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| 11/16/2002 12:00:00 AM

Yo confieso

Víctor Patiño sería extraditado esta semana. Decidió negociar con Estados Unidos y contar todo lo que sabe a cambio de una rebaja de pena. Ventilador a la vista.

El narcotraficante Victor Patiño no tuvo otra salida que pedirles ayuda a los hombres que durante mucho tiempo consideró sus peores enemigos: los agentes de la DEA. Durante este año el capo sostuvo dos reuniones con los funcionarios de la agencia antidrogas acantonados en la embajada de Estados Unidos en Bogotá. El resultado de esos dos encuentros promovidos por Patiño no sólo han dejado sorprendida a la misma DEA y a las altas esferas judiciales estadounidenses sino que seguramente terminará desatando un escándalo de incalculables proporciones en Colombia.

La historia de las reuniones entre Patiño Fómeque y la DEA comenzó hace siete meses, el 9 de abril de este año, cuando el narcotraficante les propuso a dos agentes de la DEA un encuentro en un hotel al norte de Bogotá. Cuando terminó esa reunión fue capturado por las autoridades y desde ese día se le inició un proceso de extradición para juzgarlo en Estados Unidos.

La segunda reunión ocurrió hace pocas semanas. Nuevamente por solicitud de Patiño dos agentes de la DEA lo visitaron, pero esta vez en la cárcel. Patiño Fómeque les dijo que quería colaborar, confesando todo lo que sabe, a cambio de una rebaja de la condena que le imponga el juez de la Florida que lo requiere.

La noticia le cayó de perlas al gobierno de Alvaro Uribe. La extradición de Víctor Patiño Fómeque, lo más expedita posible, le serviría para amortiguar el duro golpe que sufrió con la libertad de Gilberto Rodríguez Orejuela y se quitaría un peso de encima debido a las continuas amenazas de muerte que ha recibido Patiño dentro de la cárcel.

Según pudo confirmar SEMANA el propio gobierno les pidió a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia agilizar el proceso para aprobar su extradición. De ser así, el confeso narcotraficante estaría a punto de ser llevado al tribunal del sur de la Florida para ser juzgado por los delitos de concierto para importar cocaína y heroína y por lavado de millones de dólares producto de los negocios que hizo entre el 17 de diciembre de 1997 y el 19 julio de 2001.

La justicia estadounidense tiene pruebas de que Patiño continuó delinquiendo desde la prisión y eso, frente a la ley colombiana, fue lo que permitió que lo solicitaran en extradición.

El primer encuentro

La primera vez que el capo se reunió con dos agentes de la DEA fue el 9 de abril de este año en un hotel al norte de Bogotá. Patiño Fómeque gozaba desde hacía ocho meses de libertad condicional, el mismo beneficio al que se acogió Gilberto Rodríguez Orejuela recientemente. En esa oportunidad Patiño les dijo a los agentes que quería limpiar su hoja de vida en Estados Unidos y gozar de una vida más tranquila junto con su familia. Pero que para lograrlo necesitaba la ayuda de la embajada de ese país.

A Patiño le preocupaba que, aunque ya tenía arreglada su situación con la justicia colombiana, que lo condenó a 12 años de prisión, su nombre aparecía en la lista de traficantes del mundo que tiene el Departamento del Tesoro estadounidense: "El capo de la droga del cartel colombiano, Víctor Patiño Fómeque, maneja operaciones marítimas de contrabando de drogas ilícitas, desde el puerto de Buenaventura, sobre el Pacífico colombiano. Además del capo de la droga, a tres empresas y 26 personas que trabajan con él, se les prohíbe hacer negocios y transacciones financieras en Estados Unidos", dice el informe de la investigación de la DEA que conoció SEMANA.

Sobre este tema habló Patiño con la DEA a puerta cerrada en un salón reservado del hotel. La reunión comenzó mal para Patiño pero bien para la DEA. Les negó cualquier participación en el tráfico de narcóticos desde que se entregó a las autoridades en 1995 pero luego de unas horas prendió el ventilador.

Comenzó a contarles la vida y negocios de otros narcotraficantes a quienes él conocía al dedillo. Les dijo que tuvo que sobornar a oficiales públicos mientras estaba en el negocio de la droga o de lo contrario eso no funcionaría y que, peor aún, continuaba pagándolos. "Mi abogado, José Orlando Espejo-Barona, se encarga de los sobornos de la Fiscalía, mientras que un antiguo coronel de la Policía, Danilo González, se encarga de los sobornos que se pagan a la Policía", sostuvo Patiño Fómeque. Les dio los nombres de quienes conformaban su organización y de la gente que tenía infiltrada en la Fiscalía, en la Policía y en la Armada. Les explicó cómo era el control que él tenía en los puertos de Buenaventura y Tumaco para el envío de cargamentos de narcóticos a través de toda una flota de navíos, en donde ningún narcotraficante podía sacar un gramo de cocaína sin su permiso.

También les habló de la infiltración de su negocio en la política y cómo financió las campañas que culminaron con el famoso proceso 8.000. La charla-confesión era cada vez más intensa y eran tantos los detalles que el capo les daba a los dos agentes de la DEA que difícilmente podían captar la cantidad de nombres involucrados con su organización. Pero los agentes estaban tranquilos porque todo se estaba grabando sin que Patiño Fómeque se diera cuenta. "Hay un coronel que trabajó en inteligencia militar de la Armada Nacional, era uno de mis informantes a sueldo que aceptaba sobornos en forma sucesiva a través de su esposa". Y reveló los nombres.

La conversación fue todo un éxito para la justicia estadounidense pero a Patiño le cayó como un baldado de agua fría. No sabía que varios miembros del CTI de la Fiscalía y del Bloque de Búsqueda del Ejército lo esperaban en las afueras del hotel con una orden de captura. Frente a los ojos de los dos agentes de la DEA Patiño regresó de nuevo a la cárcel, en la que había permanecido seis años purgando una condena de 12 por delitos de narcotráfico cometidos antes del 17 de diciembre de 1997. Pero esta vez el tribunal del distrito sur de la Florida lo solicitaba en extradición por seguir enviando, detrás de las rejas, cocaína y heroína al país del norte.

Por eso el jurado federal, reunido en Fort Lauderdale, Florida, después de escuchar las grabaciones y de conocerlo a través de cinco videos de VHS grabados clandestinamente, no lo pensó dos veces para solicitar su extradición.

Todas estas pruebas fueron entregadas al gran jurado por la DEA. Por eso la estrategia con el capo tenía que ser diferente. La información que Patiño está dispuesto a darle ahora a la justicia estadounidense no puede ser la misma que le suministro a la DEA en su primera charla en el hotel. Patiño lo pensó dos veces y durante el segundo encuentro con los hombres de la DEA que fueron a la cárcel no dudó en decirles que la nueva información que estaría dispuesto a entregar era, incluso, más valiosa que lo que había contado durante la primera cita. Les contó algunas cosas y mencionó varios nombres nuevos. Ese anticipo de información fue más que suficiente para que los agentes se dieran cuenta de que las nuevas revelaciones de Patiño serán una bomba. "Estas nuevas acusaciones prenderán el ventilador por segunda vez y más de uno, que de algún modo ha estado involucrado en sus negocios ilícitos, comenzará a temblar", le dijo a SEMANA una fuente que pidió mantener su nombre en reserva.

Testigo clave

Pero a Patiño Fómeque no fue al único que grabaron. El testimonio de Carlos Hernando Maya, su mano derecha, está en 10 cintas magnetofónicas y seis casetes de VHS. Maya le dio a la DEA los nombres de abogados, sicarios, cargadores, transportadores, capitanes de barcos y distribuidores que empleaban. "La información de Maya es una de las más completas que ha tenido la DEA en contra de un capo de la droga", dijo uno de los oficiales del Ejército que grabó un fragmento de este testimonio.

Una buena parte de la prueba documental que hoy existe en contra de la organización de Patiño fue lograda por el Ejército. Cuando Maya fue arrestado, el 30 de septiembre de 1999, solicitó una reunión con un agente de la DEA, a quien le dijo que estaba interesado en cooperar, pero no con las autoridades colombianas porque no confiaba en ellas. El agente federal le aseguró que los miembros del comando especial del Ejército eran de confiar y Maya accedió a ser trasladado a las instalaciones del comando en Cali. Mientras estuvo custodiado por varios oficiales el Ejército también grabó secretamente en video una reunión en la que Maya habló de las actividades de Juan Carlos Ramírez Abadía, alias 'Chupeta'; de Luis Alfonso Ocampo Fómeque, alias 'Tocayo', y entregó las fotocopias de dos cheques por 100 millones de pesos cada uno que él mismo giró a una campaña presidencial.

Al observar el video se notó a Maya muy ansioso por entregar toda la información que tiene. "Maya estaba proporcionando tanta información, con tanta rapidez, que los investigadores colombianos y los fiscales encontraban que era difícil mantenerse al paso", dijo el agente de la DEA que investigó su caso.

El Ejército y la Fiscalía grabaron todas las reuniones que se realizaron con él durante los meses de octubre, noviembre y diciembre de 1999 y algunas que se llevaron a cabo en los dos primeros meses de 2000.

Esas no eran las únicas pruebas que tenían las autoridades colombianas para darle al gobierno de Estados Unidos. El mismo Maya entregó cintas grabadas, fotografías y documentos e informó que un hombre, a quien le decían 'El Profesor', le hacía a Patiño trabajos de espionaje en organizaciones de seguridad como la Policía, la Fiscalía y personal de la embajada norteamericana. Para corroborar lo que decía le entregó a la DEA cuatro cintas que contenían las conversaciones interceptadas a personal de la embajada de Estados Unidos en Bogotá.

También proporcionó un informe de contabilidad detallado, consignaciones, cheques y documentos falsos de bienes raíces con todos los nombres de los testaferros de Patiño Fómeque. Por ejemplo, aportó tres hojas con nombres del personal de la Policía que recibió dinero. Fotocopias de 300 cheques girados, entre otros, a un político cartagenero, a uno bogotano, a un concejal y a un aspirante a la Alcaldía de Cali, a quienes se les giraba, aun hasta principios de 2000, entre 30 millones y 50 millones de pesos mensuales. Entregó copia de la escritura de un apartamento en Cartagena y de un yate que se le regaló a un político de la Costa y las pruebas del aporte de 3.000 millones de pesos que le hizo Patiño a la campaña presidencial de Ernesto Samper a través de Santiago Medina. La información de Maya comprometió a varios funcionarios de las cárceles de Buga y Cali, en las que, según Maya, tenía a varias personas a sueldo cuyos montos oscilaban entre 300.000 (para los guardianes) hasta dos millones de pesos (para cargos directivos).

Pero la historia de Maya terminó muy mal. Rogó y suplicó para que lo protegieran después de haber proporcionado toda la información. En octubre del año pasado sufrió un ataque de nervios y fue trasladado a una clínica de Cali. Ese mismo día fue asesinado. Por la calidad de la información que tiene y que entregará Patiño a la justicia estadounidense es muy posible que él no corra esa misma suerte.

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