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| 10/30/2008 12:00:00 AM

Luz Marina Bustos, nueva generala de la República

Una junta de generales de la Policía acaba de aprobar que la directora administrativa de la institución, sea ascendida a brigadier general de la República. Ella será la primera mujer en Colombia en llevar un sol, y una de las pocas en el mundo en ostentar el cargo.

Luz Marina Bustos, nueva generala de la República Generala Luz Marina Bustos, primera generala de la República.
Una decisión histórica acaba de tomar la Policía Nacional de Colombia: por primera vez, una mujer será general de la República y ocupará uno de los ocho cupos que había para 25 oficiales. Se trata de la coronel Luz Marina Bustos Castañeda, actual directora administrativa de la institución.

Los otros coroneles que fueron llamados para generales son Francisco Patiño Fonseca
Yesid Vázquez Prada, Jorge Hernando Nieto Rojas, José Roberto León Riaño,
Julio César Santoyo Velasco, Miguel Ángel Bojacá, Ricardo Restrepo Londoño, Jorge Miguel Gutiérrez y César Augusto Pinzón Arana.

La coronel Bustos tiene mando, tiene tres décadas de carrera, tiene carácter y, además, tiene falda. Así la describió Gustavo Gómez cuando hace un mes la pasó a “La Guillotina” para hablar con ella de su historia. Esto fue lo que le respondió:

GUSTAVO GÓMEZ: ¿Está plenamente consciente de que será la primera mujer general de este país?
LUZ MARINA BUSTOS: Es una expectativa que miro con muchísimo optimismo.

G.G.: ¿Cuántas coroneles hay en la Policía?
L.M.B.: Coroneles full, somos cuatro.

G.G.: ¿Y cuántas mujeres generales conoce?
L.M.B.: Una de la policía de Nicaragua, ex combatiente, con un proceso de ascenso bien diferente al nuestro, y sé que el presidente Bush nombró hace poco una en el Ejército, la general Dunwoody. No es común en el mundo y nunca hemos tenido una en Colombia.

G.G.: ¿Cuándo se sabrá si usted será la primera?
L.M.B.: El 30 de octubre se reúne una junta preasesora, de la que hacen parte todos los señores generales, y su decisión se somete al presidente de la junta, el ministro Juan Manuel Santos. Él tiene la última palabra.

G.G.: ¿Son muchos aspirantes?
L.M.B.: Veinticinco hombres y yo. La junta puede tomarse el tiempo que considere prudencial, pero generalmente la preasesora concluye y al día siguiente hay reunión con el Ministro y se hace pública la decisión.

G.G.: Si no la llaman a curso de general, ¿tiene que retirarse de la Policía?
L.M.B.: Uno puede solicitar continuar un tiempo complementario, unos cinco años, o retirarse.

G.G.: ¿En la remota posibilidad de que no la llamen a curso, ¿se va o se queda?
L.M.B.: Al día siguiente presentaría mi solicitud de retiro. Me iría satisfecha, enamorada de la Policía, pero me iría.

G.G.: Hace 28 años entró a la Policía, en una época en que casi ninguna mujer llevaba el uniforme. ¿Por qué lo hizo?
L.M.B.: Había pensado en la Fuerza Aérea, soñaba con ser piloto, y también se me pasó por la cabeza la Armada, pero un amigo de la casa me dijo que por primera vez iban a incorporar mujeres oficiales de carrera, en las mismas condiciones que los hombres, y me llené de ánimo.

G.G.: ¿Y estaba todo bien preparado para la llegada de mujeres a la Policía?
L.M.B.: La Escuela, sí. Había, como usted entenderá, mucha expectativa por la llegada de muchachitas de 18 y 19 años… Incluso nos tenían una casa exclusivamente para nosotras, amoblada, muy diferente a los alojamientos masculinos. El golpe vino cuando egresamos como oficiales y llegamos a las diferentes unidades en todo el país: descubrieron que se necesitaban habitaciones y baños para las damas…

G.G.: ¿Cuántas mujeres entraron?
L.M.B.: Nos presentamos unas 650 y seleccionaron 14. De esas egresamos siete y sólo quedo yo.

G.G.: ¿Qué pasó con las otras?
L.M.B.: Todas dedicadas a sus cosas personales. Hablo mucho con dos de ellas, Gladys Guevara, coronel retirada, y Adriana Lopera, que se retiró como teniente.

G.G.: En el tarjetero del uniforme de ustedes, las mujeres de la Policía, está el nombre, pero en el de los hombres el apellido. ¿No es un poco discriminatorio?
L.M.B.: No sé… todos deberíamos llevar el nombre, porque eso genera una mejor relación de comunicación y confianza, muy a tono con la naturaleza civilista de la Policía.
G.G.: Veo su oficina algo ‘pelada’, y le reconozco un prejuicio masculino: como usted es mujer, esperé encontrar esto lleno de portarretratos, de adornos, de porcelanas, de cositas…
L.M.B.: Usamos, como en cualquier oficina de la Dirección General, lo necesario, lo institucional.

G.G.: En las paredes sólo tiene una foto, la del presidente Álvaro Uribe. Una hermana suya es muy cercana a él. ¿Qué tanto?
L.M.B.: Mi hermana Betsy trabaja en Palacio, fue edecán del Presidente, y hoy es parte de su esquema de seguridad. Es teniente coronel de la Policía.

G.G.: ¿Betsy la admira?
L.M.B.: La verdad, no sé si me admira o no.

G.G.: ¿Y usted a ella?
L.M.B.: Profundamente. Mi amor por ella es infinito.

G.G.: ¿Cuál ha sido su momento más duro en la Policía?
L.M.B.: Cuando asesinaron al mayor José Luis Ramírez Ceballos, el piloto con más antigüedad en antinarcóticos. La guerrilla derribó su helicóptero, y fue duro por la cercanía que tenía con él, con su esposa, con sus hijos. La muerte de un policía es dolorosa, de cualquier policía, pero esa la sentí muchísimo.

G.G.: ¿Es mamá?
L.M.B.: Tengo tres hijos: Óscar Iván de 21 años, Rafael de 17 y Julián David de 10.

G.G.: Sólo hombres… ¡en casa ya es general!
L.M.B.: Allá me siento como en la institución, porque aquí también las mujeres estamos rodeadas por muchos hombres. Sólo el 5,1 por ciento de los policías son mujeres.

G.G.: ¿Qué hace su esposo?
L.M.B.: Rafael es coronel en uso de buen retiro.

G.G.: Lo que todas las mujeres han soñado: usted muy pronto será la superior de su marido y le dará órdenes.
L.M.B.: El amor no sabe de jerarquías, Gustavo.

G.G.: ¿Se conocieron en la Policía?
L.M.B.: Sí, él era teniente y yo subteniente. Nos casamos en 1984, a los ocho días de que él ascendiera a capitán y yo a teniente.

G.G.: ¿Es difícil estar casada con un policía?
L.M.B.: No, aparte de que en la institución se mira como algo natural la atracción entre personas que comparten el trabajo, es un apoyo, porque entiende cosas que sólo experimenta quien también es policía. Él tuvo momentos delicados, y yo entendía; estuvo en antinarcóticos, en Puerto Asís y en años especialmente complicados fue comandante de Policía en Santander. Nos veíamos cada 20 días, cada mes. Con todo, ahí están nuestros tres hijos.

G.G.: ¿Usted ha sido la única mujer comandante de la Policía de Bogotá?
L.M.B.: ¡Hombre, no diga eso! Lo que pasa es que un 8 de marzo, Día de la Mujer, como algo simbólico me nombraron comandante por 24 horas. Pero no se ponga ahora a decir que fui comandante porque no fui.

G.G.: ¿Y qué hacía mientras tanto el comandante de ese entonces, el general Luis Alberto Gómez?
L.M.B.: ¡Se dedicaba a estar pendiente de la comandante encargada!

G.G.: Como está usted hoy muy pendiente de los dineros de la Policía. En su calidad de directora administrativa y financiera, ¿cuánta plata maneja, coronel?
L.M.B.: El presupuesto de la Policía está sobre cuatro billones 400.000 millones.

G.G.: ¿Qué fue lo último que compró?
L.M.B.: Estamos en un proceso de compras. Compra de equipo antimotines, de armamento, de parque automotor...

G.G.: ¿Recuerda el día en que por primera vez un hombre no cumplió a cabalidad una orden suya por ser mujer?
L.M.B.: Ese día nunca lo he vivido.

G.G.: ¿Usted es temperamental?
L.M.B.: Soy exigente, pero flexible cuando corresponde. Soy estricta pero no malgeniada. El tono de voz no me ayuda mucho, pero no me considero una persona sicorrígida.

G.G.: ¿Le dolió cuando ‘Cambio’ le dio portada a la supuesta soledad del general Óscar Naranjo?
L.M.B.: Cuando uno lee un artículo de esos uno dice, por Dios, están totalmente desenfocados. Esa no es la realidad. Un artículo muy pobre de contenido, e ignoro que trasfondo haya tenido.

G.G.: ¿Anda armada?
L.M.B.: Uso la pistola de dotación, una Zig Sauer.

G.G.: ¿Cómo estamos de puntería?
L.M.B.: ¡Muy bien!

G.G.: Por eso le va a pegar al generalato… Última pregunta: ¿ha jugado alguna vez a ‘la generala’, con los dados?
L.M.B.: No.

G.G.: Mejor: usted para generala no necesita del azar. Va a serlo con toda seguridad.
L.M.B.: La respuesta sería muy comprometedora. Digamos más bien que Dios proveerá.

G.G.: Y Santos, y Naranjo y los otros generales…
L.M.B.: Le repito: Dios proveerá.

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