema no estaba presupuestado. No podemos vivir de reforma en reforma -anotó-. La calentura no está en las leyes sino en su aplicación .
Ni la actitud de El Espectador ni la del gobierno sorprendieron. El palo lo dio la opinión pública al conocerse los resultados de un sondeo realizado por RCN, El Tiempo y los noticieros de las 7 y QAP el pasado martes. De un total de 2.980 personas que se comunicaron con los teléfonos de RCN, el 63.7 por ciento se mostró partidario de revivir la extradición. Aunque al resultado no se le podía dar validez estadística, pues los interrogados no eran escogidos al azar como en una encuesta, la tendencia en favor de la extradición era evidente. Así lo confirmó una encuesta contratada por SEMANA con la firma Gallup Colombia (ver cuadro), que demostró que en los últimos cinco años esa tendencia se triplicó. Mientras en diciembre de 1990 sólo el 11 por ciento de los colombianos expresaba su acuerdo con la extradición, la semana pasada, aunque los antiextradición seguían siendo mayoría (61 por ciento), el porcentaje de encuestados favorables a revivir la medida ascendió a cerca del 33 por ciento.
Que una tercera parte de los encuestados defienda ahora la extradición es algo que muestra que mucha agua corrió bajo los puentes en estos cuatro años. En esa misma encuesta de diciembre de 1990 (ver SEMANA #453) fue evidente el grado de intimidación de los colombianos frente a los carrobombas y de saturación por cuenta de la narcoguerra: ¡un 81.5 por ciento se declaraba dispuesto a aceptar que un extraditable fuera nombrado ministro del gabinete si eso contribuía a que volviera la paz!

EL TIRE-Y-AFLOJE
Al igual que sucedió con Cristo, la extradición murió joven -apenas 12 años después de haber nacido- y también, al igual que Cristo subiendo el Calvario, antes de ser crucificada cayó tres veces. Acordada por medio de un tratado entre Colombia y Estados Unidos en 1979, la norma tuvo vigencia hasta diciembre de 1986. cuando la Corte Suprema de Justicia -sometida a gran presión por los narcotraficantes- declaró inconstitucional la ley que había dado plena vigencia al tratado.
Un episodio ocurrido el último día de 1987 obligó al gobierno de Virgilio Barco a revivirla por medio de una argucia jurídica. En la noche del 30 de diciembre dos jueces y tres funcionarios de prisiones facilitaron la libertad del entonces cabecilla del cartel de Medellín Jorge Luis Ochoa primero de los grandes capos en caer detenido. Ante la indignación que el hecho produjo, Barco y su ministro de justicia, Enrique Low Murtra, acudieron a una antigua convención multilateral suscrita en Montevideo en 1939, que contemplaba la extradición de nacionales. Low ordenó entonces la detención con fines de extradición de Ochoa, de sus hermanos Juan David y Fabio y de Pablo Escobar. Un grupo de abogados se encargó de dar una batalla jurídica que cuatro meses después concluyó con un fallo del Consejo de Estado que suspendió la medida. La extradición se venía a pique por segunda vez.
Tras el asesinato de Luis Carlos Galán, en 1989, la extradición tuvo una tercera oportunidad. Amparado en el Estado de Sitio, el entonces presidente de la República, Virgilio Barco, le dio vida a este mecanismo, esta vez por la vía administrativa. Pero a la extradición le quedaban tan sólo 22 meses de vida.

ZANAHORIA Y GARROTE
En agosto de 1990 se inició el gobierno de César Gaviria, en medio de la inmensa popularidad de éste (89.5 por ciento de respaldo en una encuesta del Centro Nacional de Consultoría) y de un ambiente de intimidación por la acción de los narcoterroristas. Gaviria lanzó al posesionarse un mensaje a los narcos: haría un uso discrecional de la extradición, en la medida en que cediera el narcoterrorismo. La respuesta del cartel de Medellín fue una relativa tregua.
Por aquellos días, y en desarrollo de una idea trabajada por el entonces consejero de seguridad Rafael Pardo y el ministro de Justicia Jaime Giraldo, nació el decreto 2047, que fue la primera medida de la recién bautizada política de sometimiento a la justicia. En pocas palabras, el mecanismo consistía en que los narcotraficantes que se entregaran a las autoridades y confesaran ante los jueces sus delitos no serían extraditados sino juzgados en Colombia, y si además delataban a sus cómplices, podrían incluso ver rebajadas sus penas. El sometimiento, que sería visto años después como una alternativa a la extradición, había nacido como su complemento: ambos se necesitaban, eran la zanahoria y el garrote, como el propio Gaviria lo explicó en aquellos días mientras firmaba tres extradiciones que estaban pendientes.
La respuesta del cartel de Medellín fue proporcional. La zanahoria fueron los cerca de 50 narcotraficantes y 300 paramilitares que comenzaron a someterse a la justicia, y el garrote el secuestro masivo de periodistas, entre los que estaban Diana Turbay y Francisco Santos, un carrobomba en Medellín y el asesinato de Low Murtra.
No había duda: el garrote de los narcos intimidaba más a la opinión que el del gobierno a los narcos. El resultado fue un gran golpe que desequilibró la balanza originalmente diseñada en el 2047: el 18 de junio del 91, un día antes de que se entregara Pablo Escobar, la Asamblea Constituyente prohibió la extradición después de que, en una serie de debates, la intimidación, la cobardía y la misma corrupción se disfrazaran de principios de soberanía y derrotaran al gobierno y a un pequeño grupo de constituyentes. Gaviria se quedó así sin gran parte del garrote: enterrado el fantasma de terminar sus vidas en una cárcel de Estados Unidos, nada volvió a intimidar tanto a 106 narcotraficantes.
El Congresito, que siguió a la Constituyente, adoptó los decretos de sometimiento como legislación permanente e incluyó la filosofía del sometimiento en el Código de Procedimiento con la esperanza de que, atraídos ya no por la no extradición sino por la rebaja de penas, los capos se entregaran.


FERIA DE REBAJAS
Pero los jefes de los carteles tenían otra cosa en mente. Mientras unos, como Escobar, seguían delinquiendo desde la cárcel y se fugaban. otros, los del cartel de Cali, concentraron sus esfuerzos en obtener mayores ventajas en la legislación penal. En noviembre de 1993, y después de un tenso pulso con el gobierno en el que éste cedió más de la cuenta, el Congreso -donde los abogados de los carteles se paseaban como expertos lobbystas- reformó el Código de Procedimiento Penal para facilitar aún más las rebajas. Si la Constituyente había debilitado el garrote, el Congreso de la República se encargó entonces de reducirlo a su mínima expresión.
Sin el garrote de por medio lo que vino fue la feria de las rebajas. En la aplicación de las normas del Código Penal, las condenas fueron un chiste: desde entonces las sentencias aplicadas para delitos de narcotráfico han sido, en promedio, de 36 meses, según un estudio del Ministerio de Justicia. A esto se llegó por la combinación de dos males que, al juntarse, convirtieron el sometimiento en rey de burlas: mientras los fiscales proponen y los jueces imponen las penas mínimas, unos y otros aprueban las rebajas máximas.
El puntillazo lo clavó la Fiscalía. En desarrollo de una política de interpretar casi siempre las normas del modo más favorable para los narcotraficantes, durante el último año de Gustavo De Greiff al frente de la Fiscalía, aparte de numerosos excesos en materia de rebajas, se otorgaron certificados que le permitían a peligrosos capos pasearse libremente por el país y se dictaron, en favor de otros tantos, resoluciones de perdón, olvido e inmunidad que borraron su pasado delictivo por supuesta colaboración con la justicia. Para colmo, los narcos montaron, en las propias narices de la Fiscalía, un sistema de carrusel para denunciarse unos a otros por los mismos delitos que unos y otros confesaban, y obtener así, todos, las mayores rebajas.
La política de sometimiento terminó así por 'perratearse' y su popularidad, en consecuencia, se erosionó. A fines de 1991 los estudios de opinión indicaban que dicha política tenía una aceptación superior al 70 por ciento. Una encuesta realizada el miércoles y jueves pasados por SEMANA (ver cuadro), demostró que 66 por ciento de los colombianos exige del sometimiento penas más drásticas para los delincuentes, y el 23 por ciento considera que el sometimiento es un fracaso y que debe ser eliminado. En ese panorama desalentador fue que floreció la semilla, lanzada por el fiscal Valdivieso, sobre la posibilidad de revivir la extradición.
Pero revivir la extradición, aun si se cree que es la opción correcta, es más difícil de lo que parece. Habría dos caminos: el de un plebiscito o el del Congreso. El primero parece cerrado, pues aunque la extradición ha vuelto a ganar alguna popularidad, quienes la respaldan siguen siendo minoría. El segundo camino es aún más difícil, pues si los abogados de los narcos manipulan cambios en los códigos en ambas cámaras, es de suponer que no se crucen de brazos si una reforma constitucional que reviva la extradición es llevada al Capitolio.
De ahí que la actitud del gobierno, aunque movida un poco por convicción -el presidente Ernesto Samper nunca ha sido muy favorable a la extradición-, es sobre todo un acto de realismo. La estrategia que parecen seguir, tanto el ministro Martínez como el fiscal Valdivieso, recuerda un poco de las épocas en que el garrote tenía algún peso. Por momentos se tiene la impresión de que la Fiscalía está blandiendo el garrote de resucitar la extradición solamente para que tome cuerpo la posibilidad de endurecer la política de sometimiento que Samper anunció el jueves en un discurso. Algo que hasta los mismos narcotraficantes deberían apoyar si no quieren que un día el país se canse de verdad de tanta burla a la ley y el garrote de la extradición regrese, como el reciclador de Pereira, vivito y coleando. -

JORGE ARANGO MEJIA
PRESIDENTE CORTE CONSTITUCIONAL
"La extradición puede conducir a los resultados que el país está clamando"

NESTOR H. MARTINEZ
MINJUSTICIA
"El gobierno no tiene en su ajenda el tema de la extradición"

ENRIQUE PAREJO
EX-CANDIDATO
"La extradición nunca debió dejar de existir. Es una herramienta clave contra el narcotráfico"

JAIME GIRALDO
EX-MINJUSTICIA
"No creo en la extradición. Un país debe tener suficiente capacidad para condenar a sus delincuentes"

EL ESPECTADOR
"Lo que estableció la CONSTITUYENTE no es un principio intocable sino una aberración..."

ORLANDO VASQUEZ
PROCURADOR GENERAL
"La extradición esta prohibida constitucionalmente, y eso debe respetarse"

ANDRES GONZALEZ
EX-MINJUSTICIA
"La extradición hoy no parece necesaria, pero no hay que botar al mar esta llave"

ANTONIO JOSE CANCINO
PENALISTA
"Revivir la extradición sería reconocer la impotencia de nuestra Justicia"

CARLOS G. ARRIETA
EX PROCURADOR
"Conservar la extradición como última alternativa, puede no ser tan malo"


CADA VEZ MAS ZANAHORIA... Y MENOS GARROTE
SEPTIEMBRE 1990
Gaviria dicta el Decreto 2047 que garantiza la no extradición a los narcotraficantes que se entreguen y confiesen (zanahoria), pero mantienen la extradición para que no lo hagan (garrote)

JUNIO 1991
La Asamblea Constituyente prohibe la extradición de colombianos y meses después el Congresito convierte en legislación permanente la negociación de penas. Creció la zanahoria y se achicó el garrote.

NOVIEMBRE 1993
El Congreso aprueba una reforma al Código de procedimiento en una negociación en la que el gobierno cede demasiado. La rebaja de penas se facilita. La zanahoria sigue creciendo y el garrote achicándose.

ENERO 1994
Fiscales y jueces se dedican en muchos casos a aplicar las penas mínimas y las rebajas máximas. La zanahoria comienza a devorar al garrote.

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