OPINIÓN

Diana Saray Giraldo

La desnudez del petrismo

“Una vez más antes de elecciones el presidente y su candidato buscan suavizar su imagen autoritaria para parecer demócratas”.
6 de junio de 2026 a las 7:58 a. m.

Hace cuatro años, cuando Colombia se alistaba al igual que hoy a la elección del presidente de la República, el mayor reparo que enfrentaba el entonces candidato Gustavo Petro era su talante autoritario y el miedo a que el país cambiara su modelo económico y político mediante una reforma constitucional. A medida que se acercaban las elecciones, el tono del candidato Petro se suavizó, atendió a los medios a los que era esquivo y afirmó varias veces ser un demócrata.

Cuatro años antes, en 2018, precisamente ante estos temores, el entonces senador Gustavo Petro se hizo fotografiar frente a unas tablas que asemejaban mármol, en las que estaban grabados los que serían los 10 mandamientos de su gobierno, de los que extraigo algunos: garantizar la democracia pluralista, impulsar la iniciativa privada, nombrar a los más capaces y no impulsar una Asamblea Nacional Constituyente. Hoy, con Petro presidente, quedó claro que nada de esto se respetó, y aunque la Constituyente no se convocó, siguió siendo su bandera, hasta esta semana.

La primera vuelta presidencial dejó como ganador a Abelardo de la Espriella, con 10.356.231 votos, 673.138 más que su contendor Iván Cepeda, con quien se medirá ahora en segunda vuelta.

Pero a pesar del papel impecable de la Registraduría, el presidente Gustavo Petro afirmó que habían aparecido 800.000 nuevos votantes en el censo electoral y que había irregularidades en las votaciones. El candidato Iván Cepeda hizo eco de las denuncias y aseguró que no acatarían el resultado de la primera vuelta, hasta tanto no verificaran las denuncias. Pero la ciudadanía rechazó masivamente esta posición del Gobierno y del candidato, por lo cual, al día siguiente, Cepeda tomó distancia del presidente y aseguró que, revisadas las votaciones, no había indicios de fraude.

A pesar del tardío acatamiento de los resultados electorales, el presidente Gustavo Petro insistió en la existencia de un fraude en elecciones: “Mi denuncia es que el censo electoral fue posiblemente adicionado el 26 de mayo, por eso voy a presentar los metadata de la información recogida de DIVIPOL y no entregada a los partidos”, afirmó Petro.

Hoy, tanto la Registraduría como el Consejo Nacional Electoral, la Misión de Observación Electoral y las distintas veedurías internacionales han asegurado que no existe ningún indicio de fraude en la primera vuelta presidencial.

El capítulo ha dejado claro la intención del presidente de sembrar dudas sobre el proceso electoral. Petro sabe que miente cuando denuncia un fraude que no existe. Pero mentir ha sido parte de su estrategia de gobernar. Sabe que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. Los registros de prensa hablan de más de 12 rectificaciones judiciales que ha tenido que acatar el presidente por afirmar cosas que no son ciertas. Lo ha hecho dando cifras falsas en materia de homicidios, de muertes por covid, de erradicación de hojas sembradas de coca o de deudas de las EPS, por citar solo algunos ejemplos.

A este ambiente enrarecido por el presidente se suma la narrativa digital que se empieza a mover en los más jóvenes, a través de sus reconocidos bodegueros, que aseguran cosas que igualmente son mentira, como que si gana De la Espriella van a reducir el salario mínimo o que “Vendrá un encarecimiento de la comida y, por ende, caos y movilizaciones permanentes en las calles”, como lo asegura uno de estos influencers del gobierno @CelsoTeteC. Es parte de la estrategia de sembrar el miedo. Ahora se suman las “espontáneas” marchas de jóvenes en apoyo a Iván Cepeda, que se están presentando en las calles de algunas ciudades, mientras estudiantes de la Universidad del Valle se declaran en paro indefinido. Un video publicado en redes sociales muestra cómo en Bucaramanga una líder del Pacto Histórico en la Universidad Industrial de Santander habla sobre la estrategia en segunda vuelta: “¿Qué tenemos que hacer para que esto empiece a llegar a todo el mundo? Que cada persona consiga uno o dos votos… También tenemos que meter terror”.

Al tiempo que se busca sembrar miedo, al finalizar esta semana la campaña de Iván Cepeda suavizó su discurso y quiso mostrar al candidato como alguien conciliador, al igual que lo hizo Petro hace cuatro años. Iván Cepeda y su campaña decidieron abandonar la idea de reformar la Constitución, para trabajar en un “gran acuerdo nacional”. A pesar de que hace solo un par de semanas, el presidente había publicado en su misma red social una cuenta de ahorros para recibir donaciones para impulsar la Constituyente, y que en las manifestaciones de Cepeda se recogían firmas para apoyar la iniciativa, este jueves, de forma abrupta, la campaña de Cepeda dijo que ya no irán por una nueva Constitución. Le siguió el presidente Petro: “Apoyo la determinación que el comité ciudadano por la Asamblea Nacional Constituyente ha tomado al suspender el proceso de recolección de firmas”, aseguró en su cuenta de X.

Una vez más antes de elecciones el presidente y su candidato buscan suavizar su imagen autoritaria para parecer demócratas. Pero todos sabemos que no lo son. Petro es un hombre autoritario, terco, que nunca abandonó su pensamiento rebelde de querer destruir las instituciones para refundar una patria. Y hasta este momento, sin debates ni entrevistas, Cepeda no ha sido capaz de construir una imagen propia. Solo es el reflejo de un gobierno que quiere seguir al mando.

Se acerca la segunda vuelta y con los días crece la tensión en las calles, sobre todo en los más jóvenes. El petrismo ha quedado al desnudo. Ha quedado claro que están dispuestos a mentir, a no reconocer los resultados y a alentar las manifestaciones masivas.

Por eso el llamado es a votar masivamente y que en las urnas se decida el proyecto de país que se quiere, con una diferencia de votos tal, que no haya lugar a dudas.