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Así será el mundo cuando China sea potencia mundial

Por: David Castrillón Kerrigan

Con grandes beneficios para la humanidad. Esa es la principal consecuencia que según nuestro invitado ha traído el despertar de China. Aquí nos explica los cambios que llegaron con él y lo que permanecerá igual.


China es como un gigante que duerme; déjenla dormir porque cuando despierte el mundo se estremecerá”. La frase es de Napoleón Bonaparte. La dijo desde su exilio en Santa Elena cuando el británico Lord Amherst le comentó la posibilidad de abrir el lucrativo mercado chino por la fuerza. No había tenido éxito en la misión diplomática de la que hasta ahora regresaba y pensó que esa sería la mejor estrategia para seguir adelante con el objetivo que se había fijado su corte.

Esta historia pertenece a una larga lista de profecías que, por siglos, se han contado alrededor del rejuvenecimiento de China y hoy, finalmente, se están cumpliendo. China es la segunda economía del mundo y sus esfuerzos están dirigidos a 2049, cuando espera consolidarse como un gran país moderno y socialista, próspero, fuerte, democrático, culturalmente avanzado, armonioso y hermoso.

La pregunta en relación con el despertar chino ahora gira en torno a lo que hará, a cuáles serán las implicaciones en el orden internacional de ese gigante despierto. Las declaraciones y acciones del gobierno chino apuntan a que habrá tanto continuidades como cambios. Continuidades porque el mundo chino del futuro no será muy diferente al nuestro en la medida en que China aboga por mantener su carácter abierto y multilateral.

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Este compromiso fue reconocido el pasado mes de abril por el secretario general de la ONU, António Guterrez, quien calificó a China como “un pilar central del multilateralismo”. Es de esperar que ese compromiso se mantenga intacto ya que Beijing reconoce que el desarrollo y los intereses de seguridad del país están estrechamente ligados a los del resto del mundo.

El despertar del gigante asiático también estará acompañado de cambios. China no pretende seguir el camino de los grandes poderes del pasado. Por el contrario, quiere trabajar con otros para hacer ajustes al orden existente y así construir un mundo más justo y representativo. Dos conceptos centrales y entrelazados guían su comportamiento. El primero es el de un nuevo tipo de relaciones internacionales con una cooperación gana-gana. Por medio de este concepto se busca superar la mentalidad de desconfianza que prevalece entre los Estados, adoptando una nueva actitud que motive la cooperación mutua y el desarrollo conjunto.

El segundo concepto es el de construcción de una comunidad de destino compartido. Este concibe al mundo como una aldea de naciones en la que todos sus miembros trabajan para lograr ciertas aspiraciones comunes como la prosperidad, la felicidad y la armonía con el medioambiente. A pesar de que esta visión promueve una noción de comunidad global, no busca una homogeneización o imposición de modelos de vida; por el contrario, promueve el respeto a la diferencia, creando las condiciones para que las civilizaciones puedan dialogar entre sí al tiempo que siguen su propio camino.

Por tratarse de un proyecto a largo plazo, China busca empezar con una comunidad de intereses y responsabilidades compartidos. La iniciativa de la Franja y la Ruta, por ejemplo, cumple un rol central en la construcción de esta comunidad inicial, lo que promueve una mayor interdependencia en materia de políticas, infraestructura, comercio, capitales y nuevas conectividades entre personas y pueblos.

Hace un poco más de 200 años, Napoleón habló de China como un gigante que al despertar estremecería el mundo. Si los conceptos chinos antes mencionados se hacen realidad, el temblor será menos traumático de lo esperado. En realidad, será un sacudón con grandes beneficios para la humanidad.

*Docente-investigador del Observatorio de Análisis de Sistemas Internacionales de la Universidad Externado de Colombia.