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Opinión

  • | 2020/02/01 03:30

    En la carta de Duque a Guaidó

    Mis asesores me dijeron que acudiera a la deportación, y ya dispuse que el ministro de deportes analice la situación.

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Señor Presidente (Interino)

Juan Guaidó

Ciudad

Estimado señor presidente (interino):

Reciba un saludo afectuoso extensivo a Fabiana, la primera dama (interina) de la hermana república. Espero le haya terminado de ir bien en su viaje a Davos. Por error me traje una bolsa de chocolates que, me dice María Paula, había comprado usted en el In Bond. Mil disculpas. Se la repongo luego, porque terminé volviendo trizas la bolsa y comiéndomelos en el viaje. La dieta fue una dieta semifallida, como me lo dijo con sinceridad Nancy Patricia, mi ministra del interior. Interior, en fin, que es donde están los chocolates.

Presidente: como presidente (interino) de Colombia, escribo esta misiva para solicitar a usted la extradición inmediata de la señora Aida Merlano, junto con su pareja sentimental (la de allá, quiero decir, no la de Barranquilla) y los elementos que le incautaron, particularmente las pelucas rubias, las cuales pretendo enviar a mi amigo Maluma a modo de regalo.

La señora Merlano, como lo habrá conocido usted, cayó esta semana en Maracaibo. Es la segunda vez que cae en este año; la primera fue tras lanzarse desde la ventana del dentista para huir de un tratamiento de conductos.

Ahora ha sido capturada por la policía venezolana y requerimos su extradición para investigar sus implicaciones en la compra de votos, asunto que interesa particularmente a don Julio Gerlein; y en la compra de bótox, asunto que interesa particularmente a la propia canciller.

Hago este pedido apelando a nuestra condición de naciones hermanas, y también, Juan, porque, para serte franco, contigo es más fácil tratar este asunto que con Maduro, esa es la verdad. A quién quiero engañar. Somos amigos. Para pedir en extradición a Aida ante el Gobierno (no interino) de Maduro, me tocaría idear una estrategia muy compleja: montar un concierto en la frontera y armar un cerco diplomático para que la entregue en cuestión de horas. Y si bien la gesta de esa extradición sería comparable únicamente con la caída del Muro de Berlín, nada me asegura que, en lugar de extraditarla, Maduro le saque a la señora Merlano una cita odontológica, con las consecuencias que ello pueda tener.

Mis asesores me dijeron que acudiera a la deportación, y ya dispuse que el ministro de deportes analice la situación. No quise acudir a la Interpol porque no me pareció pertinente, y también, no te lo voy a negar, Juan, porque todavía no comprendo muy bien qué es: si trata de una aplicación o qué. Ya dispuse que el viceministro de Creatividad averigüe.

Sin embargo, requiero de una salida práctica y, como sabes, mis relaciones con los funcionarios del otro Gobierno de Venezuela son nulas.

De modo que di órdenes a la canciller Blum de que se comunicara con tu canciller (interino), en caso de que lo tengas, para proceder con los trámites de la extradición (interina) de la señora Merlano. Dios mediante avancen. La misma canciller ya extendió el mapamundi sobre la mesa de su escritorio para averiguar la localización exacta de Venezuela, y salió a buscar la sede de la embajada del Gobierno interino de Venezuela en Colombia. Desde entonces no volvimos a saber de su paradero.

Para dar celeridad al proceso, entonces, decidí autoproclamarme como gestor directo de la solicitud. Juan: por favor mándanos a la señora con los celulares y las pelucas que le agarraron. Mándala así sea por las trochas por las que, como presidente, tú mismo sales del país, por motivos de seguridad, como alguna vez me comentaste. O móntala en la parrilla de una moto y envíamela en un Rappi, y acá le pagamos al rappitendero otorgándole el Permiso Especial de Permanencia. Ella ya tiene la cachucha anaranjada.

Pasando a noticias más caseritas, te cuento que estoy feliz porque logré ubicar a mi íntimo amigo Pacho Barbosa como fiscal; de esa manera demostramos que acá, a diferencia de lo que pasa en la Venezuela de Maduro, hay separación de poderes. El Presidente Eterno me llamó esta semana y esta vez estuvo adorado. Me dijo que el que fue vicepresidente de Santos ahora va a ser nuestro amigo. Tú lo conoces. Se llama Germán. Su ingreso será como un aire fresco para el Gobierno porque él representa una nueva manera de hacer política en que uno no necesita repartir dulces para ganar gobernabilidad, ni debe saberse la talla de los crocs del jefe para ascender. Tengo nervios de su ingreso, pero nervios de los ricos.

Bueno, mi querido amigo. En esas andamos por acá. ¿Y tú? ¿Cómo van tus cosas? ¿Ya volviste a Venezuela? ¿Lograste conjurar el golpe de Estado del que me comentaste? 

Me toca dejar de escribir en este punto porque María Paula me necesita, pero te recomiendo mi pedido. Espero verte pronto para reponerte la bolsa de chocolates, porque los tuyos están en mi barriga. Son como tu Gobierno: chocolates (intestinos). 

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