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Opinión

  • | 2017/12/09 22:15

    Los riesgos de la memoria

    Recientemente, el profesor Daniel Pécaut decía que uno de los mayores problemas de nuestro país es que siempre nos quedamos anclados en el pasado, recreando sus dolores y sus agravios, y que somos incapaces de construir un proyecto colectivo en torno a la nación soñada.

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De acuerdo con la experiencia internacional ha habido, desde la creación de la primera comisión de la verdad (CV), la Comisión Sábato en Argentina y su informe final ‘Nunca más’ (1984), “memorias para el agravio” y “memorias para la reconciliación”. Las primeras solo han servido para profundizar las heridas y ahondar la polarización interna. Las segundas le han ayudado a las sociedades que buscaban superar dictaduras, guerras o, en el caso de Sudáfrica, el apartheid a encontrar vías para superar el dolor causado y mirar hacia el futuro.

¿Qué tipo de memorias va a impulsar la CV que se conformó recientemente en el país? ¿Va a contribuir a cerrar las heridas o va a echarles sal? En un país tan polarizado, unos confían en la capacidad de la comisión para enrumbar a Colombia hacia la reconciliación nacional y otros creen que esta va a agravar las diferencias. El gran teórico de la guerra Carl von Clausewitz decía que “la guerra es la continuación de la política por otros medios”. Hoy se escucha aquí y allá quienes parafraseando al general prusiano sostienen que “la historia va a ser la guerra por otros medios”.

La presencia de Francisco de Roux debe ser una prenda de garantía para que esto no ocurra. Responder con ponderación y equilibrio a las preguntas clásicas de las CV: ¿qué pasó? ¿Por qué pasó? ¿Quién fue responsable? (En términos colectivos, no individuales). Y ¿cómo evitar que se repita? No es una tarea fácil. No caer en el “síndrome de la memoria selectiva”, es decir, un relato histórico desequilibrado, constituye un reto mayor.

Recientemente, el profesor Daniel Pécaut decía que uno de los mayores problemas de nuestro país es que siempre nos quedamos anclados en el pasado, recreando sus dolores y sus agravios, y que somos incapaces de construir un proyecto colectivo en torno a la nación soñada.

La creación de la propia CV es un ejemplo dramático de esta inmersión en el pasado. En el año 2007 se conformó el Grupo de Memoria Histórica en el seno de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (CNRR), el cual se transformó en el año 2011 en el Centro de Memoria Histórica (CMH), siempre bajo el liderazgo del historiador Gonzalo Sánchez. Y tras más de diez años de labores ha producido alrededor de 50 obras, además del informe global ‘Basta ya’.

Adicionalmente, en el marco de las conversaciones de paz en La Habana, se conformó la Comisión de Historia del Conflicto y sus Víctimas (CHCV), cuyo informe ‘Contribución al entendimiento del conflicto armado en Colombia’ ha circulado profusamente. No contentos con el hecho indiscutible de que Colombia ha producido ya más memoria a partir de este tipo de comisiones que cualquier otro país del mundo (basta mirar los informes de todas las Comisiones de la Verdad que han laborado solo entre seis meses y tres años), ahora se conforma la CV. ¿Tiene algún sentido? ¿Puede aportar nuevas miradas sobre el pasado o su función va a ser distinta y complementaria?

A mi modo de ver, no se pueden exagerar las expectativas. En la historia de la CV las ha habido muy malas, malas, regulares, buenas y muy buenas. Las CV de El Salvador y Guatemala dejaron un profundo saldo en rojo. Sus resultados fueron rechazados por muchos sectores sociales. En Sudáfrica, sin embargo, el resultado fue muy beneficioso.

Sería un error generar expectativas enormes. En Argentina las movilizaciones exigiendo castigo para los represores de las juntas militares que gobernaron entre 1976 y1983, lejos de parar, arrecian cada día, 35 años después de la publicación del ‘Informe Sábato’.

A mi modo de ver, la CV que se ha creado debería hacer un gran esfuerzo para escribir un relato histórico múltiple y plural que recoja voces de todos los sectores. Además, aprovechando el símil entre Francisco de Roux y Desmond Tutu (ambos líderes religiosos), debería impulsar dinámicas de perdón y reconciliación. Pero, ante todo, que sugiera cuáles son los cambios que el país requiere para que jamás el horror del pasado se vuelva a repetir. 

*Profesor e investigador.

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