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| 1/27/2018 10:15:00 PM

Regresan los toros a la arena política

La plaza de toros de Bogotá pasó de ser lugar de encuentro de poderosos a convertirse en eje de la controversia política. Con el inicio de la temporada, vuelve el debate.

Toros en Bogotá como forma para ganar votos Regresan los toros a la arena política

Hasta la década pasada, personas influyentes de la política colombiana colmaban los tendidos de La Santamaría en cada temporada. Así fue desde el 8 de febrero de 1931, cuando se celebró la primera corrida con presencia del presidente Enrique Olaya Herrera y del expresidente Carlos E. Restrepo. Ese cuadro político se repetiría por muchos años.

En la época de la confrontación partidista, la plaza servía de termómetro electoral. Cuando las encuestas no estaban en el radar, las graderías eran un excelente medidor de popularidad.

Sin embargo, con la llegada de una actividad política orientada más a causas que ideologías, la dinámica alrededor de las plazas comenzó a cambiar. A finales de los noventa, entre el mandato de César Gaviria y el de Andrés Pastrana, las caras importantes de la política comenzaron a desaparecer.

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En 1997 nació en Cali el primer movimiento antitaurino de Colombia. La aversión por los toros creció entre algunos sectores y en los primeros años de este siglo aparecieron los activistas que apoyaban la tesis de que las corridas no eran arte ni cultura, sino tortura. Muchos políticos encontraron en el desprestigio de la tauromaquia una manera fácil de complacer esos nuevos nichos electorales.

No se puede desconocer el beneficio que representa para un candidato presentarse como antitaurino ad portas de las elecciones. Por cuenta del auge de las causas ambientalistas y de las voces animalistas, hablar de toros se ha vuelto políticamente incorrecto. Incluso muchos que han ido anteriormente a la plaza hoy desconocen la afición. El senador Armando Benedetti, los candidatos a la Presidencia Humberto de la Calle, Gustavo Petro y el exministro Juan Fernando Cristo son algunos ejemplos de activistas antitaurinos de hoy que en su momento asistieron a las corridas. “Los políticos no hacen nada por convicción sino por oportunismo, y en los toros encuentran eso, votos por demagogia”, afirma el periodista y taurófilo Antonio Caballero.

El boom antitaurino llegó a su punto más alto con la llegada de Gustavo Petro a la Alcaldía de Bogotá (2012-2015).En su administración prohibió las corridas y cerró La Santamaría durante cuatro años en una decisión polémica que los taurinos tachan de arbitraria e incluso ilegal. Sin embargo, en enero de 2017, ya en el periodo de Enrique Peñalosa, las puertas se reabrieron por un fallo de la Corte Constitucional que garantizó el derecho de los bogotanos a disfrutar de la fiesta brava. Peñalosa acató el fallo, pero hizo pública su inconformidad, se declaró antitaurino y apoyó la recolección de firmas para convocar la consulta que busca prohibir definitivamente los toros en Bogotá.

Aunque los exalcaldes se han apropiado del discurso antitaurino, los dos tienen un pasado que los liga a la tauromaquia. Cuando Petro era representante a la Cámara del Polo Democrático (2002-2006), votó a favor de la ley que reglamentó las corridas de toros en el país. Además, se le vio más de una vez con ‘bota y cachucha’ en la plaza. Por su parte, Peñalosa expidió el Decreto 1091 mediante el cual le otorgó a la Corporación Taurina de Bogotá, gerenciada por Felipe Negret, la Orden Civil al Mérito Ciudad de Bogotá en el grado Gran Oficial, en su primer mandato. Aquel año la administración de Peñalosa recibió 706.279.902 pesos, producto de las corridas de toros. Y el expresidente César Gaviria, asistente asiduo a la plaza en tiempos pasados, ahora preside uno de los partidos que lideran la prohibición de la fiesta brava.

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Hasta ahora solo el candidato por el Partido Liberal, Humberto de la Calle, ha incluido el final de las corridas entre sus propuestas. A finales del año pasado, le envió un mensaje a la Cámara para abogar por el proyecto de ley que propone prohibir las corridas de toros, las riñas de gallos y el coleo en todo el país. El candidato acepta que en el pasado fue taurino por tradiciones culturales de Manizales, donde creció, pero asegura que desde hace mucho tiempo se opone a esa práctica.

Con el paso del tiempo y el avance de las campañas, se espera oír a más políticos abordar el tema. Más aún en una temporada que antecede a las elecciones presidenciales y parlamentarias. Estarán los que hagan propuestas por convicción, pero también los que apliquen la frase del escritor Ramón Pérez de Ayala: “Me encantan los toros. Pero si fuera ministro, los prohibiría”.

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