Si en junio de 2022 a Iván Duque se le ocurre hablar de fraude y no reconoce la victoria de Petro en primera vuelta, el autoproclamado centro político de este país, ese que se dice equidistante de la derecha y la izquierda, le habría tildado, con toda razón, de tirano, de corrupto.
Y si Fico Gutiérrez, en contra de todos los organismos internacionales, hubiese secundado la falacia durante toda una semana, habría recibido, también con justicia, una incesante lluvia de críticas. Se lo recordarían, además, cada vez que aspirara a un cargo público.
Ante ese imposible escenario, porque Duque y Fico son verdaderos demócratas, Sergio Fajardo correría a encabezar una suerte de cruzada para recuperar los valores de la carta magna. Idéntico camino recorrerían los centristas que auparon a Petro a la presidencia y luego derramaron lágrimas de cocodrilo, supuestamente arrepentidos.
Ahora, cuando es la extrema izquierda la que patea la democracia, la que desprecia la voz de las urnas, miran para otro lado. Todo se lo perdonan porque odian tanto a la derecha que justifican cualquier maniobra que frene su ascenso.Cuando termino esta columna, Petro sigue sin reconocer el triunfo de Abelardo de la Espriella, pese a que la primera vuelta es solo una victoria de etapa; nadie ha cruzado todavía la meta, y aún su candidato podría alzarse con el triunfo final.
Lo que jamás admitirán es que Cepeda agachó la cabeza y murmuró que los suyos no encontraron irregularidades, única y exclusivamente porque lo exigió el fajardismo y otros parecidos. De ahí que su rancio y cerrado circulito comunistoide aceptara a regañadientes que necesitaban sus votos.
Les debió costar dar ese paso, convencidos, como estaban, de que tendrían presidente el 31 de mayo, que Petro los llevaría en volandas al Palacio de Nariño, sin tener que abrir la puerta a nadie ni molestarse en hacer una campaña acorde con los tiempos actuales. Todo lo más, aceptaron afeitar a Cepeda y obligarlo a vestir las camisas planchadas sin que tuviera que renunciar a su conocido modelo dictadura Mao, símbolo de admiración hacia el despiadado criminal comunista que asesinó a más de 50 millones de chinos.
Llegaron al extremo de ser tan cegatos, tanto cepedistas como centristas y algunos medios que apoyan al petrista, que se fueron lanza en ristre contra la encuestadora AtlasIntel, contratada por SEMANA, por presentar el cuadro de la realidad de un momento. Demandas, petición de sacarla del país y varias estupideces más. Demostraron estar tan alejados de la realidad, unos en Anapoima y otros encerrados en eternas discusiones ideológicas de esa ultraizquierda trasnochada, que se olvidaron del colombiano medio. El que no espera subsidios, sino trabajo, paz para desarrollar sus iniciativas y se identifica con alguien que transmite ilusión, confianza, esperanza. Mientras uno levantaba pasiones, el otro no provocaba ni un mal pensamiento.
Le sumaron el error de respaldar la constituyente, otra oferta que debieron parquear por un tiempo. Porque nadie cree que, si perdieran, no la resucitarán al día siguiente.No contentos con acumular errores de manual, se les ocurrió la infinita torpeza de intentar arrebatar la camiseta y, más adelante, su eslogan.Escuchar a Cepeda, con rostro circunspecto, tono trascendental, que tenían que prohibirle usarla, como si fuese una cuestión de Estado, máxime cuando ellos mismos la habían utilizado en comerciales, confirmó que estaba en otro planeta.
Luego, para contrarrestar a Juan Carlos Restrepo, escogió a la comunista Clara López para que arme su equipo económico. No sorprendió de un candidato que afirma la barbaridad de que el Banco de la República pague la deuda pública, es decir, imprimiendo billetes como hicieron gobiernos que arruinaron a sus países. Lo preocupante es su nulo apego al Estado de derecho.
De pronto los centristas olvidaron que la señora acudió a Venezuela en condición de observadora de las elecciones del 28 de julio de 2024 y, a su regreso, soltó esta perla: “La elección de Maduro fue transparente, el sistema es mejor que el nuestro”.
No es casual escoger a una persona que apoya dictaduras crueles y robo descarado de elecciones. Y Cepeda no improvisa, lo dejó claro en sus recorridos. Es evidente que algo trama.
Igual que Gustavo Petro. Da igual si la diferencia fuese significativa, como anota el último tracking de Atlas. Petro no la reconocerá. Azuzará la hoguera de la división y el odio, que prendió en su gobierno, para que sus huestes más salvajes salgan a incendiar las calles y gritará al universo que su heredero jamás perdió la batalla, que el pueblo los ama y que solo los robos de la oligarquía evitaron perpetuar su gobierno.
Creo que intuye que Trump no lo sacará de la Lista Clinton y le tocará aguardar al próximo presidente. Era el único freno a su espíritu tiránico y ya no existe nada que le impida darle rienda suelta. Lo demostró con su ristra de trinos disparatados en el pasado puente. Tanto como las drogas, necesita el poder.
