FESTIVALES

Noches de cine latino

El próximo 25 de febrero se inicia el Festival de Cine de Cartagena. En su aniversario número 50, el festival más antiguo de su tipo en América Latina recupera el brillo por el cual alguna vez fue el más importante de la región.

GoogleSiga todas las noticias de la cultura en Discover, manténgase al día con las novedades

19 de febrero de 2010, 7:00 p. m.
El Festival de Cine de Cartagena no es el m ás antiguo en América Latina, el de La Habana se inició cinco años antes. Sin embargo, sí es el que más ediciones ha tenido, pues el cubano dejó de celebrarse durante 10 años
El Festival de Cine de Cartagena no es el m ás antiguo en América Latina, el de La Habana se inició cinco años antes. Sin embargo, sí es el que más ediciones ha tenido, pues el cubano dejó de celebrarse durante 10 años

Desde finales de los noventa no era raro oír en los corrillos de cinéfilos que el Festival de Cine de Cartagena "no es lo que era antes": un festival que compitió con el de La Habana por el puesto del más importante del continente a finales de los sesenta, que era una ventana para la naciente cinematografía latinoamericana de los años setenta, y que en los ochenta vio sus años dorados. Lejos habían quedado las épocas en que directores tan exquisitos como Bernardo Bertolucci y R. W. Fassbinder visitaban la ciudad, en que promesas jóvenes como un Jack Nicholson a finales de los 70 venían a promocionar sus primeros logros y que las actrices europeas se pavoneaban topless por las playas de La Heroica junto a Amparo Grisales. Durante muchos años se oía decir que al festival le faltaba un gerente y no cesaban las quejas por la falta de organización.

Pero lo que más irritaba a los cinéfilos era que el festival carecía de identidad. Si su primer objetivo era mostrar el panorama del cine de la región, nadie se explicaba por qué en 2008, el país invitado había sido Francia y se le había hecho un homenaje a François Truffaut, un director no sólo extranjero sino que estaba muerto. Y si el invitado era iberoamericano, como en 2007, cuando le tocó el honor a Cuba, la situación no era muy distinta. Las películas de la muestra no eran recientes y brillaban por su mala producción. En palabras de Samuel Castro, editor de la revista de cine Ochoymedio en Medellín, "parecía como si se hubieran ido a esculcar el sótano del consulado a ver qué encontraban".

El año pasado, sin embargo, el festival sorprendió a los críticos jóvenes, incluso a los más escépticos."La intención de mostrar lo mejor del cine iberoamericano ha mejorado", dice Francisco Escobar, quien cubría cine para la revista Arcadia. "La programación del año pasado, por ejemplo, dejó ver que sí había un cine latinoamericano; se vio que sí hay cine de autor en América Latina". Películas como La Nana, en la que debutó como director el chileno Sebastián Silva, y Lake Tahoe, del mexicano Fernando Eimbcke, estaban en competencia -ambas harían su recorrido por festivales como Sundance, Biarritz, Huelva, Guadalajara y La Habana-. La muestra incluyó Liverpool, la más reciente película de Lisandro Alonso, el niño malo del cine argentino; La mujer sin cabeza, de la argentina Lucrecia Martel, una de las opcionadas para la Palma de Oro en 2008, y la chilena Tony Manero, de Pablo Larrain, que generó gran expectativa en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara, el más importante de la región. Por si fuera poco, los asistentes pudieron ver el Che (que llegaría a las salas de cine del país meses después) y Benicio del Toro, la primera estrella de Hollywood en pisar La Heroica en años, caminó por la alfombra roja del Teatro Heredia.

Este año la tendencia se mantiene. Tres de las cinco nominadas a Mejor película extranjera en los Óscar de 2010 se podrán ver en distintas secciones del Festival: El secreto de sus ojos, del argentino Juan José Campanella, hace parte de la Competencia Oficial de Cine Iberoamericano; y La cinta blanca, del australiano Michael Haneke, el director de La pianista, y Un profeta, del belga Jacques Audiard, ganadora del Gran Premio del Juarado en Cannes, hacen parte de la Muestra de Cine Internacional. Celda 211, de Daniel Monzón, que resultó ser la Mejor Película en los Goya hace dos semanas, también está en competencia y, junto a ella, destacan títulos como la colombiana El vuelco del cangrejo, que fue aplaudida el pasado 14 de febrero en el Festival de Cine de Berlín; Viaje redondo, del mexicano Gerardo Tort, que compitió y ganó el año pasado en Guadalajara, y la coproducción Contracorriente, del peruano Javier Fuentes León, nominada en San Sebastián y Sundance, donde ganó. Según Sergio Ramírez, crítico de cine y editor cultural de la revista Gente, la de este año es "una programación actual, pertinente, que está en concordancia con lo que está sucediendo en el cine latinoamericano. Desde el año pasado se nota que por lo menos estamos en sintonía con lo que está sucediendo con los demás festivales del mundo".

Para muchos los cambios que ha tenido el festival tienen nombre propio: Orlando Mora y Mónica Wagenberg, los encargados de la programación desde hace dos años, después de la muerte de don Víctor Nieto, fundador del festival. Además de ser cinéfilos reconocidos -hasta hace dos años Mora fue el crítico de cine del diario El Colombiano y es para muchos "uno de los pocos críticos serios de cine en el país"-, ambos son conocedores de los circuitos de festivales en todo el mundo. Wagenberg es asesora del Festival de Cine de Miami y directora del Festival Latin Wave de Houston y el año pasado Mora fue a Guadalajara, Cannes, Ouesca, Granada, Lima, Toronto y San Sebastián en busca de las mejores y más recientes películas que se estaban produciendo en la región.

Desde su llegada, las reglas de selección se han afinado. Todas las películas que hacen parte de la competencia deben ser estreno nacional y tienen que haber sido producidas el año del certamen o el anterior. Por eso, a diferencia de años anteriores en que la programación dependía de la azarosa cooperación de las embajadas, cada película de la muestra actual fue seleccionada a mano: un alivio para quienes se quejaban de la falta de actualidad y la baja factura de las películas que se veían en el festival. "Esta es una lucha, película por película, haciendo negociaciones en los festivales o hablando directamente con distribuidores, dice Mora. Aquí nada nos cayó del cielo, con lo que tratamos de garantizar que quien vaya a Cartagena se haga una idea del presente del cine iberoamericano". En pocas palabras, parece que el de Cartagena vuelve a ser un festival que se da el lujo de ir a buscar lo que quiere mostrar, como dice Lina Rodríguez, su gerente, quien espera que éste se convierta en "el más importante de la región y que además de ser un punto de encuentro de espectadores sea un centro de industria".

Pero para que eso ocurra el camino es largo. El aumento de calidad de programación no sólo dejó ver que Cartagena todavía carece de escenarios propicios para mostrar estrenos y que el festival podría traer más estrellas de la talla de Benicio del Toro, como señala Ramírez. Pía Barragán, gerente de películas independientes de Cine Colombia, dice que es necesario entender la dimensión de Cartagena en comparación con otros festivales en América Latina como el de Guadalajara: "La industria mexicana es 12 veces más grande que la colombiana. Si en Colombia se estrenan 212 películas al año, como ocurrió en 2009, en México se estrenan 800". Aun así el potencial del Festival de Cine de Cartagena es grande. No sólo cuenta con la tradición y el good will que da su antigüedad y continuidad, sino que se lleva a cabo en un escenario ventajoso para este tipo de eventos, como ha quedado demostrado con el Festival de Música Clásica y el Hay. Un potencial que empieza a rescatar en su aniversario número 50.