Desagrado me produjo el primer número de Cambio. En Colombia, país de 50 millones de habitantes, solo hay dos semanarios de actualidad, Voz, el órgano del Partido Comunista, y la revista SEMANA. Que surja un tercero es bueno para los lectores. Pero lo que hizo Cambio en su primer número me produjo desagrado. No me gusta que traten a los lectores como retrasados mentales. La nota de Patricia Lara sobre los orígenes de la revista en 1993 es maquillada y falaz. Merecía un asterisco: lectura para oligofrénicos. Se presenta a Lara como una de las fundadoras. Los verdaderos fundadores fueron Daniel Samper Pizano (DSP) y Juan Tomás de Salas, que fue en España lo que los norteamericanos llaman un media mogul, un magnate de los medios de comunicación. De periodista antifranquista que tuvo que abandonar su país y que trabajó en El Tiempo de Bogotá en los años sesenta, pasó a ser, al regresar a España en el ocaso del Generalísimo Francisco Franco, el creador del semanario Cambio16, un hit arrollador desde el punto editorial y comercial. Llegó a hacer tirajes de medio millón de ejemplares.
El número 16 se refería a los 16 inversionistas iniciales que pusieron dinero para crear el medio. DSP trabajó con él cuando por amenazas llegó a Madrid en 1987. DSP le propuso lanzar Cambio16 Colombia. De Salas dio el visto bueno, pero sugirió buscar un socio colombiano, que no fuera un conglomerado porque no quería que se pensara que tendría injerencia en el contenido. Invitaron como socia minoritaria a Patricia Lara Salive, hija única y sobrina de dos latifundistas huilenses, Rómulo y Oliverio Lara, acaudalados ganaderos del Huila y Caquetá (la hacienda Larandia) e hijos ellos de un hombre de gran fortuna, Leonidas Lara, cuya casa comercial, Leonidas Lara e hijos, fue muy conocida en el país. Patricia Lara vivía entonces en Viena, donde su marido, Alfonso Gómez Méndez, era embajador de Colombia. Sin contarle a su señora, Gómez Méndez viajó a Madrid y les pidió a Samper y a De Salas retirar la invitación. Adujo que Patricia era loca y que necesitaba ir al siquiatra varias veces a la semana. El español no cambió de opinión, pues pensó que no había riesgo ya que a cambio de la inversión solo se le daba a la socia una columna de opinión. Ese error de cálculo o de información terminó costándole mucho dinero y la pérdida de la revista. Cambio16 Colombia apareció en 1993. Poco después, DSP me pidió que yo fuera el director.
DSP dirigía la revista desde Madrid, con un director provisional en Bogotá, Darío Restrepo. Cuando se supo que Ernesto Samper sería presidente, DSP quiso desligarse del semanario. No deseaba que los ministros u otros altos funcionarios del Gobierno lo llamaran a quejarse de que en algún artículo les habían dado palo. Me pidió empezar el empalme con Restrepo y que una vez elegido el Bojote nada le consultara. Que mandara al diablo a los ministros si era necesario. Mi oficina estaba frente a la de la Chiva Cortés, el gerente. Al otro lado, en la redacción, la socia tenía su oficina. Cuando yo salía del ascensor siempre veía a alguien en la oficina de vidrios transparentes de Patricia Lara. Hablaba interminablemente con las auxiliares de contabilidad, con los redactores, con la señora de los tintos, siempre a puerta cerrada. Me parecía que Patricia Lara debía tener unos tornillos sueltos y que le faltaban algunas tuercas como para pasarse el día en esas. Era absurdo que una persona que podía vivir muy cómodamente de la renta en París estuviera perdiendo el tiempo de esa forma. Una vez me invitó a mí al conciliábulo. Quería saber qué pensaba yo de lo divino y de lo humano, en un tono de aparente confabulación entre viejos amigos. Ya la conocía por un antecedente alarmante. Yo estaba en Suiza con mi esposa en enero de 1994, en un apartamento amoblado que nos consiguió un amigo. Una madrugada sonó el teléfono fijo, no había celulares. Era Patricia Lara. Empezó a preguntarme cómo enfocaría yo como director el caso de la Señorita Amazonas, que fue noticia nacional desde fines de 1993, pues se descubrió que la reina era casada y estaba embarazada. ¡Me había llamado de Bogotá a las tres de la mañana para hacerme un examen de periodismo! Un comportamiento de persona inestable. Después me puse a pensar cuántas llamadas tuvo que hacer ella o su secretaria para localizarme, lo que implicaba primero conseguir el teléfono del amigo que nos consiguió el apartamento. Al volver a Bogotá, un día conocí a Juan Tomás de Salas. Me dijo que si para DSP yo debía ser el director, él estaba de acuerdo. No me hizo examen de periodismo.
*** Patricia Lara no cuenta que les quitó la revista a De Salas y a DSP. No menciona sus pleitos legales muy encendidos y enconados contra los verdaderos fundadores, que tuvieron la deferencia con ella de invitarla a participar en el capital social de la compañía. Fue un enfrentamiento con abogados en ambos bandos que duró bastante tiempo. Su actitud fue contenciosa y la disputa fue acre. Ahora señala que en la segunda etapa de Cambio16 Colombia “La mayoría de la empresa quedó en mis manos”. Ese maquillaje es falaz. Quedó en mis manos, como el maná que cae del cielo. No fue así. La empresa quedó en sus manos porque ella, que había sido invitada a título de socia minoritaria, se apropió de la revista. Hace 15 años, en entrevista con Melissa Serrato, Lara reconoció que con DSP “la pelea fue a muerte”, pero ahora maquilla su propia verdad. Ella echó a pique el proyecto de crear un hebdomadario cuyo modelo era una exitosa publicación europea. Creyó que la invitaron por ser periodista. No. La invitaron por su chequera. Los fundadores no se retiraron porque súbitamente se hubieran aburrido de Colombia. Juan Tomás de Salas sobrevivió a Franco, pero no a una entrometida.
Patricia Lara desmanteló el potente binomio entre DSP y Juan Tomás de Salas, el hombre que ayudó a emancipar a España de 40 años de censura franquista. Al entregarle a Patricia Lara la misión de historiadora de los medios de comunicación en Colombia, Cambio omitió contar los antecedentes. ¿Por qué nació el semanario en 1993? ¿Qué llevó a DSP a concebirlo? Ese contexto falta. La revista SEMANA de Felipe López era considerada una publicación de derecha, muy cercana al poder, y DSP y De Salas buscaban ofrecer una alternativa en que los periodistas no dormían en la misma cama con los presidentes y expresidentes. Hay muchos ósculos para García Márquez en la historia escrita por Patricia Lara, todo el mundo bebió whisky con Gabito en esta playa o en la otra. Todas esas genuflexiones al Nobel ocultan la verdad que no se les cuenta a los lectores. Esa alternativa que representaba el binomio DSP-De Salas no se fue a pique por sabotaje de la derecha, sino de una periodista de izquierda llamada Patricia Lara.
Lo que más asombro me causa de este asunto es el desplante espectacular que Daniel Coronell le hace a DSP en sus propias barbas. Coronell es el cerebro de la revista Cambio, pero al publicar la versión de Patricia Lara, que desconoce al fundador colombiano, incurre en una decisión profesional descerebrada. DSP no vive en una lejana colonia de calvos maoríes nudistas en alguna playa de Nueva Zelanda donde no se le puede contactar para preguntarle por los orígenes de Cambio. Ni se alejó hace años del mundanal ruido para recluirse en un ashram en Uttar Pradesh y leer el Ramayana y el Mahabharata recostado en una estera. Es uno de Los Danieles. ¿No saben los otros Danieles que sin DSP no habría nacido la revista? Supongo que el desplante no se cometió con premeditación y alevosía. ¿Qué falló entonces? Entronizar a Patricia Lara como fundadora de la revista es un paso en falso. Y muy desafortunado en el primer número.
Patricia Lara sí es fundadora de la revista Cambio que en formato digital acaba de lanzarse, en la cual su hijo Federico Gómez es el director y en la cual, nótese bien, no es fundador Daniel Samper Pizano, ni socio, ni columnista. Y tampoco lo sería Juan Tomás de Salas, que falleció de cáncer en 2000 a los 62 años. El azar favoreció a De Salas la primera vez que tomó contacto con Colombia. Corría el año 1962 y él era buscado por la Policía en Madrid. Ingresó a la Embajada de Colombia y pidió asilo político. El funcionario que lo atendió le contestó que en España no había perseguidos políticos. De Salas notó al vuelo que el funcionario tenía en sus manos un libro sobre los nobles de España y le dijo que él figuraba en ese libro. En efecto, él se llamaba Juan Tomás de Salas Castellano, décimo marqués de Montecastro y Llanahermosa. Verificado el dato en el libro, ya no se trataba de un revoltoso, sino de un preclaro hidalgo. El funcionario corrió a informar al embajador, que por otro azar increíble almorzaba con el director-propietario de El Tiempo, el expresidente Eduardo Santos, el cual dijo que Colombia siempre abría sus puertas a los perseguidos políticos. El embajador se limitó a asentir. De Salas vivió varios meses en la Embajada, mientras el Gobierno español expedía el salvoconducto para el viaje a Colombia. En Bogotá, Eduardo Santos lo nombró crítico de cine de El Tiempo. Unos cinco años después, De Salas se marchó a París a trabajar en France Press y luego a Londres en The Economist y en 1971 fundó Cambio16 en España. En 1993, cuando volvió a Bogotá a lanzar la revista, el presidente César Gaviria le confirió la nacionalidad colombiana. ¡Si el marqués de Montecastro y Llanahermosa le hubiera hecho caso a Alfonso Gómez Méndez!
