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| 8/1/1983 12:00:00 AM

UN MEDICO EN EL BANQUILLO

Continúa la polémica nacional alrededor de las acusaciones contra el doctor Jaime Gómez González

UN MEDICO EN EL BANQUILLO UN MEDICO EN EL BANQUILLO
En la rueda de prensa convocada para las 10 de la mañana del día miércoles 24 de junio, se respiraba un ambiente de nerviosismo y expectativa, mientras miembros del equipo médico del Instituto Neurológico de Colombia y los periodistas convocados tomaban asiento en el recinto.
Todos aguardaban con idéntica curiosidad las declaraciones del doctor Jaime Gómez González, director del Instituto, quien días antes se había visto envuelto en un escándalo médico de extraordinarias proporciones, iniciado desde las páginas de El Tiempo por su Unidad Investigativa, con base en delicadas acusaciones de índole ética y científica contra la Institución y su director. Si el doctor Gómez González se encontraba nervioso, al enfrentar lo que podría considerarse el más grave escollo de su carrera profesional, no dejó que ello se manifestara y, por el contrario, inició el resumen de sus descargos con una serena exposición sobre la trayectoria del Instituto Neurológico y los logros obtenidos durante sus diez años de funcionamiento.
Los resultados de la tan esperada rueda de prensa no fueron, sin embargo, satisfactorios en opinión de los periodistas presentes, quienes consideraron que el doctor Gómez González se había mostrado evasivo frente a algunas de las preguntas que se le hicieron; ello seguramente determinó que el director del Instituto enviara al director de El Tiempo, citando la ley de prensa, una extensa carta que apareció publicada el domingo 26 de junio, en la que, punto por punto, exponía cuidadosos argumentos en contra de las acusaciones que habían sido esgrimidas en su contra desde ese mismo diario.
El contenido de la carta, al contrario de aclarar la controversia, la complicó. De su lectura, muchos de quienes habían quedado escandalizados con el "pliego de cargos" de la UI de El Tiempo dedujeron que el doctor Gómez González tenía fuertes y convincentes argumentos para construir su defensa, y en realidad la sensación general fue la de que en esta controversia ética y científica existía un trasfondo mucho más complejo de lo que inicialmente habían planteado las crónicas periodísticas.
Al doctor Gómez González, calificado por quienes lo conocen como ambicioso, tenaz, buen ejecutivo pero bastante personalista en el sentido de ser poco amigo de consultar conceptos con sus inmediatos subalternos, se le acusaba, básicamente, de usar técnicas experimentales de operación sin autorización de los enfermos, entre ellas la de rayos laser para intervenciones quirúrgicas; de aplicar en ciertos tratamientos drogas consideradas peligrosas u oficialmente prohibidas para tales fines, como la vacuna antirrábica para el tratamiento de los tumores cerebrales, y el Praziquantel para el tratamiento de la cisticercosis, un medicamento destinado exclusivamente a uso veterinario; de errores en el tratamiento de pacientes, como el caso del joven campesino al que se le inyectó vitamina B-6 en la columna vertebral, una grave equivocación científica en opinión de muchos médicos especialistas; y de delicadas irregularidades en el manejo admimstrativo de la institución, que habían ameritado desde 1979 la integración de una comisión investigadora del Banco de la República (que hacía algunas contribuciones económicas al FINC) y cuyas recomendaciones finales jamás, en opinión de la parte acusadora, fueron puestas en marcha por el director de la institución.
SE DEFIENDE EL ACUSADO
En la carta dirigida a El Tiempo el doctor Gómez González se detuvo cuidadosamente sobre cada uno de los puntos atrás enunciados. En relación con la vacuna antirrábica expresó que en cada caso en el que ésta fue aplicada se obtuvo previamente la aprobación del enfermo o de su familiar más cercano, y aunque significativamente se abstuvo de calificar la eficacia de los resultados del tratamiento, hizo énfasis en el hecho de que las conclusiones sobre el mismo fueron expuestas en varios foros internacionales y publicadas en revistas especializadas en el país.
Sobre la aplicación del Praziquantel sí fue muy claro al calificar el medicamento como especialmente valioso para salvar enfermos parasitados, según informes científicos que acerca de su empleo han publicado México, Brasil y Colombia, aclarando además que el Praziquantel fue aprobada recientemente por la comisión de drogas del Ministerio de Salud.
En relación con el rayo Laser señalá que desde 1965 se utiliza en Estados Unidos y desde hace más de diez años en el resto del mundo, por ser el mejor instrumento disponible para cortar tejidos sin necesidad de tocarlos, y para vaporizar las lesiones patológicas y reducir la pérdida sanguínea así como el tiempo operatorio.
Sobre la inyección de vitamina B-6 anotó que su uso, para el tratamiento de la esquizofrenia, no fue conocido previamente por el comité investigativo del FINC, y señaló que el caso está siendo investigado por el Tribunal de Etica Médica.
Finalmente, sobre las acusaciones de índole administrativa, que posteriormente al informe periodístico provocaron la intervención técnica y administrativa del Instituto Neurológico por orden del Ministerio de Salud Pública, el doctor Gómez González manifestó que fue la misma institución que dirige la que solicitó en 1979 la comisión investigadora del Banco de la República, y que los más graves problemas que acosan al Neurológico en el campo administrativo se deben a que no tiene rentas, no recibe donaciones y carece de aportes del presupuesto nacional.
COMIENZAN LAS REACCIONES
Tanto el pliego de acusaciones contra el médico, como su carta de descargos, fueron recibidos avidamente por la opinión pública, especialmente tratándose de un escándalo protagonizado por alguien que, como el doctor Gómez González, había sido considerado durante muchos años como una especie de prócer de la medicina colombiana y uno de los más reconocidos expertos en el campo neurológico, tanto a nivel nacional como latinoamericano.
En general, las reacciones que ha logrado despertar la controversia se han manejado con extremada prudencia. Incluso se llegó a rumorar, ventilada la primera parte del informe de la Unidad Investigativa de El Tiempo, que no se publicaría la segunda por la extraordinaria magnitud de su impacto, pero el informe, finalmente, se publicó en su totalidad.
Escasos días más tarde, dos conocidas columnistas de El Tiempo se pronunciaban en defensa del médico y del Instituto. Tanto Fémina como Lucy Nieto de Samper consideraron injusto el juicio que la UI estaba haciendo sobre la trayectoria del Instituto Neurológico, destacando el hecho de que en los informes no se había hecho mención de sus múltiples aportes en el campo de la medicina colombiana.
Incluso el Ministro de Salud, Jorge García Gómez, por cuya orden se había intervenido técnica y administrativamente la institución el día anterior, manifestó a través de una cadena radial su admiración tanto por el director del FINC como por la misma institución intervenida.
Y la Academia Nacional de Medicina, en carta a los medios de comunicación, expresó su profunda preocupación por el hecho de que la prensa prejuzgue actuaciones médicas que deben ser ventiladas por las instituciones constituídas por la Ley con tal fin, como los tribunales de ética médica, y estimó como falta muy seria que "los médicos proporcionen a la prensa informaciones sobre hechos y nombres que signifiquen la violación del secreto profesional así como "los ataques, especialmente aquellos relacionados con materia técnica, que los médicos hagan de sus colegas valiéndose de la prensa periódica hablada o escrita".
Se supone que de estas dos últimas alusiones de la Academia, la primera pudo ir dirigida contra el médico Pablo Lorenzana, destituido un tiempo antes del Instituto, quien habría colocado la primera piedra de este escándalo al denunciar el Neurológico ante el ministerio de Salud, y al haber entregado posteriormente información a la Unidad Investigativa de "El Tiempo". Pero la alusión de la Academia contra los médicos que atacan a sus colegas a través de la prensa en asuntos considerados técnicos o científicos pudo haber ido dirigida contra galenos que manifestaron directamente su opinión, a solicitud de los periodistas, en relación con algunas de las acusaciones elevadas contra Gómez González, entre ello los doctores Salomón Hakim, Gabriel Toro, Jaime Unda, presidente de la Sociedad Colombiana de Neurología Alejandro Jiménez Arango, sub director científico del Hospital Militar.
Pero independientemente de la controversia sobre ética médica que ha desencadenado el caso, también ha quedado sobre el tapete una delicada discusión de ética periodistica.
Los dos informes de la UI, como el todos los casos anteriores, daban la impresión de estar respaldados por una esmerada investigación de la que precisamente pudieron deducirse lo graves cargos contra el doctor Gómez y ello enfrentaba automáticamente; los autores del informe con un difícil dilema: mantener en secreto las acusaciones contra el director del Instituto para proteger de esta manera su idoneidad profesional mientras un tribunal de ética médica se pronunciaba sobre el caso, o ponerlas en conocimiento de la opinión pública asumiendo la responsabilidad de los perjuicios que ello ocasionará sobre su buen nombre profesional y la credibilidad que inspira en sus pacientes.
En el campo de la medicina, sin embargo, el mas ligero rumor puede truncar definitivamente la carrera de un médico. De ahí que la Academia hubiera sido tan enfática en señalar la incoveniencia de que casos de esta naturaleza se ventilen en la prensa antes de haber sido juzgados científicamente por el respectivo tribunal ético.
Pero lo que puede deducirse de la hasta ahora acontecido es que el escándalo provocado por los informes de la Unidad Investigativa de "El Tiempo" ha adquirido, desde ya, repercusiones irreversibles. -

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