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Opinión

  • | 2018/09/05 22:19

    El hundimiento de la derecha

    En sus primeros días de gobernanza el modestísimo presidente Iván Duque ha dado evidencias de que es un mero continuador. Continuador de las políticas de Juan Manuel Santos, por ejemplo.

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Mientras que Argentina y Brasil se hunden, Colombia sigue en lo mismo, tal como si Juan Manuel Santos siguiera gobernando al país pero sin la despiadada oposición del expresidente Álvaro Uribe. La reciente campaña presidencial y la recientísima consulta anticorrupción fueron momentos. Momentos que hacían pensar en que la nación tomaría nuevos aires. La puñetera y dictatorial realidad no alberga fantasías. En sus primeros días de gobernanza el modestísimo presidente Iván Duque ha dado evidencias de que es un mero continuador. Continuador de las políticas de Juan Manuel Santos, por ejemplo. No estamos ante el nacimiento de una nueva estrella en el firmamento.  

Prometeo, el favorito de Marx, le entregó el fuego a los hombres. Unas veces el fuego purifica, en otras extermina. Nerón quemó a Roma. El Reichstag fue incinerado en la época de Hitler. El atroz incendio que volvió cenizas al Museo Nacional de Rio de Janeiro pareciera una metáfora sobre la terminación de un opaco periodo político gestionado por la derecha brasileña que comenzó con el coup d’etat contra la presidenta constitucional Dilma Roussef. Michel Temer, apócrifo presidente, apenas cuenta con un vergonzoso 5 por ciento de aceptación popular en una nación con 13,7 millones de desempleados y 175 asesinatos diarios, de los cuales 14 son ejecutados por policías. El asesinato de la popular concejala de Río, Marielle Franco, hija de la favela y entregada a las causas de las mujeres negras, es una aterradora impronta de la decadencia de un país cuando es gobernado por mercachifles. Brasil vive con miedo e incertidumbre. Jair Bolsonaro, el redomado ex militar fascista que defiende en voz alta el empleo de la tortura, lo sabe y espera sacar tajada de la liza presidencial del próximo octubre.

“Basta de hambre”, reza el cartel de un manifestante en Buenos Aires. Mauricio Macri, huésped del presidente Duque, está llevando a Argentina a una situación económica turbulenta. Macri, el hombre de los negocios. Como candidato prometió riqueza. Como presidente reparte pobreza: despidos de empleados, aumento en un 500 por ciento de las tarifas de los servicios públicos, caída en picada del peso, recorte del gasto social, incremento de los impuestos. Argentina es de los mayores productores mundiales de carne, soya, trigo, ajo, maíz, aceites, limón, maní, pera, manzana y miel, pero el 30 por ciento de su población es pobre y millones padecen hambre porque no tienen ingresos para comprar alimentos. “Ver ordeñar con la boca abierta”, decía un amigo que apodaban el Pachanga.

Brasil y Argentina están gobernadas por la derecha. Todos los medios de Colombia presentaron a Duque como el candidato de la derecha. Colombia, gracias a la próspera actividad del narcotráfico, quizá nunca llegue a una situación económica extremadamente grave como la que se vive en el vecindario. El periodista Nacho Carretero, autor del polémico libro Fariña que inspiró la serie de Netflix del mismo nombre, escribió en el diario El País de España que Europa está viviendo la mayor invasión de cocaína en la historia del narcotráfico. La mayor parte de la cocaína viene de Colombia, en cuyo territorio se encuentra el 68 por ciento de los cultivos del planeta. “Es una avalancha, nunca habíamos vivido algo así” le dice un miembro de la Policía a Carretero en el puerto mediterráneo de Algeciras. Mientras el presidente Duque ordena perseguir a los marihuaneros, decenas de toneladas de cocaína producidas en Colombia oxigenan a la economía del país.

Duque, en resumidas cuentas, es un continuador. Continuador de Santos. Duque, como Santos, le da la mano a Timochenko. Duque, como Santos, se reúne con la oposición. Duque, como Santos, reconoce a Palestina. Duque, como Santos, prolonga la misión de la ONU en el proceso de paz. Duque, como Santos, nombra políticos marrulleros en el servicio exterior. Duque, como Santos, habla en “perfecto inglés” con los medios anglosajones. Duque, como Santos, una veces le dirá “Sí” al ELN y otras le dirá “No”. Duque, como Santos, nombra “frikis” en cargos irrelevantes para quedar bien con los “frikis”. Duque, como Santos, luce la camiseta de la selección absoluta de fútbol. Duque, como Santos, entregará el cargo en cuatro años. Santos, Duque…     

* Escritor y analista político
En Twitter: @Yezid_Ar_D
Blog: En el puente: a las seis es la cita

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