Describir en pocas palabras el periplo vital de Alfonso López Michelsen, entre el 30 de junio de 1913 y el 11 de julio de 2007, es decir que fue un muy buen espectáculo político e intelectual. Pero manifestar eso es expresar que quien acaba de fallecer fue muchas cosas. Y eso fue.
Efectivamente, el ex presidente de la República cuyo deceso ocurrió ayer fue un académico, un humanista, un estadista que desde hace 50 años se extravió en la política. En ella se sumergió durante medio siglo y la transpiró hasta sus últimos momentos.
Alfonso López Michelsen, el hombre, por la formación que le dio su padre y la instrucción académica que desde temprana edad recibió, fue en Colombia una expresión de la perspectiva europea de la vida y del mundo.
Afirmamos que fue humanista, ¿por qué? Por su conocimiento de la historia, de la filosofía, de la economía, del derecho, de la literatura, de la ciencia política, del periodismo, de la academia, del Estado, del arte de gobernar.
La primera de las facetas de su inteligencia que salió a luz y la primer arista de su cultura que dejó conocer, fue la del catedrático universitario, siendo profesor de Derecho Constitucional en la Universidad Nacional. De ello quedó como huella legendaria su libro “La estirpe calvinista de nuestras instituciones”, agudo análisis ideológico de nuestras instituciones.
A renglón seguido dejó que se conociera al Alfonso López Michelsen literato, cuando publicó su novela “Los Elegidos”.
La tercera huella que dejó conocer fue la del periodista, cuando hizo de “La Calle”, su periódico, una trinchera de su pensamiento y se dio a conocer como exponente de la izquierda democrática, en plena guerra fría. Sus editoriales y columnas en las diversas ediciones de “La Calle”, posibilitaron que su ideario se concretara en un importante movimiento político a partir de 1960, el Movimiento Revolucionario Liberal (MRL), del que fue ideólogo, líder y exponente más destacado.
La cuarta faceta que dejó aflorar fue la del pensador y politólogo que logró volver letra escrita muchas de sus ideas sobre el Estado y la sociedad en la Reforma Constitucional de 1968.
La quinta huella fue la del político pragmático. Hizo política, conoció desde su cuna el escenario del poder, anduvo el país, palpó las fortalezas y las debilidades de su gente, fue gobernador de provincia, agudo parlamentario, canciller, estuvo en el servicio exterior, gobernante, estadista, supo tener anhelos y ambiciones políticas y fue desde concejal de pueblo hasta Presidente de la República.
No hubo episodio político colombiano entre 1960 y hoy en que no hubiera estado presente. Sabía intervenir sobre cada tema. Por eso decían que cuando López Michelsen hablaba o escribía, ponía a pensar al país, ¿por qué? Porque sabía hacerlo con agudeza y lograr que sobre sus escritos y declaraciones se hicieran todo tipo de interpretaciones.
Y escribió hasta su final, como es fiel testimonio la columna de opinión que le publicó El Tiempo tres días antes de su deceso.
Fue una inteligencia y un hombre público excepcional. Con él, se cierra tal vez la última página de los colombianos que fueron producto neto del siglo XX y expresión de lo que fue el país durante dicha centuria. Paz en su tumba.
"Se extravió en la política": Vanguardia Liberal
El diario Vanguardia Liberal de Bucaramanga, describe la labor polifacética de López: catedrática, literaria, periodistica, filosófica y política, en esta última "se perdió".
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11 de julio de 2007 a las 7:00 p. m.