OPINIÓN

Carlos Fernando Galán, columnista invitado para esta edición

“Mentiroso, mezquino, patético y mal perdedor”: Claudia López

Vale la pena generar una reflexión sobre la importancia de respetar una promesa de campaña, sobre cómo debemos responder a las críticas, y, si decidimos cambiar de opinión, cómo debemos explicarlo.*
29 de noviembre de 2020 a las 4:00 a. m.

En las últimas dos semanas he tenido dos debates públicos con la alcaldesa de Bogotá por situaciones que nos deben llevar a todos a una reflexión sobre la coherencia en la política y la confianza de los ciudadanos en sus líderes políticos.

La respuesta de Claudia López a mis críticas respetuosas y sustentadas ha sido responderme con tres piedras en la mano: “Mentiroso, mentiroso, mentiroso”, me dijo cuando señalé que me preocupaba que le diera entrada en su equipo a la mano derecha de Jorge Rey; y esta última semana, cuando evidencié la incoherencia entre lo que prometió en campaña sobre el corredor de la carrera Séptima (no hacer un Transmilenio) y lo que anunció el pasado lunes (un Transmilenio, con modificaciones y cambio de color, pero un Transmilenio al fin y al cabo), su respuesta fue llamarme “patético” y “mal perdedor”.

Más que engancharme en una pelea de insultos con la alcaldesa, que genere polémica y aplausos a un lado o al otro, creo que vale la pena generar una reflexión sobre la importancia de respetar una promesa de campaña, sobre cómo debemos responder a las críticas, y, si decidimos cambiar de opinión, cómo debemos explicarlo.

Lo que se promete en campaña debe ser, en términos mockusianos, sagrado. Los candidatos deben prometer lo que pueden cumplir, y, si ganan, deben cumplir lo que prometen. Deben estudiar a fondo los temas para no plantear posiciones irresponsables, y deben mantener la consistencia entre lo que escriben en el programa de gobierno y lo que venden en medios y debates. No se puede tener un discurso escrito, formal y legal, y otro para entrevistas y debates. Eso también es una forma de engaño.

Al anunciar el proyecto del “corredor verde” para la Séptima, Claudia mostró un video de campaña, cuando apenas era precandidata, en el que prometía un corredor para buses con carril exclusivo. Sin embargo, cuando en los primeros debates le manifesté que eso era un Transmilenio mal hecho, su propuesta cambió. A partir de ese momento, su discurso fue claro y contundente: “Con Galán tendrán buses en la Séptima, conmigo habrá un metro en la Novena”. Ese discurso, ilustrado con fotos y todo, lo mantuvo hasta el día de la elección. Ahora dice que siempre habló de carril exclusivo para buses. Eso no solamente no es cierto, sino que mucha gente votó por ella por su afirmación tajante frente al tema: “Conmigo no habrá TM por la Séptima”.

Ahora bien, nadie está condenado a no cambiar de opinión sobre un tema. Sería absurdo que, ante argumentos válidos y suficientes que demuestren la equivocación, uno persista en una posición errada. Sin embargo, hay que ser honesto y frentero también cuando se cambia de opinión y no hacerlo de manera engañosa. Es más, al no aceptar su cambio de opinión, pone en riesgo el proyecto que ella misma está planteando. Con tal de no reconocerlo, puede terminar construyendo un Transmilenio mal hecho, con estaciones que no sirvan y con una capacidad insuficiente en los tramos de mayor demanda.

En el caso del debate sobre la mano derecha de Rey, puse el trino en el que la misma Claudia anunciaba que César Carrillo haría parte del “maravilloso equipo” para la concertación regional del POT. A ese trino le anexé las evidencias de la cercanía de Carrillo con Rey y las declaraciones de Claudia sobre el exgobernador: “El jefe del volteo de tierras y del cartel de los POT es el señor gobernador de Cundinamarca Jorge Rey”. La respuesta de la alcaldesa fueron varios trinos en los que me calificaba insistentemente de mentiroso, mezquino e irresponsable. Mi intención era generar una alerta, llamar la atención de la alcaldesa, pero también, y sobre todo, de su electorado para que no se cometa ese error. Una cosa es tener que coordinar con el Gobierno departamental las acciones relativas a la región metropolitana, y otra muy distinta es escoger a quien pertenece a un grupo político que la alcaldesa ha denunciado, según ella misma lo afirmó, para que haga parte del equipo principal de concertación del POT.

Pero la respuesta, ante la evidencia irrefutable, no fue corregir o aceptar, sino descalificar. La incapacidad para recibir críticas y para responder argumentando contribuye al desencanto de la política. Un político que acepta un error, o que acepta una crítica y corrige, no debe ser visto como débil o falto de carácter. Para hacer eso se necesita carácter. Los extremos son los que creen que no se equivocan nunca, que son los dueños de la verdad absoluta. Ya que se está hablando tanto del centro, creo que estos son algunos elementos que lo deberían guiar: prometer lo que se puede cumplir, cumplir lo que se promete, si se cambia de opinión, explicarlo y sustentarlo, estar abierto al debate de argumentos, dispuesto a reconocer equivocaciones y a corregir. Ese debe ser el verdadero carácter del centro.

YouTube video N2daF2hn0k0 thumbnail
YouTube video TOcDoP4_wEg thumbnail

*Por Carlos Fernando Galán, presidente del Concejo de Bogotá