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Opinión

  • | 2019/08/19 19:40

    El escolta de Galán: Santiago Cuervo Jiménez

    La agonía de Santiago fue más larga que la de Luis Carlos, peleó por su vida durante 12 días en la clínica de Cajanal. De la gravedad de sus heridas en el intestino nada supieron su esposa (que esperaba a su primera hija) ni su madre. A ninguna le permitieron verlo, no recibieron ningún parte médico, ni llamadas del alto gobierno cuando Santiago falleció.

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Santiago Cuervo Jiménez era uno de los seis escoltas con los que Luis Carlos Galán Sarmiento llegó a la tarima de Soacha en su última noche. Cuando sonaron las ráfagas de la Mini-Uzi Atlanta, Santiago cubrió a Galán con su cuerpo y recibió en el tórax una de las balas que el Cartel de Medellín disparó contra la humanidad del caudillo liberal. Herido de muerte, Santiago sacó fuerzas para alzar a Galán de la tarima y montarlo al carro.

Santiago lo presentía, sabía que sus jefes estaban desmontando el esquema de seguridad del candidato liberal, también sabía (porque se lo comentó a los otros escoltas) que no había ni avanzada, ni francotiradores de protección, ni mucho menos la unidad de contraguerrilla que debía posicionar el ejército para proteger al futuro presidente. 

La agonía de Santiago fue más larga que la de Luis Carlos, peleó por su vida durante 12 días en la clínica de Cajanal. De la gravedad de sus heridas en el intestino nada supieron su esposa (que esperaba a su primera hija) ni su madre. A ninguna le permitieron verlo, no recibieron ningún parte médico, ni llamadas del alto gobierno cuando Santiago falleció. Al magnicidio de Soacha se le sumó la indolencia y el abandono.

 
Foto:  Tomada cuenta de Twitter @CarlosF Galán      

Según consta en los expedientes judiciales, la ametralladora y las balas que mataron a Galán Sarmiento y a Cuervo Jiménez se las entregó Henry de Jesús Pérez, un jefe paramilitar del Magdalena Medio, al sicario Jaime Rueda Rocha, este a su vez las había recibido de Jacobo Torregrosa Melo, quien se sabe era un enlace de los paramilitares dentro del DAS y un narcotraficante condenado, con ese prontuario el teniente Torregrosa fue asignado como jefe de escoltas de Galán una semana antes del magnicidio. 

Santiago no sería ni el primero ni el último escolta del DAS asesinado por la complicidad de otros miembros del DAS y la fuerza pública con la mafia. En la memoria histórica de lo que fue el “Baile Rojo” con el que los servicios de inteligencia y los paramilitares se asociaron para el exterminio a la UP, hay varias páginas donde se encuentran relatos de los escoltas que se mantuvieron leales a sus protegidos y fueron víctimas anónimas del genocidio. 

Tras la muerte de Galán y Cuervo, las vidas de sus familias tomaron rumbos distintos, los primeros iniciaron un largo periplo en el exterior y desde su regreso se han concentrado en denunciar la corrupción mafiosa y revivir al Nuevo Liberalismo como una fuerza política progresista y sin clientelismos. La hija de Santiago Cuervo nació tres meses después, su viuda Olga Marina Ramírez, entró a trabajar en el DAS como secretaria para “suplir los gastos que el hogar demandaba” (El Tiempo, 30.08.1999). Paradójico y cruel, es que Olga Marina terminara trabajando sin saberlo para los mismos jefes que mataron a su esposo.

Menos paradójico es que Jacobo Torregrosa se fuera a delinquir a Medellín con el cartel, y que 29 años después siga desaparecido. La Registraduría lo declaró (sin evidencia) fallecido y eliminó su cédula, a pesar que las investigaciones posteriores muestran inconsistencia en la muerte de Torregrosa y mantienen indicios de que este reside en Venezuela bajo otra identidad. La “viuda” de Torregrosa cobra desde 2004 la pensión de su marido (SEMANA, 15.8.2015). Por estas normas tan colombianas y por tener mayor jerarquía en el DAS, la “viuda” del criminal cobra más pesos cada mes que la viuda y la hija del héroe.   

Luis Carlos Galán murió por sus ideales, por no tranzar con la mafia, su visión de Colombia sigue marcando a varias generaciones y su memoria supera a la de cualquier expresidente del siglo XX. Santiago Cuervo murió defendiendo los mismos ideales, por su lealtad y compromiso hizo el sacrificio máximo de un colombiano con su patria y su democracia. 

El osario de Santiago está a pocos metros de la tumba de Luis Carlos Galán en el Cementerio Central, quienes por estos días de aniversarios y homenajes visiten el sepulcro del gran líder y mártir, pueden también hacerle un reconocimiento a ese otro gran colombiano que fue SANTIAGO CUERVO JIMÉNEZ.

 
Foto: Jose Herchel Ruiz
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